“Tenemos un desafío, como generación, que es el de volver a valorar el conocimiento, la memoria y la sabiduría, y no delegar todo nuestro esfuerzo cognitivo en los dispositivos”, dicen Fabricio Ballarini, neurocientífico, y Juan E. Bonnin, lingüista.
Aseguran que las pantallas dejaron de ser herramientas que usamos y guardamos (como hacemos con un destornillador o un fósforo) para convertirse en el “ambiente” en el que transcurre nuestra vida cotidiana. ¿Cómo vivimos -y construimos- este ecosistema en el que miramos el teléfono innumerables veces sin saber siquiera para qué, o nos invade la sensación de que el celular suena o vibra aunque no lo haga?
En su nuevo libro, (Des)Conectados. Información científica para tomar el control de tu vida digital (Ediciones B) -también escribieron juntos No sos vos, soy yo-, buscan ayudar a entender el impacto de la tecnología en el cuerpo, la atención, la salud mental, las adicciones y las emociones.
¿Cuál es el costo cognitivo y emocional de una hiperconexión constante? ¿Cuán conscientes somos de la forma en que se construyen las estrategias en las que el mercado tecnológico lucha por atraer nuestra atención a cualquier costo? ¿Y cuánto nos cuestan ciertas decisiones que tomamos empujados por el miedo a perdernos de algo o quedar excluidos de una salida o una charla (FOMO)?
Los investigadores de CONICET Fabricio Ballarini y Juan E. Bonnin, autores de (Des)Conectados y No sos vos, soy yo (ambos de Ediciones B). Foto: Ale López.
Los investigadores del CONICET Ballarini -director del Departamento de Ciencias de la Vida del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA)- y Bonnin -profesor titular de Análisis del Discurso en la Universidad Nacional de San Martín- explican a Clarín que estos mecanismos influyen en nuestra memoria, disminuyen nuestra tolerancia a la frustración y nos generan la ilusión de un cerebro “multitasking”, un mito que desmienten desde las neurociencias.
Lejos de un relato solemne y sin hacernos sentir culpables, ponen el foco en qué podemos hacer como individuos y adultos responsables para soltar un poco el teléfono, desde un enfoque práctico y con los pies en esta realidad en la que estamos la mayoría: cuando el celular ocupa más tiempo del que quisiéramos en nuestra vida, ¿cómo hacer para recuperar el control de nuestra atención y bienestar emocional sin sentir que nos fuimos a vivir a una isla solitaria?
- Dicen que “las pantallas dejaron de ser una tecnología entre otras para convertirse en el ambiente en el que transcurre buena parte de nuestra vida cotidiana”. ¿Qué significa esto?
- Los seres humanos creamos tecnología desde hace milenios; es decir, creamos herramientas que usamos para resolver problemas, satisfacer necesidades y, en definitiva, alterar el entorno, el mundo que nos rodea. En general, pensamos a las tecnologías como algo que usamos, externo a nosotros mismos: uso fósforos para encender el fuego y, una vez logrado el objetivo, los guardo en un cajón de la cocina; aflojo un tornillo con un destornillador y, cuando termino, lo pongo de nuevo en la caja de las herramientas.
A diferencia de estas tecnologías que se usan y se guardan, las pantallas se encuentran cada vez más presentes en todos los ámbitos de nuestra vida, no como un instrumento que usamos, sino como el espacio en donde suceden las cosas. Chatear, scrollear, postear o megustear son acciones que solo pueden suceder en un teléfono, una tablet o una computadora. Estas tecnologías ya no son una herramienta que usamos para actuar en el mundo, sino que son un aspecto mismo del mundo, de la realidad que nos rodea, que ahora tiene un componente digital.
Estas tecnologías, además, tienen una particularidad: le dan forma a cómo actuamos, sentimos y pensamos. Nuestra capacidad de atención, de paciencia, de tolerancia a la frustración; nuestra salud mental, cognición y hasta las conexiones de las neuronas en nuestro cerebro se modifican por el uso de las pantallas. Entonces, no solo son una realidad en la que actuamos, sino que también actúan en nosotros cuando no las estamos usando.
"Nuestra capacidad de atención, de paciencia, de tolerancia a la frustración; nuestra salud mental, cognición y hasta las conexiones de las neuronas en nuestro cerebro se modifican por el uso de las pantallas", aseguran.
- Me interesa lo que traen de las “notificaciones fantasma” (esa sensación de que el celular suena o vibra aunque no lo haga), ¿las pantallas impactan en el cuerpo más de lo que nos imaginamos? ¿Por qué?
- Las notificaciones fantasma son uno de esos ejemplos clásicos de cómo las pantallas afectan el cerebro, incluso cuando no las estamos usando. ¿Por qué sentimos en el bolsillo o en la mesa que el teléfono vibró cuando no es así? Básicamente porque, cuando no estás haciendo nada, tu cerebro está permanentemente escaneando el entorno, interpretando señales del ambiente. Esta es una característica que nos ayuda a sobrevivir como especie desde hace miles de años: si estuviéramos en el medio de la sabana africana, cualquier movimiento raro, cualquier sonido inesperado podría ser un depredador.
Las notificaciones fantasma aprovechan ese mecanismo evolutivo. Como todo el tiempo nos llegan (o nos pueden llegar) notificaciones, nos volvemos hipersensibles a cualquier señal que pueda ser una. Entonces, si sentimos un roce en el bolsillo o un sonido en el ambiente, especialmente si estamos esperando algún llamado o un mensaje, interpretamos que el teléfono nos llama.
"Los niveles de memoria y atención bajan significativamente cuando aumenta el miedo a quedarte afuera". Foto: Adobe Stock.
- Y en este punto también es posible relacionarlas con el FOMO y esa ansiedad de perdernos de algo, ¿qué estrategias están detrás de este mecanismo?
- Como las pantallas ya son una parte de donde transcurre nuestra vida, y una parte que para muchas personas puede ser muy, pero muy importante, quedarse sin acceso a ellas puede generar ansiedad. Por ese motivo, el miedo a quedarse afuera (FOMO, del inglés “Fear Of Missing Out”) puede generar una sensación de vacío enorme. Estar seguro de que está pasando algo importantísimo y uno se lo pierde, especialmente en adolescentes, desencadena la sensación de quedar fuera de su círculo social, de perderse conversaciones importantes, de no existir socialmente.
Existen algunas pruebas que permiten medir el nivel de FOMO que experimentamos (de hecho, en el libro incluimos una). Es importante que seamos conscientes de eso, del nivel de dependencia que genera, porque está más que probado que, a mayor FOMO, peores niveles de salud mental y autoestima.
Además también incide en nuestro rendimiento intelectual. Si estás todo el tiempo pendiente de no perderte nada de lo que pasa en tu vida digital, tu cerebro tiene menos recursos cognitivos para prestar atención a lo que sucede en el resto de tu vida: los niveles de memoria y atención bajan significativamente cuando aumenta el miedo a quedarte afuera.
"A veces nos olvidamos, pero Instagram, TikTok, X o Facebook son empresas que venden tu tiempo a anunciantes. Su principal objetivo es que permanezcas el mayor tiempo posible usándolas y para eso usan un montón de elementos de diseño". Foto: Adobe Stock.
- Desde hace un buen tiempo a esta parte, el hecho de hacer muchas cosas a la vez (multitasking) es considerado un valor (mientras surgen movimientos “slow” que buscan bajar un cambio). En el marco de una economía de la atención que busca mantenernos enganchados el mayor tiempo posible, ¿está nuestro cerebro preparado para vivir entre alertas constantes, interrupciones y scroll infinito? ¿Qué costo tiene?
- Primero hay que terminar con el mito: el cerebro no es multitasking. No puede hacer dos tareas al mismo tiempo bien, excepto aquellas que hacemos automáticamente, como respirar, usar los sentidos, etc. La atención puede fijarse en una sola cosa por vez. Así que no hay que autoengañarse pensando, por ejemplo, que podemos estudiar y mirar la tele, o manejar y leer mensajes en el teléfono. Cuando mirás el teléfono, aunque sea por unas décimas de segundo, toda tu atención está puesta en esa pantallita, y no en los peatones, motos y camiones que te rodean. De allí la gran cantidad de accidentes de tránsito provocados por el uso celular.
Entonces, cuando pensás que estás haciendo varias cosas a la vez, en realidad estás alternando rápidamente entre una tarea y otra. El tema es que si lo hacemos durante demasiado tiempo, el costo cognitivo es cada vez más alto y eso interfiere con otras funciones de nuestro cerebro. En especial, se sabe que el consumo de pantallas durante el estudio, ya sea usando redes sociales, mirando series o videos, afecta directamente la memoria, la comprensión lectora y la resolución de tareas.
Lo ideal es hacer una tarea a la vez: estudiá o trabajá en silencio, con toda tu atención puesta ahí, y luego disfrutá completamente tu tiempo de pantalla, cuando terminaste.
Esto no es una novedad, de hecho, un poco lo sospechamos siempre; nos damos cuenta de que no rendimos igual cuando estamos enganchados a las pantallas. ¿Por qué lo hacemos, entonces? Porque, sobre todo, las redes sociales están diseñadas para captar, casi diríamos robar, tu atención.
A veces nos olvidamos, pero Instagram, TikTok, X o Facebook son empresas que venden tu tiempo a anunciantes. Su principal objetivo es que permanezcas el mayor tiempo posible usándolas; para eso usan un montón de elementos de diseño (como los colores, las acciones de “me gusta” o “repostear”, el scroll infinito) que fueron pensados específicamente para adueñarse de tu atención. De hecho, todos estos elementos fueron inventados por especialistas que estudiaron ciencias de la conducta en el “Laboratorio de ciencias de la persuasión” de la Universidad de Stanford, dedicado a poner todo lo que la psicología y las neurociencias conocen acerca de atención humana al servicio de las plataformas digitales.
Los especialistas remarcan que los chicos reflejan las conductas adultas: el cambio de hábitos digitales debe empezar por el ejemplo en el hogar.
- ¿Padres y madres adictos al celular favorecen el escenario para que sus hijos e hijas también lo sean? ¿En qué medida?
- El uso problemático del celular nos lleva a pasar mucho, pero mucho tiempo, mirando una pantalla. Dependiendo de los países y las edades, pueden ser desde 3 horas por día hasta 6 horas y media en promedio, como en el caso de nuestros adolescentes. Cuando el porcentaje es tan grande, normalizamos tener el celular por horas, interrumpir tareas importantes o usarlo en cualquier situación.
Cuando eso sucede, como adultos tenemos que entender que los jóvenes son el reflejo de nuestras conductas, no podemos proponerle a un adolescente limitar el uso del celular cuando nosotros nos vamos a dormir mirando una pantalla o cruzamos la calle mientras escroleamos. Parte de la responsabilidad que tenemos es mejorar nuestro vínculo con la tecnología para funcionar como modelos de las próximas generaciones.
"El cerebro es medio vago, y va a tomar cualquier atajo para que puedas incorporar la mayor cantidad de información con el más mínimo esfuerzo". Foto: Adobe Stock.
- ¿Qué genera en los niños y niñas crecer sabiendo que tienen cualquier respuesta a un clic de distancia -desde cuánto mide el cuello de la jirafa a cuál es el mejor truco para algún videojuego-?
- Para nuestro cerebro, aprender es un desafío energético, es decir que, desde la obtención de la información hasta la retención de la misma, conlleva una gran inversión de recursos cognitivos. En ese sentido, hemos evolucionado para obtener el mayor beneficio intentando consumir la menor cantidad de energía.
En simples palabras, el cerebro es medio vago, y va a tomar cualquier atajo para que puedas incorporar la mayor cantidad de información con el más mínimo esfuerzo. Ahora bien, una parte fundamental del proceso de aprendizaje tiene que ver con la construcción, no solamente con la obtención de un dato relevante o no.
Para comprender problemas en profundidad necesitamos tiempo, capacidad de reflexión, de pensamiento crítico, atención, etc. Cuando el dato está disponible con tanta facilidad, su retención en la memoria es menor; es como si el cerebro se preguntara ¿para qué esforzarme tanto en aprender la capital de Polonia, si en un clic tengo el resultado?
Hay muchas investigaciones que muestran esto: estudiar de los resúmenes hechos por ChatGPT rinde menos, en términos de memoria, que hacerlo con resúmenes propios. Hay un experimento muy interesante, que se hizo con estudiantes, en el que se le pedía, a un grupo, que buscara información en Internet, la escribiera en un archivo y luego la borrara, mientras que a otro grupo se le decía que, después de escribir, apretara “guardar”. ¿Cuál fue el resultado? Que el segundo grupo, que confiaba en que la información estaba a un clic de distancia, recordaba muchísimo menos.
Tenemos un desafío, como generación, que es el de volver a valorar el conocimiento, la memoria y la sabiduría, y no delegar todo nuestro esfuerzo cognitivo en los dispositivos.
"No se trata de tirar el teléfono a la basura: na estrategia que sirve mucho es la de bajar el tiempo total de pantalla; o sea, la cantidad de horas diarias que le dedicás al teléfono". Foto: Adobe Stock.
- Las restricciones son difíciles y muchas personas usan hoy en día las pantallas (computadora, celular) para trabajar (es decir, no es practicable dejar todo e irse a vivir a la selva); ¿qué sugieren para gestionar la relación con las pantallas si no podemos -o queremos- “desconectarnos” por completo de ellas?
- Claro, no se trata de tirar el teléfono a la basura y volver a comunicarnos con palomas mensajeras. Sobre todo hay que tener en cuenta que las decisiones individuales son mucho más difíciles en estos temas que, necesariamente, involucran a otras personas.
Un ejemplo clásico es el de los teléfonos con chicos de primaria. Sabemos que los teléfonos son nocivos en casi todos los aspectos para los nenes. Las posibles, mínimas ventajas que pudieran tener son siempre menores que sus desventajas. Sin embargo, si todos los nenes del grado se comunican, intercambian tareas, juegan, se invitan a cumpleaños, etc. a través del teléfono, el que no lo tenga se va a quedar afuera de muchas de esas actividades.
La mejor estrategia en esos casos es hacer acuerdos con las otras familias para no dar acceso temprano a los teléfonos. No es fácil, claro, porque muchos de los adultos están re enganchados y piensan que les hacen un favor. Por eso, también entre adultos necesitamos hacer este tipo de acuerdos: si es el trabajo, no mandemos mensajes fuera de horario; si es en casa, no comamos o miremos una película con el teléfono arriba de la mesa.
Otra estrategia clave para reducir la carga mental del teléfono es dejarlo fuera de la vista cuando no lo estás usando. Hay experimentos que muestran que el teléfono a la vista (por ejemplo, arriba de una mesa) nos distrae, nos roba atención aunque esté apagado. Si, en cambio, lo dejás en la mochila, la cartera o un cajón, tu cerebro no lo registra y deja de dedicarle atención que podrías poner en otra cosa.
Una estrategia que sirve mucho es la de bajar el tiempo total de pantalla; o sea, la cantidad de horas diarias que le dedicás al teléfono, la tablet o la computadora. Pero, para que esto funcione, es necesaria una condición: necesitás encontrar otra actividad a la cual dedicarle ese tiempo. Por ejemplo, hay un montón de estudios que muestran que, a mayor tiempo de pantalla, mayores niveles de ansiedad y depresión.
Por otra parte, hay otro montón de estudios que muestran que, a mayor actividad física, menores niveles de ansiedad y depresión. Si usás menos el teléfono, pero te quedás mirando la pared, no va a mejorar tu salud mental; vas a sentir que aumenta el FOMO. Si, en cambio, salís a hacer deporte o a tener actividades sociales, ese tiempo que liberaste te va a ayudar a sentirte mejor; no solo porque no estás enganchada con las redes sociales, sino también porque estás enganchada con una actividad que produce bienestar genuino.
Con la IA, "nos volvimos más rápidos para resolver preguntas, pero paralelamente más inútiles para buscarlas o, incluso, descubrirlas". Shutterstock
- En el marco de tanto debate reciente sobre la IA: ¿cómo se incorpora la IA a este ecosistema de pantallas, algoritmos y economía de la atención, y cómo cambia nuestra relación con la “vida digital”?
- La IA está cambiando nuestra forma de enfrentarnos a los problemas. Hasta hace muy poco, ante cualquier pregunta que teníamos existía un patrón que incluía diferentes fuentes de información, criterios de búsqueda y edición, creatividad en la composición de la respuesta y dudas sobre los criterios de verdad de los resultados que obteníamos. Hoy eso cambió.
Aceptamos rápidamente que una IA puede hacer todo eso y mucho más de forma acelerada y sin gastos energéticos para nuestro cerebro. Nos volvimos más rápidos para resolver preguntas, pero paralelamente más inútiles para buscarlas o, incluso, descubrirlas. Y eso posiblemente está afectando nuestra forma de entender nuestra función en el mundo que construimos.
Nuestros abuelos pensaban en las bibliotecas como fuente de sabiduría, los actuales adultos pensábamos en múltiples fuentes de información brindadas por buscadores de internet, y los jóvenes de hoy piensan en prompts.
La pregunta que necesitamos hacernos no es tanto qué perdimos o cómo podemos volver a ser como antes, sino cómo queremos ser en el futuro.
"La pregunta que necesitamos hacernos no es tanto qué perdimos o cómo podemos volver a ser como antes, sino cómo queremos ser en el futuro". Foto Shutterstock.
- Por último, explican que una de las razones por las que escribieron este libro fue la motivación personal de “ver cómo crecían nuestras hijas, hijos, sobrinas y sobrinos en un mundo distinto del nuestro” y no encontraron respuestas suficientes. Después de toda la investigación, ¿qué consideran que es lo más importante que quieren transmitir, o con lo que quieren que los lectores se queden?
- Las pantallas en general, y los teléfonos en particular, forman parte de nuestra vida e influyen en nuestro cuerpo, nuestra cognición y nuestra salud mental. Eso es un hecho y es realmente muy difícil evitar esa presencia y esa influencia.
Entonces, lo que necesitamos es, primero, conocer cómo funcionan; cuáles son esos efectos y por qué se producen. Pero con eso no alcanza; también es necesario que entendamos cuál es el costo real de desconectarnos y cuáles son sus verdaderos beneficios. Reducir el uso de pantallas, realizar actividades que sean verdaderamente gratificantes, mejorar la cantidad y la calidad de nuestros vínculos; todo esto forma parte del mismo combo.
Al dejar de ser consumidores pasivos del teléfono y, en cambio, adoptar una mirada más autónoma y más crítica, no nos estamos perdiendo nada. El FOMO aprovecha mecanismos sociales y cognitivos, útiles para sobrevivir y relacionarnos con los demás, para engancharnos en un círculo vicioso donde las pantallas nos deprimen y, porque nos deprimimos, consumimos más pantallas. Por eso es clave romper el círculo y volver a tomar las riendas de nuestra atención, nuestra salud mental y nuestras emociones.
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