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“¿Cuánto vale?”: así fue el asalto a Jacobo Fiterman en el que le robaron una escultura de Manolo Valdés

“¿Cuánto vale?”: así fue el asalto a Jacobo Fiterman en el que le robaron una escultura de Manolo Valdés

El histórico referente del arte argentino relata por primera vez el violento asalto que sufrió en 2024. Le exigieron dinero, rompieron una puerta a patadas y terminaron robando una

Junio de 2024. En su habitación del piso 11 de un edificio en Buenos Aires que él mismo construyó, Jacobo “Fito” Fiterman –uno de los coleccionistas de arte argentino más queridos, fundador de arteBA, ingeniero y fotógrafo– termina de leer y apaga la luz. Son las 00:15. Se duerme rápido, pero se despierta sobresaltado: dos ladrones lo rodean a cara descubierta, aunque uno lleva una gorra que le tapa parcialmente el rostro y el otro, una peluca. Mientras lo atan con precintos, le exigen joyas, dinero y la llave de una habitación que saben que está cerrada. Los ladrones, después de revolver y tratar de descifrar qué obras podían ser vendidas, se llevaron una escultura de la Infanta Margarita –inspirada en “Las meninas” de Velázquez y obsequiada por su artista, el propio Manolo Valdés.

Escultura de la Infanta Margarita –inspirada en “Las meninas” de Velázquez y obsequiada por su artista, el propio Manolo Valdés. Es la obra que le fue robada a Jacobo Fiterman.

Septiembre de 2026. En el living de su casa, rodeado por sus libros, recuerdos de viajes y algunas de sus obras de arte preferidas, Fito a los 96 años mantiene el humor. Es la primera vez que relata este robo a un medio de prensa. Hasta hoy, los detalles solo los conocía un grupo reducido de amigos y familiares.

Los ladrones se presentaron como ladrones. No sabían de arte y tenían información, pero era información equivocada. Dice y se ríe.

Pese al dramatismo de la escena, asegura no haber sentido miedo. Su única preocupación era proteger a su esposa enferma, que dormía en otra habitación, ajena al peligro. La misma mujer con la que, recién casados y antes de comprar los muebles de la casa, adquirió una obra de Antonio Berni que se ubica a nuestras espaldas.

Juventudes. Jacobo Fiterman y su amigo Carlos Alonso.

Apasionado por el arte desde muy joven, con una marcada preferencia por el arte argentino, Enrique Policastro, Antonio Seguí, Miguel Carlos Victorica, Juan Battle Planas… Fito Fiterman inició su colección con una obra de Juan Carlos Castagnino y se convirtió en el mayor coleccionista de Carlos Alonso en la Argentina. Fiel a un vínculo afectivo con su patrimonio, a lo largo de su vida tan solo se ha desprendido de cinco piezas. Como fundador y presidente de arteba durante más de una década desde 1991, transformó el mercado local al articular artistas, galerías e instituciones en la feria de arte más multitudinaria del país. Hoy se mantiene como una figura clave y respetada del ecosistema cultural argentino y un referente internacional.

Una noche fatídica

Los ladrones que entraron a su casa quizás no sabían su historia, pero creían que podían conseguir dinero.

–En un momento, me dejaron solo y escuché sus pasos, se dirigían a la habitación que siempre permanecía cerrada. Fueron directo; ahí me convencí de que alguien les había dicho cómo moverse dentro de la casa.

¡La llave! –gritaron–. ¿Dónde está la llave?

–Yo no tenía la menor idea de dónde estaba. No había un gran tesoro ahí dentro, ni fajos de billetes, ni joyas de la familia. Mis hijos la usaban para guardar cosas que querían conservar y no tenían dónde poner en sus casas. La puerta cerrada era solo una medida simbólica que nos habíamos inventado. Rompieron la puerta a patadas. Sentí el ruido de la madera, seguido por el sonido de objetos que caían al piso. A los pocos minutos volvieron a mi dormitorio.

Jacobo con su hija Valeria Fiterman, directora de Fundación Klemm.

¿Dónde guardás la plata? No te hagas el vivo. Rompimos la puerta y ahí no hay nada. Me dijeron a los gritos.

–Sabía que decirles que no había nada de valor en la casa era la peor respuesta. Ya les había dicho dónde estaba mi billetera con dinero y ellos se habían apropiado de los celulares. Casualmente, el día anterior al robo había estado hablando con Carlos Alonso, y una obra suya fue precisamente la primera que los ladrones trajeron y la pusieron frente a mi cama.

¿Cuánto vale? –Preguntaban.

–Nada –respondía yo–. No vale nada. Es una copia de taller.

Se iban y volvían con otro. Vi entre sus manos el Castagnino, la primera obra que compré.

¿Y este? Tiene firma. ¿Cuánto pedís por este?

–Es un regalo. En el mercado no te dan ni para el boleto de colectivo.

¿Y este? ¿Cuánto vale? —insistían.

Y así continuaron. Algunas obras, incluidas esculturas que eran las que le llamaban más la atención por su tamaño, tenían un valor real en el mercado.

–Nada. No sirve. Ninguno sirve –repetía intentando despojarlos de todo interés, reduciendo mi colección a basura.

El arte hay que mirarlo más allá del precio, pensaba mientras los dos ladrones seguían preguntando.

Decí cuál es el que vale de verdad o empezamos a romperlos uno por uno. Amenazaron.

Que pudieran hacerlo sí me asustó.

Fito Fiterman duda sobre un detalle crucial del asalto: no recuerda si fue él quien señaló como la pieza más valiosa de la casa a la escultura de la Infanta Margarita –inspirada en "Las meninas" de Velázquez y obsequiada por el propio Manolo Valdés en 2002–, o si los ladrones, en su ignorancia, se deslumbraron con el brillo del bronce y creyeron que con esa sola pieza de metal harían dinero fácil en la calle.

Jacobo Fiterman en ArteBa de 1991.

La obra robada

Fiterman conoció a Manolo Valdés –uno de los creadores españoles contemporáneos de mayor proyección internacional– en Nueva York, forjando una amistad que se mantiene intacta.

Sus célebres “Infantas Margaritas” en bronce, fundidas en ediciones limitadas de apenas seis piezas, reinterpretan el icono barroco de Velázquez. Valdés elimina todo rasgo del rostro para concentrar la atención en la silueta geométrica del miriñaque.

La obra, de una edición limitada de 6, posee las siguientes medidas: 53,3 cm de alto x 53,3 cm de ancho x 27,9 cm de profundidad. Se encontraba en el comedor de la casa de Fito. La número 6, de esa serie, se vendió un 44% por encima de la estimación media, en el 2023 en una subasta en Christie’s.

Manolo Valdés posa junto a una escultura de bronce que forma parte de la exposicin "Las meninas", en Duesseldorf, 2006. Foto: EFE / Martín Gerten.

Un video de seguridad captó el momento exacto en que los ladrones salían del ascensor arrastrando una maleta de gran tamaño de la que sobresalía, de forma insólita, una de las caderas de la Infanta Margarita, para luego abrir la puerta del edificio y perderse en la noche. Unos minutos más tarde, tras lograr zafarse de sus ataduras, el propio Fito bajó en pijama al lobby para pedir ayuda y alertar a la policía.

A pesar de que los efectivos llegaron con rapidez, la escultura jamás volvió a aparecer. Su hija Valeria Fiterman, directora de la Fundación Klemm, se aventura a dar una hipótesis amarga pero realista sobre su destino: “Puede que la hayan fundido por el bronce”

–O tal vez aparece algún día. –Aventura Fito.

La obra sigue figurando en la lista de obras perdidas de Interpol.


Jacobo Fiterman: Protagonista del arte y colega generoso

Jacobo “Fito” Fiterman es una de las figuras más influyentes y dinámicas de la escena cultural argentina, cuya trayectoria profesional y personal ha dejado una huella indeleble en el ámbito del arte contemporáneo y el coleccionismo. Nacido en el seno de una familia de inmigrantes que llegó al país en 1923 y aunque se formó originalmente como ingeniero civil, profesión en la que desarrolló una destacada carrera, su pasión por el arte terminó definiendo su legado público y su compromiso con la sociedad.

Jacobo Fiterman recibe el Premio Ñ a la Trayectoria Cultural 2019 / Juano Tesone

Su rol como gestor cultural es, quizás, su faceta más reconocida. Fue uno de los miembros fundamentales del comité fundador de arteba, la feria de arte contemporáneo más importante de Argentina, donde trabajó incansablemente para profesionalizar el mercado local y fomentar el intercambio entre artistas, galeristas y coleccionistas. Su visión no solo se limitó a la gestión de ferias; como presidente de la Fundación Alon para las Artes, ha trabajado en la preservación y difusión de un patrimonio artístico que abarca más de seiscientas obras de grandes maestros, consolidando un espacio de referencia para la investigación y el disfrute cultural.

Más allá de su labor como promotor, Fiterman es un coleccionista apasionado que ha abordado el arte desde múltiples ángulos. Su enfoque se ha nutrido de un profundo humanismo y una cercanía genuina con los artistas. Además, incursionó en la fotografía, una disciplina que le permitió observar el mundo y capturar la esencia de los personajes que lo rodean con una mirada fresca y vital. Participa activamente en la conversación cultural.

En reconocimiento a esta prolífica vida dedicada al arte, el mecenazgo y la gestión cultural, Jacobo Fiterman fue distinguido con el Premio Ñ a la Trayectoria Cultural en 2019. En la ceremonia del 1 de noviembre se celebró no solo su capacidad organizativa y su papel como “factótum” de la escena artística local, sino también su generosidad y su ética de trabajo. Este premio subrayó su influencia decisiva en la construcción del sistema del arte argentino contemporáneo, valorando su papel como puente entre el sector privado y las instituciones públicas.

En otras instancias, como ocurrió con el Premio Trayectoria otorgado por el Fondo Nacional de las Artes en 2020, Fiterman destinó los fondos recibidos a causas benéficas. Hoy, su legado trasciende las instituciones que ayudó a forjar.

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