El Superclásico de la sexta fecha postergada del Torneo Clausura permanecía trabado en un empate 1 a 1. Pero el área rival es, desde hace más de un cuarto de siglo, el hábitat natural de una sola persona. Cuando la pelota quedó viva en el arco de Lara Esponda, ahí apareció ella.
Con el cuchillo entre los dientes, como ella misma describe, Andrea Susana Ojeda empujó la pelota al fondo de la red para sellar el 2-1 definitivo de Boca Juniors sobre River Plate en el último suspiro del partido. “Es la euforia y la alegría de poder ayudar al equipo. Era un momento especial, por eso me saqué la camiseta y lo festejé así”, relató a Clarín luego de la victoria en territorio millonario.
Otra vez la histórica ‘9’. Otra vez la mujer que reescribió las páginas del club de La Ribera. La confirmación de una vigencia que desafía el paso del tiempo. A sus 41 años, Ojeda volvió a demostrar por qué su nombre está grabado con letras de oro en la historia del fútbol femenino. “Habíamos hecho un gran primer tiempo, después River pudo mejorar, pero nosotras supimos aprovechar la oportunidad que nos quedó. Fue un partido muy estudiado”, afirmó.
La historia de la máxima goleadora de Boca no empezó entre lujos. Nació el 17 de enero de 1985 en Glew, en el sur del Gran Buenos Aires. En el barrio, forjó su pegada a puro potrero, aunque al principio, por timidez, solo se limitaba a atajar en las esquinas de su casa.
Y siempre Ojeda…
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En 1997, con apenas 12 años, cruzó por primera vez las puertas de Boca para probarse. Convirtió dos goles en su primera práctica, pero la reglamentación de la AFA de aquel entonces exigía un mínimo de 14 años para competir oficialmente en Primera División.
Ni la Andrea de 41 ni la de 12 se conforman con un “no podés”. Eso es algo que, además de la humildad y la habilidad con la pelota en los pies, conserva hasta hoy.
En ese momento, tomó un DNI prestado para no ser rechazada por su corta edad y se presentó en Temperley, donde permaneció poco tiempo.
Cumplidos los 14, en 1999, se sumó definitivamente al Xeneize, primero como mediocampista central por su despliegue físico y pase simple y luego en la posición de centrodelantera. En su debut oficial como titular en 1999 ante Estudiantes de La Plata, ingresó y marcó un hat-trick de cabeza. Ese mismo año, firmó su primer grito superclásico contra River con otro frentazo inolvidable para ganar 1-0. “Es un partido que hay que jugarlo al 100%, con el cuchillo entre los dientes”, afirmó.
Desde allí colecciona incontables hitos e incontables goles. Durante mucho tiempo, las estadísticas del fútbol femenino argentino habitaron en la sombra de la precariedad institucional. Sin embargo, se logró reconstruir su archivo personal, que consta de más de 560 goles oficiales con la camiseta de Boca Juniors y supera con creces las marcas de jugadores como Martín Palermo.
De ese medio millar de festejos, unos 450 corresponden a la etapa amateur del fútbol femenino, mientras que más de 100 fueron anotados en la era semiprofesional, que comenzó en 2019. “Es una alegría inmensa. Cuando hacés el gol es como, no sé, algo especial, no se puede explicar con palabras”, agregó.
Poder es que la gente te quiera mucho 🥹💙💛💙 pic.twitter.com/JubA21YlPi
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A los tres goles al ‘Pincha’ le siguieron diez goles a Tigre en 2001, nueve a Sportivo Barracas en 2004 y un boleto hacia el fútbol europeo en 2017, que la llevó a defender los colores del Fundación Albacete y del Granada CF en España hasta su retorno en 2019.
El llamado de Boca fue más fuerte y Andrea regresó justo para el amanecer del profesionalismo. En el Torneo Transición 2020 se consagró como la máxima artillera luego de convertir diez goles. Dos años más tarde, durante la campaña de 2022, rompió la barrera de los 500 goles oficiales con la camiseta xeneize frente a Villa San Carlos, misma temporada en la que finalizó nuevamente en lo más alto de la tabla de goleadoras con 20 tantos.
Además, Ojeda fue la pieza clave de aquel plantel que dio la recordada vuelta olímpica por primera vez en La Bombonera ante la mirada de más de 25.000 fanáticos e integró el equipo que alcanzó el subcampeonato en la Copa Libertadores Femenina de Quito, en lo que fue la mejor actuación de un equipo argentino en dicho certamen.
Su historia junto a la Selección Argentina tampoco es menor. Con la camiseta albiceleste integró la dorada gesta del Sudamericano 2006, donde el conjunto nacional derrotó a Brasil para coronarse campeón continental. Posteriormente, dijo presente en las citas internacionales más importantes del planeta, como la Copa Mundial de la FIFA en China 2007, los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 y los Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011.
Luego de una temporada con menos rodaje del habitual, en la que cedió el protagonismo a las promesas más jóvenes del club, el 2-1 en River Camp es la ratificación de una jugadora que sobrevivió a las épocas más oscuras del fútbol femenino. “Es un honor compartir con ellas, que son el futuro, y transmitirles la pasión. Estoy agradecida”, añadió.
Cuando la pelota tocó la red, todas sus compañeras se fundieron en un solo grito, testigos de la calidad de una futbolista de 41 años que hace varias décadas marcó el camino para que ellas, y las que vendrán, pudieran jugar. “Quiero felicitar a mis compañeras que hicieron un gran esfuerzo. Yo entré un ratito y, gracias a Dios, me quedó a mí ahí. Haber ganado es un plus especial. Creo que venimos haciendo un torneo de menor a mayor y nos estamos afianzando bastante”, destacó.
Con 29 títulos en el bolsillo y más de 550 gritos de gol, la histórica ‘9’ de Boca hace de la persistencia un arte y despeja todo tipo de dudas. La reina está más vigente que nunca. “Prácticamente estamos definiendo la punta, así que con San Luis va a ser como una final”, concluyó.
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