Cuenta la leyenda que a instancias de Luis Alberto Spinetta y Jorge Álvarez (fundador del sello Mandioca) fue que el grupo Mach 4 comenzó a cantar en castellano y pasó a llamarse Vox Dei. Y no fue el acercamiento al latín en el nuevo nombre lo que los condujo a escribir y grabar la versión rockera de La Biblia, un clásico ya casi universal de la historia del rock, sino la particular versión suburbana de entender el mundo.
Con distancia, con pudor, sin chamuyos, el prisma quilmeño siempre sobrevoló la vida y obra de uno de los tríos de rock más importantes de la época, cronológicamente después de Manal y antes de Pappo’s Blues y el primer Pescado Rabioso.Eran entonces la forma coloquial, eléctrica y alienada de sublimar la violencia de los tiempos que corrían en los primeros ‘70. Sus guitarras no reclamaban sangre, ni verdad ni represión: simplemente querían vivir al margen y que la Historia no tuviera planes para ellos.
Tan conurbanita fue la postal de Ricardo Soulé como residente de Quilmes, Ranelagh y Berazategui que hasta fue en un colectivo, nunca se precisó la línea, que les sugirió a sus compañeros de banda la idea loca, milagrosa y secular de transformar al libro sagrado de los cristianos en un álbum de rock. Uno que llegó incluso a ser más famoso que el nombre de la propia banda, porque así son las cosas a veces, y que fue rito iniciático de varias generaciones de músicos y público.
Ricardo Soulé, alto y flaco, franco y claro al hablar, representó un molde diferente del rock star criollo, sin estridencias o histrionismo. El pibe que jugaba al vóley y que cuando conoció a Beatles, Rolling Stones y The Who - esta última banda fue clave en cuanto a modelo sonoro e inspiradora del concepto de La Biblia a través del álbum Tommy-.torció el rumbo de su propia vida.
Ricardo Soulé dejó su impronta única en el rock argentino.
Con Vox Dei sembró el campo con ese “caminito al costado del mundo” que La Renga promovió hasta conquistar los estadios de todo el país y, generosos, rendirle en vida el tributo correspondiente en esa relación de maestro & alumnos que siempre se correspondieron.
No fueron los únicos: Gustavo Cerati, un declarado fan de la banda, versionó Génesis, un clásico de La Biblia, en el Unplugged de Soda Stereo para MTV. Regocijado, Soulé señaló que la interpretación de Cerati tenía un glissando idéntico al que él había registrado en una toma original primeriza que nunca se había publicado, como si hubieran conectado telepáticamente en la forma de sentir el tema.
Violines y halcones
Su habilidad con el violín, heredada de su padre profesor, y su afición a la cetrería y a la literatura épica delinearon una personalidad única y reservada, igual que las permanentes idas y vueltas con sus ex compañeros.
Ricardo Soulé y su pasión por la cetrería, la cría de halcones.
Una carrera solista comenzada a mediados de los ‘70 con una excursión inglesa corrió siempre en paralelo a la de su grupo emblema, del que era el único sobreviviente de la formación clásica en la que alistaban el bajista y fundador Willy Quiroga y el baterista Ruben Basoalto.
Soulé, en tanto, vivirá cada vez que alguna banda de garage intente domar al temible Jeremías pies de plomo, la metafísica eléctrica de La luz que crea, un tema donde se funden todas las intenciones de un hombre que solía separar a sus canciones entre sagradas y profanas.
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