Argentina se sumó este domingo a Estados Unidos y otras 15 naciones en la firma de una declaración internacional impulsada por el gobierno de Donald Trump para acelerar el uso de la inteligencia artificial en la investigación científica y transformar la manera en que se financia, organiza y desarrolla la ciencia.
La Casa Blanca anunció la llamada “Kyoto Vision for a Golden Age of Science” (Visión de Kioto para una Edad Dorada de la Ciencia), presentada este domingo durante la 23ª reunión anual del Science and Technology in Society Forum, que se celebra estos días en Japón.
La iniciativa fue encabezada por Michael Kratsios, director de la Oficina de Política Científica y Tecnológica de la Casa Blanca (OSTP), uno de los principales funcionarios de Trump en materia tecnológica.
La firman en total 17 países. Además de Argentina y Estados Unidos, respaldaron el documento Bulgaria, Chile, Chipre, Alemania, Grecia, Indonesia, Italia, Japón, Kazajistán, Corea del Sur, Nueva Zelanda, Polonia, Singapur, Emiratos Árabes Unidos y Reino Unido.
El anuncio sucedió poco después que el presidente Trump anunciara la creación de la "Fuerza de la Superinteligencia", un comité de coordinación dentro de la Casa Blanca y el Gobierno federal que liderará el desarrollo de la inteligencia artificial (IA) en el país. Trump explicó que esta unidad especial coordinará la relación del Ejecutivo federal con los consumidores, grupos de interés públicos, proveedores o empresas de inteligencia artificial, y rendirá cuentas directamente ante él y su jefa de gabinete, Susie Wiles.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y Elon Musk, director ejecutivo de Tesla Inc., hablan con los medios de comunicación tras una reunión con ejecutivos del sector tecnológico sobre inteligencia artificial en la Casa Blanca. Foto Bloomberg
La declaración plantea una ambiciosa transformación de la investigación científica a partir de lo que denomina “Super Intelligence” (SI), un concepto vinculado con sistemas de inteligencia artificial con capacidades cada vez más avanzadas. Trump cambió por decreto el nombre de Inteligencia Artificial a “Superinteligencia”.
“La forma en que hacemos descubrimientos científicos ha cambiado, y la Visión de Kioto es un reconocimiento de ese cambio y un llamado a la acción”, afirmó Kratsios. Según el funcionario, la aplicación de la IA a la ciencia será “la mayor fuerza de la historia para democratizar la investigación”.
El acuerdo se estructura alrededor de tres grandes objetivos. El primero es modificar las instituciones y los mecanismos tradicionales de financiamiento de la ciencia. Los gobiernos plantean combinar subsidios de investigación de largo plazo con fondos rápidos, premios y desafíos, además de experimentar con instituciones que otorguen distintos grados de autonomía y recursos a los científicos.
También promueve la llamada “metaciencia”: utilizar evidencia y métodos empíricos para analizar cómo se realiza, organiza y financia la investigación científica y determinar qué modelos producen mejores resultados.
El segundo eje es incorporar sistemas avanzados de IA al proceso científico. El documento sostiene que estas tecnologías ya permiten acelerar tareas existentes, analizar enormes cantidades de conocimiento y crear modelos más sofisticados de sistemas físicos y biológicos.
Pero la ambición va más allá. La declaración habla de avanzar hacia experimentos autónomos y procesos de descubrimiento en “circuito cerrado”, en los que sistemas de inteligencia artificial puedan participar en distintas etapas de una investigación.
Los países también se proponen ampliar el acceso de los investigadores a herramientas de superinteligencia, bases de datos científicas, capacidad de cómputo e instalaciones experimentales.
El tercer objetivo es el capital humano. Los firmantes plantean identificar y apoyar a estudiantes y jóvenes investigadores con alto potencial y ampliar doctorados conjuntos, becas, capacitación práctica y asociaciones de investigación entre diferentes sectores.
El texto incluye además principios sobre integridad científica: pide investigaciones reproducibles y transparentes, revisión por pares imparcial y una comunicación clara de errores e incertidumbres.
La estrategia de Trump
Para Trump, la declaración forma parte de una estrategia mucho más amplia para colocar a Estados Unidos al frente de la próxima etapa de la revolución tecnológica y utilizar la inteligencia artificial para acelerar la innovación científica y al mismo tiempo restringir la influencia de China en este vital sector.
Trump mantiene una relación tensa con algunos de los principales líderes de la inteligencia artificial de Estados Unidos, que piden una mayor regulación por los potenciales riesgos de la tecnología que, según advierten algunos, podría causar hasta el exterminio de la humanidad si no se limita. Trump no quiere saber nada con los límites y días atrás, firmó con ellos un pacto en la Casa Blanca en la que las empresas ligadas a la IA se comprometieron a “autorregularse”.
Pero Trump avanza también en otros ámbitos. En julio, Kratsios entregó al presidente un informe titulado “Science: A New Golden Age”, que la Casa Blanca definió como la revisión más profunda del sistema estadounidense de investigación científica y tecnológica en ocho décadas.
Ese documento estableció nuevas directrices para que las agencias federales revisen cómo realizan, financian y evalúan la investigación y el desarrollo.
La Casa Blanca presenta ahora la declaración de Kioto como una extensión internacional de esa estrategia. El documento, sin embargo, no crea un fondo internacional, no establece inversiones específicas ni fija obligaciones financieras para Argentina o los demás participantes. Tampoco define plazos concretos para implementar sus objetivos.
La apuesta argentina por la IA
La adhesión está en línea con una de las apuestas que Milei viene promoviendo con mayor intensidad para el país: convertir a Argentina en un centro regional y global para el desarrollo de inteligencia artificial y atraer grandes inversiones en centros de datos y capacidad informática.
En su reciente discurso ante la Asamblea General de Naciones Unidas, Milei sostuvo que la inteligencia artificial tiene capacidad para multiplicar la productividad y afirmó que Argentina pretende ubicarse “en la vanguardia de la libertad” y convertirse en un destino competitivo para su desarrollo gracias a sus recursos energéticos y minerales, el talento humano y la posibilidad de participar en toda la cadena de valor tecnológica.
Esta semana volvió sobre el tema en París, donde definió a la IA como “un mecanismo de aceleración del crecimiento económico” y destacó las condiciones argentinas para instalar centros de datos. La estrategia del Gobierno es favorecer la innovación sin colocar regulaciones restrictivas. En ese sentido se alinea a la visión de Trump.
La firma de la declaración de Kioto refuerza la alianza entre Milei y Trump que se extiende en la cooperación política, comercial, energética y en minerales críticos. Ahora, ambos gobiernos buscan profundizar su alineamiento en una de las áreas que Estados Unidos considera centrales en su competencia tecnológica global.
PB
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