Hay personas que utilizan WhatsApp todos los días y, sin embargo, nadie recuerda haber visto jamás uno de sus estados. No suben fotografías de sus vacaciones, frases, canciones, cumpleaños ni imágenes de lo que están comiendo. Eso puede llamar la atención en un entorno donde exponer fragmentos de la vida cotidiana se convirtió en algo habitual.
La explicación atractiva es que esas personas “no necesitan validación”. La evidencia científica permite sostener una versión mucho más matizada.
Murugan Pattusamy, investigador de la Universidad de Hyderabad, y Prasanta Chopdar, del Instituto Indio de Administración de Shillong, estudiaron específicamente qué impulsa a las personas a publicar estados de WhatsApp. Después de cinco estudios con métodos cualitativos y cuantitativos, identificaron siete motivaciones diferentes.
Una era la búsqueda de atención. Pero las otras incluían mantener relaciones sociales, expresar opiniones, compartir novedades de la propia vida, inspirar a otros, entretener y realizar acciones orientadas al bien social.
Eso significa que publicar no puede reducirse a una necesidad de aprobación. Y, por lógica, tampoco publicar tampoco puede interpretarse automáticamente como ausencia de esa necesidad.
Un estudio dedicado a las “historias” de WhatsApp, Instagram y Facebook encontró incluso que las razones varían según cada plataforma. Foto: Pexels.
Las redes sí funcionan con recompensas sociales
El psicólogo y neurocientífico Dar Meshi, profesor de la Universidad Estatal de Michigan, estudia desde hace años por qué las redes sociales resultan tan atractivas. Su trabajo muestra que señales como los “me gusta” y otros comentarios positivos funcionan como recompensas sociales y pueden reforzar nuestra tendencia a volver a las plataformas.
En experimentos con resonancia magnética, Meshi encontró que las diferencias en la respuesta cerebral a recompensas sociales se relacionaban con diferencias en la intensidad del uso de redes. Eso confirma que la aprobación social importa. Pero no permite concluir que toda persona que publica esté buscando constantemente validación ni que quien no publica sea inmune a ella.
Algo similar encontró Sonja Utz, investigadora de la Universidad Libre de Ámsterdam, junto con Martin Tanis e Ivar Vermeulen. En dos estudios, la “necesidad de popularidad” fue uno de los predictores más consistentes de distintas conductas en redes sociales, como cuidar el perfil, presentarse estratégicamente o revelar información.
Pero nuevamente aparece el mismo límite: estamos hablando de tendencias estadísticas, no de una prueba de personalidad.
Un estudio específicamente dedicado a las “historias” de WhatsApp, Instagram y Facebook encontró incluso que las razones varían según la plataforma. En WhatsApp, compartir socialmente e interactuar con otros resultaba particularmente importante. La autopromoción recompensada socialmente tenía más peso en Instagram y Facebook.
También hay investigaciones que contradicen la idea de que publicar mucho sea señal inequívoca de baja autoestima. Algunos trabajos encontraron que personas con mayor autoestima publicaban más, no menos, mientras otros no detectaron una relación clara.
Por eso, una persona que nunca utiliza los estados puede valorar especialmente su privacidad, preferir conversaciones individuales, no sentir interés por exhibir su vida o simplemente considerar inútil esa función.
Algunos trabajos encontraron que personas con mayor autoestima publicaban más, no menos. Foto: Pexels.
Puede, efectivamente, depender menos de la validación digital. Pero hace falta conocer mucho más sobre ella para afirmarlo.
El silencio en WhatsApp dice algo seguro: esa persona no publica estados. Todo lo demás -autosuficiencia, introversión, autoestima o independencia de la opinión ajena- requiere bastante más evidencia que una pantalla vacía.
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