Marcos Rojo jugará en Estudiantes de La Plata. Hubo varias idas y vueltas, pero finalmente el defensor deja Racing y tendrá un tercer ciclo con la camiseta del Pincha. Quien destrabó la situación fue Claudio Tapia, presidente de la AFA, que está enemistado con Juan Sebastián Verón, mandamás del club platense. Chiqui, además, tuvo más de un cruce con Diego Milito, presidente de la Academia.
La Bruja sigue en la vereda de enfrente de Tapia (sobre todo después del escándalo en la final de la Supercopa Internacional contra Rosario Central en Santiago del Estero), mientras que el Príncipe se fue acercando en los últimos meses. La cuestión es que tanto el Pincha como la Academia necesitaban un guiño para concretar el pase de Rojo y que el defensor pudiera jugar la Copa Libertadores con el conjunto de La Plata. La señal llegó y el zaguero de 36 años fue inscripto ante la Conmebol justo a tiempo, ya que el plazo cerraba este viernes a las 18.
Racing y Estudiantes tenían desde hacía varios días todo acordado de palabra. Rojo rescindiría su vínculo con la Academia y perdonaría una deuda de 200.000 dólares. Estudiantes, además, abonaría un monto por el pase y sumaría un dinero extra en caso de que el Pincha superara a Flamengo y se metiera en la final de la Libertadores. Todo estaba tan encaminado que el conjunto de Avellaneda le dio un permiso especial al futbolista para que se entrenara en La Plata.
Pero restaba el OK de Tapia. Estudiantes pretendía inscribir a Rojo en reemplazo del lesionado Gabriel Neves, quien se fracturó la muñeca izquierda hace diez días. Sin embargo, para avalar el cambio fuera de término, la AFA debía constatar que el futbolista estaría fuera de las canchas durante cuatro meses o más. El problema era que la lesión demandaría unos 90 días de recuperación, por lo que la sustitución no cumpliría con los requisitos reglamentarios. Ahí apareció la necesidad de una autorización excepcional. Y, después de varias horas de incertidumbre, llegó el visto bueno.
El propio Rojo, consciente de que podía recibir un pulgar para abajo, se contactó con Tapia y con otros directivos de la AFA. Desde La Plata aseguraban que al jugador le habían dado el visto bueno. Sin embargo, la autorización tardó en llegar.
"Estaremos expectantes hasta las 18", le habían dicho desde Racing a Clarín. La esperanza estaba viva. "Esto es un juego político", sumaron.
Tapia tenía la pelota en su poder. Y eran el opositor Verón y el crítico Milito (quien en mayo aseguró que el fútbol argentino estaba "roto" y que necesitaba una "refundación") los que aguardaban un gesto. "El reglamento es claro", les explicaron desde el predio de Ezeiza a los clubes. Pero si hay alguien que sabe cómo gambetear reglamentos, es la propia AFA. Y esta vez la gambeta terminó en gol: Rojo quedó habilitado.
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