Cuando Lucas Calabrese atiende el teléfono, en su voz asoma el cansancio lógico de quien acaba de cruzar el océano. Regresó hace apenas unas horas de Nápoles, Italia, pero el reloj biológico descalibrado es un rival menor en su vuelta a Estados Unidos, donde ya pasa sus días rodeado de ingenieros y diseñadores. Sabe que las horas de sueño perdidas son un precio mínimo para subirse a una nave que supera los 100 kilómetros por hora y disfrutar de lo que él mismo define ante Clarín como "el pico más alto" de su carrera.
A los 39 años, el oriundo de Olivos -ganador de cinco títulos mundiales en distintas clases, medallista de bronce en Londres 2012 junto a Juan de la Fuente y participante en Río 2016- dio un nuevo paso en la elite de la náutica: fue designado timonel de babor del ARC Team USA, uno de los equipos desafiantes de la próxima Copa América de vela, considerada la competencia internacional más antigua del deporte y apodada la "Fórmula 1 del mar", cuya 38.ª edición se disputará en julio de 2027 en Nápoles.
Lucas Calabrese forma parte de la tripulación que competirá en Nápoles por la Copa América 2027. Foto: Cortesía ARC Team USA
Aunque, con cierto pudor, Lucas resume su presente como una oportunidad que "cayó del cielo", detrás hay años de trabajo silencioso en un circuito internacional en el que no resulta sencillo abrirse camino desde el exterior. Su recorrido también incluye una decisión importante: en 2017 inició los trámites para dejar de representar deportivamente a la Argentina y pasar a competir por Estados Unidos. Llevaba cuatro años radicado en Florida con el objetivo de asentarse en el competitivo mundo de la vela.
"Las primeras oportunidades me llegaron de grande por no estar vinculado a Estados Unidos. Viniendo de lejos, las cosas te cuestan el doble", reconoce hoy sobre el camino que inició a los seis años, cuando comenzó a navegar en el Río de la Plata y soñaba con la Copa América.
Calabrese viene de timonear una embarcación de 40 pies en la Regata Preliminar de Nápoles. Foto: Cortesía ARC Team USA
Hubo también "guiños del destino" que aceleraron su llegada a la elite. “En la última Copa América (Barcelona 2024) fui suplente del equipo American Magic. Uno de los titulares (Paul Goodison) se lesionó y entré a último momento. Lo hice bien y, aunque el equipo se disolvió, seguí compitiendo hasta que se formó este nuevo y me llamaron. Es algo que antes ni pensaba. Uno va creciendo y piensa que la chance pasó", relata.
La Copa América tiene un formato particular: el campeón defensor, Emirates Team New Zealand, espera en la final al vencedor de una competencia previa entre los equipos desafiantes. La preparación para la próxima edición ya tuvo su primer examen en la Regata Preliminar de Nápoles, disputada a fines de septiembre, donde Calabrese timoneó una embarcación de la clase AC40 y consiguió el cuarto puesto de la clasificación general. "Los dueños del equipo están contentos. No había mucha expectativa porque nos formamos como equipo un poco tarde en comparación al resto, lo cual es bueno así la presión es menor", analiza.
Ahora busca acostumbrarse a una vorágine acuática diferente a la que rigió su carrera. "Los barcos son muy desarrollados, parecen del futuro. Nada que ver con aprender a navegar. Es otro deporte prácticamente", advierte. "El volante es parecido al de un auto de carrera. Tenés doce o catorce controles que estás manejando mientras estás timoneando", explica Lucas sobre el día a día que vive para domar a una bestia acuática junto al local Harry Melges IV (timonel de estribor).
"Estas embarcaciones tienen la particularidad de ser partidas: de un lado van dos personas y del otro lado van otros dos. No ves del otro lado. Entonces la comunicación es clave para que funcione todo bien", describe sobre la exigencia de una competencia donde también debe lidiar con la barrera idiomática. "Yo hablo inglés, pero al no ser nativo a veces me pasa factura".
El verdadero examen, sin embargo, será acostumbrarse al AC75 que se utilizará en la Copa América. "Venimos de correr con el AC40, que es de 40 pies. Alguien que no entiende dice 'ah, es manejar una versión más grande', pero es muy diferente porque, además del tamaño, los AC40 son todos iguales y en el AC75 cada equipo diseña sus partes”, explica.
Foto: Cortesía ARC Team USA
Por eso, Lucas no se relaja: "Por más que no compitas, todos los días son una prueba de fuego. Día a día te están midiendo. En la Copa América se supone que podés hacer todas bien", sostiene. A sabiendas de esa exigencia, se toma los segundos necesarios para enfriar la cabeza y asimilar: "No hay dudas de que profesionalmente es mi mejor momento. Si bien la medalla en 2012 fue lo que más me cambió, esto a nivel deportivo, y por dificultad, es lo más demandante".
-¿Este Lucas le debe algo a aquel que se forjó navegando a pulmón en el Río de la Plata?
-Sin dudas. La cualidad más importante que te queda cuando salís de Argentina es rebuscártela con lo que tenés y no ser pretencioso. Me hubiese gustado disfrutar más cuando era chico. Lo que sentía como un impedimento hoy es una bendición porque te forma la cabeza de una manera única. Por ejemplo, hoy estoy espectacular, pero de repente hay reclamos de compañeros a los ingenieros y decís: "¡Mirá de lo que te estás quejando!".
-Viendo ese recorrido y tu presente, ¿queda algo por cumplir?
-Me gustaría cerrar el círculo y volver a hacer algo con Argentina de alguna manera. Estaría buenísimo poder armar un equipo argentino en el SailGP, la otra gran liga mundial de vela donde los barcos representan a naciones y donde Sudamérica ya tiene presencia a través de Brasil (Mubadala Brazil SailGP Team). Tenemos un montón de talento. Lo más difícil sería el lado económico. Hoy estoy enfocado en la Copa América, pero siempre me gustó la idea.
Mientras tanto, la identidad marca el pulso en su hogar de Florida, junto a su esposa, Pilar, y sus hijos, de seis y cinco años. "Estamos solos acá. Los lazos fuertes quedaron en Argentina. Cuando no estoy por trabajo, es un montón de laburo para Pilar; si no fuese por ella, no hubiese hecho nada", confiesa.
-¿Se hace algún intento extra por mantener las raíces en los chicos?
-Ellos nacieron en Estados Unidos y les gusta ver béisbol, pero por suerte está Messi en Inter Miami, eso lo tengo que agradecer, jaja. Se combinó todo. Mi hijo se hizo fanático de Messi, tiene todas las camisetas de todas las épocas. Así que está a full con el fútbol.
Fuera de los límites del hogar, las costumbres también viajan en su bolso. "El mate está presente siempre también. Cada vez me animo más a llevarlo a los entrenamientos y reuniones, jaja", suelta.
Foto: @lucascalabrese
La preparación no se detiene y el calendario empieza a apretar. "En noviembre ya estaríamos navegando el barco nuevo para la Copa América. Mientras, tenemos simuladores para practicar, pero no son tan parecidos a la realidad como los de la Fórmula 1, porque acá tenés la aerodinámica y la hidrodinámica que se mezclan".
El camino continuará con la competencia que definirá al desafiante de Emirates Team New Zealand. Hasta entonces, no habrá descanso. «No podemos perder la concentración», concluye el chico de Olivos, el mismo que aprendió a arreglarse con lo que tenía a mano en el río y hoy compite en la elite de la vela mundial.
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