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De día, oficinista; de noche, rey del trampolín: Santiago Ferrari, el jujeño campeón que persigue un sueño

De día, oficinista; de noche, rey del trampolín: Santiago Ferrari, el jujeño campeón que persigue un sueño

Los Juegos Suramericanos en Santa Fe regalan historias que son un ejemplo. Santiago es el primer argentino en ganar un mundial de su disciplina, pero trabaja en una empresa y estud

Son las 8.30 de la mañana en la Villa Suramericana y el sol apenas comienza a entibiar el complejo donde descansan los atletas en los Juegos Suramericanos. A lo lejos, la figura de Santiago Ferrari se distingue con una sonrisa de oreja a oreja. Recién desayunado, camina con una sencillez que desmiente su estatus: a sus 22 años, el jujeño es un referente histórico de la gimnasia de trampolín tras ser el primer argentino campeón del mundo en la especialidad doble mini tramp, que no es olímpica, en Santarém 2023. Cuando se acerca, su timidez es evidente.

Su mañana comenzó mucho antes. “Hoy que teníamos libre, aproveché. Me gusta levantarme temprano, siento que es la parte más pura del día. Obligo a mis compañeros a madrugar, así desayunamos juntos, contamos anécdotas y disfrutamos el momento”, le cuenta a Clarín. El deporte de alto rendimiento es para él una excusa perfecta para forjar lazos.

Santiago Ferrari sueña con clasificar a los Juegos Olímpicos 2028. Foto: @santiagofferrari.

Su debut en los Juegos Suramericanos se dio ayer: fue quinto en sincronizado masculino junto a Tobías Weise y octavo en sincronizado mixto con Valentina Podestá. Pero no deja de ser el mismo.

La lógica podría invitar a imaginar que un campeón del mundo se enfoca en perfeccionar su técnica. Pero la realidad de Santiago es diametralmente opuesta. En su amado San Salvador de Jujuy, tierra de la que jura que jamás se mudará, sus días son un rompecabezas de responsabilidades. De lunes a sábado, trabaja desde las 8 en atención y ventas de una empresa. Recién a las 16 comienza su entrenamiento hasta las 18.30. Sin pausas, hasta las 20 da clases de gimnasia. Y al caer la noche, estudia. “Estoy con Administración Agraria virtual. Hice dos años de Ingeniería Agrónoma presencial y me costó un montón; los profes me decían: ‘Santiago, arreglátelas’. Era imposible. Ahora estoy a full con esto, y si Dios quiere, el año que viene me recibo”, detalla.

Sobre cómo soporta esta carga a diario, responde con madurez: “Siento que uno descansa cuando se va para arriba, entonces trato de disfrutar al máximo. En la habitación de la Villa hay un cartel con la frase ‘memento mori’ (hay que saber que uno va a morir). Hay que vivir el día a día”.

Foto: Fernando de la Orden / Deportes - FTP CLARIN.

Sin embargo, también admite que el título del mundo trajo consigo una mochila que, al principio, amenazó con quebrar su templanza. "Al principio era un peso. Yo me lo puse siempre solo. Pero últimamente lo estoy manejando muy bien, estoy trabajando con un psicólogo deportivo y eso me ayuda, porque en este deporte la cabeza influye muchísimo", expresa con sinceridad y sin borrar la sonrisa. Reconoce entonces que su disciplina es fascinante pero cruel. “En 20 segundos se define todo, es duro para la cabeza”, sentencia.

-¿Te pasó de perder ese eje y sentir que la cabeza no estaba centrada para competir?

-Sí, el año pasado tuve una lesión en el tobillo. No me sentía bien en las competencias y es donde ahí dije 'basta'. Con mucho tiempo de psicólogos y de coaching pude salir adelante (...) Recuperé la emoción que había perdido por estar en el aire, llegué a plantearme dejar todo.

Como suele ocurrir en el alto rendimiento, para llegar a la cima el jujeño tuvo que dejar de lado etapas irrecuperables de la adolescencia. "Hice muchos sacrificios para llegar hasta acá. De chico no pude estar en mi Cena Blanca, en el viaje de egresados... todos mis amigos se iban de fiesta y yo me quedaba. Pero tenía bien claro mi objetivo y no me arrepiento de nada. Valió toda la pena".

-¿Cuánto influyó tu familia en ese proceso?

-Mis viejos son mi sponsor principal de toda la vida. Mi viejo es kinesiólogo y siempre me ayuda; mi mamá siempre está al pie del cañón. Para un torneo internacional donde me iba al Mundial de Dinamarca (en 2015), los vi pegarse una endeudada… Los vi sufrir por un capricho mío, al menos lo veo de esa manera. Siempre estuvieron para mí. Se los agradezco un montón, sin ellos no estaría acá. Lo que me dicen es: 'Si vos sos feliz, mandale para adelante que es lo que tenés que hacer'.

Hoy, Santiago encuentra el respaldo afectivo también en su pareja, Mercedes, con quien convive y a quien define como su mano derecha, aunque con una dinámica particular. "Me caga a pedos", suelta con una carcajada contagiosa. "Ella quiere que yo sea influencer, que vea a los otros deportistas cómo se promocionan a sí mismos. Y yo soy más tranquilo, me da un poco de vergüenza la cámara. Pero siempre me está molestando para mejor. Ahora empecé a hacer varios videos y me hablaron de un club de musculación en Jujuy, de lugares de comida... las redes son importantes porque te abren puertas", reconoce.

Al hablar le resulta imposible no tocar la economía del deporte amateur, en donde se sabe privilegiado. “El mes que viene nos vamos a una gira con mi entrenador por Alemania, España y China, torneos que sirven para ganar experiencia porque el año que viene son clasificatorios a los Juegos Olímpicos 2028. Por suerte, esta vez el ENARD se puso la 10 y me pagó todo el viaje. Lo único que yo pagué fueron las inscripciones, que es un gasto mínimo comparado con todo lo demás. Hace dos años que vienen apoyándome. Sin el apoyo de ellos, yo nunca hubiera hecho estos viajes", expresa con modestia.

Es que no es ciego al ver la contracara de la moneda que atraviesan sus pares. "A mis compañeros no los ayudan en nada. Es como que son totalmente descartables. Ellos siempre, con toda la buena onda, hacen lo que sea para juntar la plata. Verlos así duele, por eso trato de darles una mano, compartir sus videos para que crezcan", reflexiona.

En ese sentido, encuentra una explicación a los buenos resultados de los atletas nacionales en estos Juegos Suramericanos. “Lo que tiene Argentina diferente al resto en el deporte es que pone mucho huevo. Ya no hay economía que valga ni nada. El argentino tiene muchas ganas y quiere llevarse el mundo por delante”, analiza. Aunque no deja de lado las consecuencias de que todos no puedan competir en el exterior: "El roce siempre hace falta. En Europa cada mes tienen una competencia, a nosotros nos falta sentir los nervios de un torneo de alto nivel, porque no es lo mismo cuando estás entrenando", sentencia.

-¿Qué significa volar para vos?

-Sentís la cosquillita en la panza. Es sentir que estás en el aire y que te estás burlando de la fuerza de gravedad. Ves todo desde arriba, es hermoso. Y encima poder dar vueltas con un montón de giros es espectacular.

-¿Qué le dirías al Santiago de ocho años que soñaba con competir?

-Que siga metiendo porque todavía no fuimos a los Juegos Olímpicos. Prefiero estar en Los Angeles 2028 antes que tener la carrera financiada de por vida. Para eso estoy estudiando y creciendo en otro ámbito que no sea solamente en el deporte, sé que esto no es para siempre

-¿Tenés algún ritual innegociable antes de subir al trampolín?

-Acaricio el trampolín y le digo: "Dale, vamos, ayudame en esta". Siempre lo hice de muy chico y me motiva.

Solo resta esperar que esa cábala traiga éxitos bajo el cielo rosarino y lo impulse más cerca de su sueño olímpico.

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