Según las narraciones del libro japonés Kojiki, la posesión del archipiélago japonés se definió hace 2.500 años, cuando Takemikazuchi, el dios del trueno y de la espada, fue enviado para pelear ante Takeminakata, una divinidad bélica, por la pacificación del territorio. La batalla en la que triunfó Takemikazuchi es considerada el primer combate de sumo.
“Dos robots compiten uno contra uno dentro de una cancha circular ("doyo") de fondo negro con borde blanco. El objetivo es utilizar sensores, motores y estrategias para empujar al rival fuera del área; el primer robot que sale de la cancha pierde”, explican Agustín y Francisco Gómez Jacod, dos hermanos de Bella Vista, tetracampeones de la categoría “sumo” en batallas de robots que viajaran a Rumania en octubre para competir una vez más.
Agustín, de 22 años (el mayor de los dos hermanos), encontró su pasión por la robótica en el 2019 tras crear uno para el trabajo de fin de año del Instituto Cardenal Stepinac, en Hurlingham. Su hermano, Francisco, de 19, empezó su trayectoria durante la pandemia, participando de torneos virtuales.
El robot de los chicos en una de las competencias organizadas por el ITBA.
“Ver cómo los circuitos analógicos, digitales y la programación cobran vida en prototipos reales, además del desafío que representa la constante evolución, estrategia y desarrollo de los robots tras cada combate es apasionante –explica Agustín, antes de añadir que además se trata de una profesión rentable para quien se comprometa con ella.
Tras años de pequeñas prácticas, en 2023 los hermanos lograron el primer y segundo puesto en un torneo en Ecuador, y luego en 2025 lograron el primer puesto en un certamen de robótica celebrado en Brasil: “Gracias a la victoria, pudimos clasificar para competir en el All Japan Robot Sumo Tournament en Japón”, cuentan los hermanos. En ese último torneo, lograron llegar a cuartos de final con sus propios robots autónomos, “Flag” y “Falcon Heavy”.
El equipo en Brasil 2025, con el premio de primer lugar en categoría minisumo.
“Para prepararnos utilizamos los torneos locales y nacionales para probar y entrenar a nuestros robots. En esas oportunidades grabamos las peleas para notar fallas a corregir, para hacer un análisis de diseño, chasis y programación para perfeccionar los prototipos”, añaden los jóvenes sanmiguelinos.
Actualmente, los hermanos estudian Ingeniería Electrónica (Agustín en tercer año y Francisco en primero) en la UTN, Facultad Regional de Haedo: “Trabajar juntos es un privilegio, porque ya nos conocemos, entonces sabemos cómo labura cada uno. Pero también podemos intercambiar ideas entre los dos, y sabemos que nos vamos a entender”, añade Francisco.
Los hermanos en el taller, configurando y arreglando las fallas de sus robots.
Actualmente, Agustín y Francisco se preparan para su próximo RoboChallenge, en el que competirán más de 27 países, en la Universidad Nacional de Ciencia y Tecnología POLITEHNICA de Bucarest, Rumania, que empieza el 31 de octubre: “La preparación la tenemos, y queremos volver a representar al país de la mejor forma que conocemos. Pero necesitamos ayuda y patrocinio para poder llevar a cabo nuestro objetivo”, añaden.
Es así, que una forma de combate milenaria, en la que se competía a muerte por el favor de los dioses japoneses, se convirtió en una forma de unión entre países, y de relación entre un pasado distante y un presente tecnológico.
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