La Voz
La Confederación General del Trabajo (CGT) volvió a marcar distancia del proyecto de reforma laboral que el Gobierno nacional buscará aprobar en sesiones extraordinarias en febrero. En una entrevista con La Voz en Vivo, el cosecretario general Jorge Sola sostuvo que los cambios propuestos “empeoran la situación laboral”, benefician a un puñado de “grandes grupos empresarios” y avanzan sobre principios constitucionales, al tiempo que la central mantiene conversaciones con gobernadores y senadores para introducir modificaciones y no descarta un nuevo paro general.
–¿Todo el proyecto en sí lo considera negativo y hay algunas cuestiones que están dispuestos a discutir?
–En principio, lo que tiene que ver con los intereses de los trabajadores, individuales y colectivos, atraviesa una fuerte contradicción respecto de ese concepto de modernización que se pretende instalar románticamente. Muy por el contrario, los derechos de los trabajadores se van a ver conculcados. Después, tratar de fomentar el ingreso a la formalidad de empleados informales, que significan el perdón de multas o la disminución de aportes y contribuciones, es una estrategia que ya la han intentado otros gobiernos y que no da resultado. Lo que genera trabajo no es el cambio de relaciones entre un empleador y un trabajador, sino una inversión productiva, y eso en este Gobierno todavía no se vislumbra.
–Las empresas dicen “no invertimos porque las relaciones laborales, tal como están hoy arrastradas desde los marcos normativos de la década del 70 impiden tener un marco sustentable de desarrollo o de inversión aquí en Argentina”. ¿Es así?
–Reformular una ley que atraviesa a toda la sociedad de trabajo, como la ley de contratos de trabajo, no va a modernizar ni a darle el incentivo a los inversores productivos para que, entre comillas, se abarate el costo laboral. Lo que va a hacer es atravesar de manera igual a todas las actividades y no todas tienen la misma solución. La verdadera modernización (y lo que necesita el empresario inversor) se hace dentro de los convenios colectivos de trabajo. En este país hay una herramienta fundamental para modernizar el mundo del trabajo y para que ambas partes tengan ganancia. Y esa herramienta es el convenio colectivo de trabajo. El que sabe en energía cómo se modifican sus condiciones es el que invierte en energía y el trabajador que está en energía. Hay ejemplos de esto: Vaca Muerta no tiene el mismo convenio colectivo de trabajo que tienen toda la Argentina los trabajadores que allí están, que son camioneros de la Uocra de construcción, petroleros, mineros. Córdoba es un gran ejemplo con Smata, que ha firmado acuerdos específicos para la producción automotriz.
–¿Cuál cree que es el objetivo del Gobierno?
–Varios. Por lo pronto, tratar de abaratar el costo a través del costo salarial; no el costo laboral, sino el costo salarial. Por ejemplo, al tratar de hacer un fondo de indemnizaciones tomándolo del salario diferido del trabajador, que es el salario que va a la jubilación. Otro ejemplo, bajar el impuesto a las ganancias en las sociedades. Y también tiene un fuerte sesgo ideológico que es ver a las representaciones gremiales como adversarios políticos. Y, en realidad, lo que tienen que entender es que nosotros defendemos los intereses de los trabajadores. Los intereses no tienen ideología política.

–¿A quién beneficia esta reforma?
–Económicamente, hay 15 grupos empresarios que se van a ver beneficiados con la baja del impuesto a las ganancias. La segunda es que va a tener un cambio en las miradas de negociación, porque la ley busca igualar en la negociación el empleador con el trabajador, y la verdad que esa discusión atrasa muchísimo. La propia Constitución dice que el principio protectorio del derecho del trabajo es hacia la parte más débil de la relación contractual que es el trabajador, con lo cual quienes se van a beneficiar son los empleadores, los grandes empleadores. La CGT quiere que todos sean ganadores, que haya un mundo de trabajo más moderno, que haya más trabajo, que haya trabajo genuino y formal.
–¿Qué sería para ustedes modernizar?
–En Argentina hay 30 ó 40 grandes convenios colectivos de trabajo que ocupan a la mayoría del trabajo formal. Modernizar es abrir a esos 30 convenios colectivos a una negociación con mirada hacia el futuro y con participación de todas las partes. No le estamos diciendo que no es posible modernizar, decimos que debe hacerse de otro modo.
–¿Y cuáles son las opciones que maneja la CGT? ¿Van hacia más protestas?
–Estamos hablando con los senadores de todo el arco político y con los gobernadores para decirles que necesitamos cambiar las reglas de trabajo, pero tiene que ser en búsqueda de beneficios mutuos; y esos beneficios mutuos tienen que ser en una mesa donde se discuta, no es hacerlo en forma apresurada en sesiones extraordinarias. Luego, por supuesto, la posibilidad de la protesta está. Lo hicimos en diciembre y tuvimos un pequeño triunfo táctico p porque ese mismo día que convocamos a la protesta, la senadora Patricia Bullrich tuvo que postergar el tratamiento para febrero.
–¿Este plan de acción puede terminar el mismo febrero con un paro general?
–Sí, claro. Las protestas van a existir. Este proyecto tiene tintes inconstitucionales. Entonces, si se llegara a votar afirmativamente, no va a generar más trabajo, sino que ni siquiera va a poder ser cumplible, porque la justicia va a actuar sobre esto porque, si sale como está, vamos a judicializarla.
La Confederación General del Trabajo (CGT) volvió a marcar distancia del proyecto de reforma laboral que el Gobierno nacional buscará aprobar en sesiones extraordinarias en febrero. En una entrevista con La Voz en Vivo, el cosecretario general Jorge Sola sostuvo que los cambios propuestos “empeoran la situación laboral”, benefician a un puñado de “grandes grupos empresarios” y avanzan sobre principios constitucionales, al tiempo que la central mantiene conversaciones con gobernadores y senadores para introducir modificaciones y no descarta un nuevo paro general.–¿Todo el proyecto en sí lo considera negativo y hay algunas cuestiones que están dispuestos a discutir? –En principio, lo que tiene que ver con los intereses de los trabajadores, individuales y colectivos, atraviesa una fuerte contradicción respecto de ese concepto de modernización que se pretende instalar románticamente. Muy por el contrario, los derechos de los trabajadores se van a ver conculcados. Después, tratar de fomentar el ingreso a la formalidad de empleados informales, que significan el perdón de multas o la disminución de aportes y contribuciones, es una estrategia que ya la han intentado otros gobiernos y que no da resultado. Lo que genera trabajo no es el cambio de relaciones entre un empleador y un trabajador, sino una inversión productiva, y eso en este Gobierno todavía no se vislumbra.–Las empresas dicen “no invertimos porque las relaciones laborales, tal como están hoy arrastradas desde los marcos normativos de la década del 70 impiden tener un marco sustentable de desarrollo o de inversión aquí en Argentina”. ¿Es así?–Reformular una ley que atraviesa a toda la sociedad de trabajo, como la ley de contratos de trabajo, no va a modernizar ni a darle el incentivo a los inversores productivos para que, entre comillas, se abarate el costo laboral. Lo que va a hacer es atravesar de manera igual a todas las actividades y no todas tienen la misma solución. La verdadera modernización (y lo que necesita el empresario inversor) se hace dentro de los convenios colectivos de trabajo. En este país hay una herramienta fundamental para modernizar el mundo del trabajo y para que ambas partes tengan ganancia. Y esa herramienta es el convenio colectivo de trabajo. El que sabe en energía cómo se modifican sus condiciones es el que invierte en energía y el trabajador que está en energía. Hay ejemplos de esto: Vaca Muerta no tiene el mismo convenio colectivo de trabajo que tienen toda la Argentina los trabajadores que allí están, que son camioneros de la Uocra de construcción, petroleros, mineros. Córdoba es un gran ejemplo con Smata, que ha firmado acuerdos específicos para la producción automotriz. –¿Cuál cree que es el objetivo del Gobierno?–Varios. Por lo pronto, tratar de abaratar el costo a través del costo salarial; no el costo laboral, sino el costo salarial. Por ejemplo, al tratar de hacer un fondo de indemnizaciones tomándolo del salario diferido del trabajador, que es el salario que va a la jubilación. Otro ejemplo, bajar el impuesto a las ganancias en las sociedades. Y también tiene un fuerte sesgo ideológico que es ver a las representaciones gremiales como adversarios políticos. Y, en realidad, lo que tienen que entender es que nosotros defendemos los intereses de los trabajadores. Los intereses no tienen ideología política.–¿A quién beneficia esta reforma?–Económicamente, hay 15 grupos empresarios que se van a ver beneficiados con la baja del impuesto a las ganancias. La segunda es que va a tener un cambio en las miradas de negociación, porque la ley busca igualar en la negociación el empleador con el trabajador, y la verdad que esa discusión atrasa muchísimo. La propia Constitución dice que el principio protectorio del derecho del trabajo es hacia la parte más débil de la relación contractual que es el trabajador, con lo cual quienes se van a beneficiar son los empleadores, los grandes empleadores. La CGT quiere que todos sean ganadores, que haya un mundo de trabajo más moderno, que haya más trabajo, que haya trabajo genuino y formal.–¿Qué sería para ustedes modernizar? –En Argentina hay 30 ó 40 grandes convenios colectivos de trabajo que ocupan a la mayoría del trabajo formal. Modernizar es abrir a esos 30 convenios colectivos a una negociación con mirada hacia el futuro y con participación de todas las partes. No le estamos diciendo que no es posible modernizar, decimos que debe hacerse de otro modo.–¿Y cuáles son las opciones que maneja la CGT? ¿Van hacia más protestas?–Estamos hablando con los senadores de todo el arco político y con los gobernadores para decirles que necesitamos cambiar las reglas de trabajo, pero tiene que ser en búsqueda de beneficios mutuos; y esos beneficios mutuos tienen que ser en una mesa donde se discuta, no es hacerlo en forma apresurada en sesiones extraordinarias. Luego, por supuesto, la posibilidad de la protesta está. Lo hicimos en diciembre y tuvimos un pequeño triunfo táctico p porque ese mismo día que convocamos a la protesta, la senadora Patricia Bullrich tuvo que postergar el tratamiento para febrero.–¿Este plan de acción puede terminar el mismo febrero con un paro general? –Sí, claro. Las protestas van a existir. Este proyecto tiene tintes inconstitucionales. Entonces, si se llegara a votar afirmativamente, no va a generar más trabajo, sino que ni siquiera va a poder ser cumplible, porque la justicia va a actuar sobre esto porque, si sale como está, vamos a judicializarla.

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