08/09/2026 08:05
Eduardo Castex
Impacto Castex
ESPECTACULOS

Un día dentro de la fábrica del espectáculo más original de Buenos Aires

Un día dentro de la fábrica del espectáculo más original de Buenos Aires

Una cronista de Clarín participó de un workshop exclusivo con los integrantes de Stomp, la compañía británica que hace música con tubos, tachos, baldes y escobas. La primera conclu

Todavía no somos ni cinco los que llegaron al workshop de Stomp en el Teatro Ópera y arriba del escenario, uno de los integrantes está sentado sobre un balde de pintura de 20 litros. Con dos palos de bambú golpea algunos caños negros de distintos tamaños y arma melodías que, por ahora, solo parecen tener sentido para él y sus compañeros. Otro hace lo mismo desde un tacho azul. Se miran, hacen gestos serios, prueban una combinación y vuelven a empezar. Sólo ellos parecen entender esas caras.

Opal Edmonds, Joshua Cruz, Rob Shaw y Jamie Welch son los encargados de recibirnos. Joshua, puertorriqueño y el único que habla español, se convierte también en traductor entre los diez invitados -periodistas e influencers- y sus compañeros, que se manejan en inglés.

Stomp regresó a Buenos Aires después de 16 años y se presenta hasta el 13 de septiembre en el Teatro Ópera. El espectáculo, creado por Luke Cresswell y Steve McNicholas en 1991, convirtió objetos cotidianos en instrumentos y mezcló percusión, teatro físico, danza y humor. La compañía actual tiene 12 integrantes, aunque ocho participan de cada función. Se van alternando para poder descansar después de un show que requiere mucho desgaste físico.

Pero una cosa es verlo y otra bastante distinta es intentar hacerlo.

Parece fácil, no lo es

Video

Así se vive Stomp desde adentro.

La primera demostración es con las manos y los pies. Palmas, golpes y pisadas. Ellos lo hacen con una naturalidad casi irritante para los novatos en estas lides.

Algo que los cuatro stomp tienen en común es que los zapatos están gastados en las puntas. Algunos tienen hasta cinta aisladora. Después, Joshua explica, en charla con Clarín, que se debe a que los deslizamientos y movimientos, que incluyen las pasadas del show, destruyen el calzado. Por eso los integrantes pueden gastar alrededor de 200 dólares para renovar las suelas de sus botas.

Stomp sorprende durante los 100 minutos de su show en el Ópera y también en las explicaciones para periodistas e influencer en su workshop´. Foto: Fernando de la Orden

Nos invitan a repetir la secuencia. Parece fácil, no lo es.

Primero hay que seguir los pasos. Después, recordar el orden. Y finalmente intentar que todo eso coincida con el ritmo. “Si pueden cantar, lo pueden bailar”, dice Joshua para motivarnos. Entonces empezamos a corear: “Tun, tu, cu, tan”.

De a poco, los pasos aparecen. La coordinación con las notas es otro asunto, ja. Pero la vergüenza empieza a correrse hacia un costado. Pues éramos 13 desconocidos intentando coordinar una coreografía que ninguno había hecho antes.

Después de varias pasadas y de equivocarme en casi todas, ya no importa demasiado.

Así se ven los zapatos de Joshua Cruz, el puertoriqueño que es uno de los doce integrantes de Stomp. Foto: Fernando De La Orden

Llega el momento del solo.

Nos ponemos en ronda y vamos pasando de a uno. La consigna es sumarse a la melodía que acabamos de aprender y seguir haciendo ruido, pero ahora en el medio de todos.

Cuando llega mi turno, entre tantos extranjeros, elijo un zapateo folclórico con unas botas texanas marrones que no son precisamente el calzado ideal para Stomp. Pero al salir de la redacción no había muchas opciones.

Para entonces, siete de los diez invitados ya estamos entregados a la experiencia. La vergüenza quedó atrás. Ahora queremos ver hasta dónde podemos llegar.

Periodistas e influencers fueron parte del Wordshop de Stomp en el escenario del Teatro Opera. Foto: Fernando De La Orden.

Un tubo, un número y un sonido

El siguiente ejercicio parece todavía más extraño. Hay una fila de tubos negros. A simple vista parecen iguales, pero cada uno tiene un número y produce un sonido diferente según su tamaño.

Ellos, los expertos, hacen una demostración. Se equivocan de orden. Cambian de lugar. Prueban otra vez. Nadie entiende nada. Solo ellos.

Después, nosotros los inexpertos, nos ponemos uno al lado del otro. Jamie Welch queda al frente de esta especie de orquesta improvisada. Cuando golpea tres veces los palillos de batería, empezamos.

Cada tubo negro tiene un número y produce un sonido diferente según su tamaño. Foto: Fernando de la Orden

Cada uno golpea su tubo contra el piso siguiendo el orden. A mí me toca el número siete. La número uno marca el ritmo: fuerte, despacio, más rápido.

Después hay que caminar agachados y seguir golpeando en el mismo orden.

Las carcajadas son inevitables, pero la concentración termina ganando. Entre todo el revuelo, hay que encontrar al compañero que tiene el número anterior, esperar el momento exacto y no adelantarse.

Es ahí cuando empiezo a entender algo de Stomp, o creo entender algo. El secreto no está solamente en hacer ruido. Está en saber exactamente cuándo hacerlo.

Joshua lo sabe bien. Antes de cada función, los integrantes hacen alrededor de una hora de práctica de los números más exigentes. Para aprender el espectáculo completo, en cambio, necesitan entre cinco y ocho semanas, aunque una rutina nueva puede demandar todavía más tiempo.

Joshua Cruz, Josh, como lo llaman, ingresó a la compañía hace ya una década. Debutó en Nueva York, giró por el sur de los Estados Unidos y en los últimos tres años recorrió Europa y Asia.Foto: Fernando de la Orden

Y el cuerpo también paga el precio. El espectáculo dura unos 100 minutos y es físicamente explosivo. El puertorriqueño, que tiene 38 años y lleva una década en la compañía, cuenta que cada integrante encuentra su propia manera de entrenar. Él corre, va al gimnasio y, desde hace un tiempo, incorporó proteína y creatina.

No entrenan necesariamente juntos. A veces uno le pregunta al otro si va al gimnasio y terminan entrenando como amigos. “Es como una familia”, dice.

La escoba no sólo sirven para barrer

El último ejercicio es con escobas. Y ahí aparece una de las rutinas favoritas tanto de los integrantes como del público.

Ellos vuelven a demostrarla. El sonido es limpio, casi hipnótico.

La consigna es golpear una vez y hacer cuatro movimientos de barrida hacia adentro. Una vez más, parece sencillo. Una vez más, no lo es.

La pasada con escobas fue la tercera consigna del Workshop de Stomp en el Teatro Ópera. Foto: Fernando de la Orden

Hay que coordinar las manos, los pies, el golpe, la dirección y el momento exacto. Cuando sale, el sonido tiene algo adictivo.

Y entonces termina el workshop.

"La experiencia fue espectacular", describe Lucho Pellegrini, uno de los invitados al taller. Dice que Stomp es una gran fuente de inspiración, desde que vio por primera vez la película en VHS a sus 10 años. "Haber podido jugar con algunas de las rutinas clásicas del show, fue increíble".

No hubo instrumentos tradicionales. No hubo partituras. No hubo una canción conocida. Pero si hubo palmas, pisadas, tubos y escobas. Sobre todo, hubo muchas risas.

Así viven los chicos y chicas Stomp como Joshua, que diez años después de formar parte de la compañía lleva recorridos más de 22 países. Esta es su segunda visita a la Argentina y, cuando no está de gira, vive en Puerto Rico, donde trabaja como fotógrafo y crea contenido para restaurantes y turistas.

Las giras pueden durar cuatro, 16 o 20 semanas. Eso significa pasar buena parte del año lejos de casa. “No puedo tener perro ni carro ni planta, porque no hay nadie para cuidarlo”, cuenta entre risas.

La compañía funciona como una pequeña familia. Hay artistas de varios países y muchas historias distintas. Algunos tienen pareja, otros viajan para encontrarse con sus familias en cumpleaños o Navidad. Después vuelven a compartir escenario. Y hasta hay quienes llevan a sus hijos a los ensayos para combinar la rutina.

En total, son 12. Cada noche actúan ocho. Ese sistema permite que alguien tenga un día libre mientras el espectáculo continúa.

El ruido después de Stomp

Antes de irme, le pregunto a Joshua si después de tantos años cambió su manera de escuchar. Se ríe. “Eso es la vida de un músico”, dice y agrega que esa es la idea de su espectáculo: "Que el público salga del teatro y escuche distinto. Un tren. Una bocina. Una rueda. Una puerta. Una botella. Cualquier cosa puede convertirse en ritmo".

"Stomp", el espectáculo más original que se presenta en Buenos Aires. Foto: Prensa

Horas después de salir del workshop, camino por la ruidosa ciudad de Buenos Aires y empiezo a escuchar todo de otra manera. El respiro que dispara un colectivo tiene ritmo. Las llaves que llevo en la mano a una cuadra de llegar a casa pueden servir para armar una melodía.

Stomp se presenta en el Teatro Ópera, Corrientes 860, hasta el domingo 13 de septiembre. Las funciones son este martes 8, miércoles 9, jueves 10 y 11 a las 21; el sábado 12 a las 18.30 y 22; y el domingo 13 a las 18.30 y 22.

Comentarios

Debes iniciar sesion o registrarte con una cuenta de lector para comentar.

Todavia no hay comentarios aprobados.