El aligustre chino fue elegido durante décadas para jardines del sureste de Estados Unidos. Con el tiempo, la especie comenzó a extenderse fuera de los espacios donde era cultivada.
Conocido por los botánicos como Ligustrum sinense, es originario de China, Vietnam y Laos. Puede crecer con poca luz y en suelos pobres, condiciones que favorecen su establecimiento en distintos ambientes.
Su avance se concentró en zonas donde las riberas y llanuras aluviales facilitaron una colonización continua que terminó por desplazar a la vegetación autóctona.
Cómo el aligustre chino salió de los jardines
El aligustre chino fue introducido en Estados Unidos en 1852 como planta ornamental para formar setos y delimitar propiedades. Su comercialización se extendió por viveros y jardines del sur del país, donde era apreciado por su crecimiento rápido y su follaje denso.
Para 1932, 80 años después de su llegada, su capacidad para reproducirse por semillas y mediante brotes que surgen de las raíces facilitó el establecimiento de nuevas poblaciones. La extensión de sus raíces y la cantidad de semillas que permanecen en el suelo también hacen más difícil eliminar los ejemplares establecidos.
Las aves contribuyeron a su expansión al alimentarse de sus frutos azulados y dispersar las semillas en otros sectores. Los ríos y arroyos ofrecieron otra vía de propagación, por lo que la especie encontró condiciones favorables en los corredores de vegetación cercanos al agua.
Una vez instalado, el aligustre puede formar una cobertura muy densa a poca altura del suelo. La sombra que genera limita la cantidad de luz disponible para otras plantas y puede reducir la supervivencia de árboles jóvenes, flores silvestres y arbustos nativos que forman parte del sotobosque.
El aligustre chino llegó a EE.UU. en 1852 como planta ornamental para delimitar propiedades.
Una invasión que alcanzó millones de acres
Para la década de 1990, investigadores del U.S. Forest Service estimaban que el aligustre chino ocupaba 2,9 millones de acres de bosque, unas 1,17 millones de hectáreas, en el sureste de Estados Unidos. En algunas zonas de llanura aluvial analizadas, la planta llegó a cubrir más de la mitad de la superficie.
El impacto no se limita a las especies vegetales. Un estudio publicado en Frontiers in Ecology and Evolution siguió durante 13 años parcelas de bosque donde se había eliminado el aligustre. Al final, las áreas restauradas tenían un 60% más de tallos nativos en regeneración y un 24% más de área basal que las parcelas donde la especie invasora permaneció. La riqueza y abundancia de abejas y mariposas también fueron mayores después de la eliminación.
El efecto también alcanza el suelo. Una investigación de la Universidad de Georgia y el U.S. Forest Service encontró que las lombrices europeas introducidas eran más abundantes bajo el aligustre chino y que, después de retirar el arbusto, su presencia relativa disminuyó. Al mismo tiempo, la abundancia relativa de una especie de lombriz nativa aumentó cuatro veces y el pH del suelo se redujo.
Controlarlo tampoco resulta sencillo. El corte puede provocar nuevos brotes desde los tocones y las raíces, mientras que las quemas prescritas no siempre alcanzan temperaturas suficientes para eliminar las estructuras subterráneas en los ambientes húmedos donde suele crecer.
Los herbicidas permiten eliminar la planta, pero tratar grandes infestaciones puede resultar costoso y difícil de sostener. Por esa razón, los responsables del manejo de estas áreas suelen combinar métodos mecánicos y químicos, aunque ninguna de estas estrategias garantiza por sí sola la erradicación completa.
También se estudian alternativas de control biológico, con organismos capaces de atacar las flores o las semillas del aligustre. Antes de utilizar cualquiera de ellos, los investigadores deben comprobar que no afecte a otras especies vegetales.
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