El Banco Central (BCRA) admite hoy que el proceso de desinflación de la economía en marcha enfrenta, en el primer trimestre de este año, “riesgos de carácter estacionales y transitorios” e incertidumbre, debido al cambio en la composición de la canasta del Índice de Precios al Consumidor (IPC) que comenzará a aplicar el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec).
La visión aparece en la primera publicación del informe trimestral de política monetaria que hizo esta gestión para compartirle a la sociedad su análisis “sobre la coyuntura económica nacional e internacional, evaluar la dinámica inflacionaria y sus perspectivas”.
Publicamos el Informe de Política Monetaria (IPOM) de diciembre 2025.
Para acceder al informe completo:https://t.co/PlzRD2mwzH#IPOMBCRA pic.twitter.com/nfSKoIUeRG
— BCRA (@BancoCentral_AR) January 29, 2026
Allí menciona, entre los factores de riesgo, “la estacionalidad del agrupado Carnes y derivados en el período noviembre-marzo que puede afectar la categoría Núcleo del IPC”.
La entidad, que no arriesga ninguna estimación sobre la inflación en este período y recuerda que no trabaja con “metas de inflación”, menciona en segundo orden “la corrección prevista en las tarifas residenciales de electricidad y gas por la readecuación del esquema de subsidios, con impacto en la categoría Regulados”.

A eso agrega el impacto derivado de los nuevos ponderadores de la canasta de consumo del IPC anunciado por el Indec, que hacen que en el nuevo índice de enero, por conocerse el 10 de febrero, tengan mayor peso por caso los servicios (Vivienda/tarifas sube al 14,5% y Transporte al 14,3%), mientras se reduce la ponderación de la categoría Alimentos y Bebidas, según los datos censales recogidos por ese organismo en 2017/18 para reflejar patrones de consumo más actuales.
Vale recordar que, según los cálculos de analistas, la aplicación de este nuevo criterio hubiera significado que la inflación en 2025 se ubicara entre 2,5 y 3 puntos por encima del 31,5% reportado oficialmente, con la canasta de consumo “vieja”.

El BCRA, no obstante, dice que este período de incertidumbre no pone en riesgo el proceso de desinflación hacia adelante y reitera que espera que, una vez superadas las presiones transitorias e internalizados los cambios metodológicos de la actualización del IPC, “la inflación profundice su tendencia a la baja”.
Especialmente, porque confía que, al mantener un “sesgo contractivo de la política monetaria” y esperar una “mayor estabilidad cambiaria esperada”, y registrarse a la vez una “reducción en la inercia inflacionaria” (implícita, por ejemplo, en los acuerdos salariales), la nominalidad de la economía tendría una tendencia a la baja asegurada en el segundo trimestre del año.

De hecho, menciona que los indicadores de inflación de alta frecuencia “ligados al rubro de alimentos” que monitorea “ya muestran durante las primeras semanas de enero una moderación de las presiones sobre precios en productos que no están sujetos a factores estacionales”.
La entidad a cargo de Santiago Bausili reitera en este informe su optimismo sobre un aumento de sus reservas a partir del crecimiento que espera en la demanda de pesos y de “la mejora esperada de las condiciones de financiamiento externo” a partir de “una cosecha fina récord y ante las buenas perspectivas para la cosecha gruesa”.
“En igual sentido contribuirían los envíos de hidrocarburos y minerales, a medida que maduren los proyectos existentes y se agreguen nuevos al amparo del RIGI. Por su parte, las importaciones de bienes acompañarán la expansión económica, bajo elasticidades que se normalizarán hacia parámetros históricos”, detalla, antes de recordar que, según el Relevamiento de Expectativas de Mercado, los analistas esperan para este año un superávit comercial de US$10.498 millones, con crecimiento tanto de las exportaciones (5,1%) como de las importaciones (5,7%).
Sin embargo, dice que ese aumento de sus reservas (que estima con un piso de US$10.000 millones para el año) dependerá en definitiva “de las posibilidades de acceso del Tesoro a los mercados internacionales para refinanciar la deuda externa” que vaya venciendo.

En este sentido, estima que los medios de pago privados transaccionales (M2 privado) podrían experimentar durante este año “una remonetización cercana a 0,6% del Producto Bruto Interno” y que, “como parte de la moderación antes mencionada, esa expansión durante el primer trimestre sería de sólo el 0,1% del PBI”.
La entidad lo admite en su primera publicación del Informe Monetario Trimestral, ante los ajustes proyectados en precios regulados y el impacto que tendrá la aplicación del nuevo IPC

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