Lionel Messi está acostumbrado a hablar con la pelota. Dentro de la cancha, su lenguaje es universal. Pero cada vez que decide correrse del personaje y mostrar al hombre detrás del número 10, aparecen facetas desconocidas que sorprenden incluso a sus propios fanáticos.
Esta vez, en una entrevista con el canal de streaming Luzu, el capitán argentino se animó a ir más allá y fue contundente: “Soy más raro que la mierda”.
Messi se definió como una persona poco demostrativa en lo emocional, aunque aclaró que eso no significa falta de sensibilidad.
“Me cuesta demostrar y expresarme, pero por las personas que quiero de verdad, me gusta que estén siempre bien, hacerlas felices”, explicó al hablar de su vínculo con Antonela Roccuzzo, la madre de sus tres hijos. Reconoció, además, que tiene un costado romántico y detallista: “Me gusta dejar algún regalito. Una notita me cuesta más”.
La nota de Messi con Luzu:
En el plano personal, Leo confesó que disfruta mucho de la soledad, un rasgo que contrasta con la vida pública que lleva desde adolescente. “Me gusta mucho estar solo, sin el quilombo de la casa y los chicos corriendo para cualquier lado”, contó.
También habló de sus cambios de ánimo y de cómo pequeños detalles pueden afectarlo: “Mi estado de ánimo puede cambiar por boludeces. No hago terapia, soy muy de guardarme todo y comerme solo los problemas”.
Esa forma de procesar lo que le pasa tiene un costo. Messi admitió que cuando algo lo golpea fuerte, se bloquea y le cuesta salir. En ese contexto, sorprendió al revelar quién es el que logra romper ese silencio interno: su hijo Mateo. “Es uno de los pocos que puede sacarme de eso”, dijo, dejando en claro el rol central que ocupa la familia en su equilibrio emocional.
Otro aspecto que llamó la atención fue su obsesión por el orden. “Me gusta acomodar la ropa por color, no me gusta que me toquen nada, tengo que saber dónde está cada cosa”, relató. Incluso bromeó con que es más obsesivo que Antonela y que fue él quien la “cambió” en ese sentido.
En contraste, la casa es territorio de fútbol permanente: “Vivimos con la pelota todo el día. A Mateo es al que más le gustan los firuletes”, aunque aclaró entre risas que “adentro de la casa Antonela no nos deja jugar, mucho quilombo no podemos hacer”.
Sobre la exposición, Messi reconoció que prácticamente no recuerda la última vez que pasó desapercibido en un lugar público. Sin embargo, explicó que en el país donde vive actualmente puede moverse con mayor tranquilidad: “Hay muchos americanos, no les gusta tanto el fútbol”.
En Rosario, en cambio, elige el perfil más bajo posible. “No salgo de mi casa, o voy a lo de mi vieja o mi hermano. A mí me encanta, es lo más lindo que hay. Voy de casa en casa de la gente que quiero. Es verano, hace calor, me gusta y lo disfruto mucho”.
Sin poses ni discursos armados, Messi volvió a mostrar que detrás del mejor jugador del mundo hay una persona común, llena de manías, silencios y emociones. Un Leo sin filtro, tan humano como genial.
Lionel Messi está acostumbrado a hablar con la pelota. Dentro de la cancha, su lenguaje es universal. Pero cada vez que decide correrse del personaje y mostrar al hombre detrás del número 10, aparecen facetas desconocidas que sorprenden incluso a sus propios fanáticos. Esta vez, en una entrevista con el canal de streaming Luzu, el capitán argentino se animó a ir más allá y fue contundente: “Soy más raro que la mierda”.Messi se definió como una persona poco demostrativa en lo emocional, aunque aclaró que eso no significa falta de sensibilidad. “Me cuesta demostrar y expresarme, pero por las personas que quiero de verdad, me gusta que estén siempre bien, hacerlas felices”, explicó al hablar de su vínculo con Antonela Roccuzzo, la madre de sus tres hijos. Reconoció, además, que tiene un costado romántico y detallista: “Me gusta dejar algún regalito. Una notita me cuesta más”.La nota de Messi con Luzu:En el plano personal, Leo confesó que disfruta mucho de la soledad, un rasgo que contrasta con la vida pública que lleva desde adolescente. “Me gusta mucho estar solo, sin el quilombo de la casa y los chicos corriendo para cualquier lado”, contó. También habló de sus cambios de ánimo y de cómo pequeños detalles pueden afectarlo: “Mi estado de ánimo puede cambiar por boludeces. No hago terapia, soy muy de guardarme todo y comerme solo los problemas”.Esa forma de procesar lo que le pasa tiene un costo. Messi admitió que cuando algo lo golpea fuerte, se bloquea y le cuesta salir. En ese contexto, sorprendió al revelar quién es el que logra romper ese silencio interno: su hijo Mateo. “Es uno de los pocos que puede sacarme de eso”, dijo, dejando en claro el rol central que ocupa la familia en su equilibrio emocional.Otro aspecto que llamó la atención fue su obsesión por el orden. “Me gusta acomodar la ropa por color, no me gusta que me toquen nada, tengo que saber dónde está cada cosa”, relató. Incluso bromeó con que es más obsesivo que Antonela y que fue él quien la “cambió” en ese sentido. En contraste, la casa es territorio de fútbol permanente: “Vivimos con la pelota todo el día. A Mateo es al que más le gustan los firuletes”, aunque aclaró entre risas que “adentro de la casa Antonela no nos deja jugar, mucho quilombo no podemos hacer”.Sobre la exposición, Messi reconoció que prácticamente no recuerda la última vez que pasó desapercibido en un lugar público. Sin embargo, explicó que en el país donde vive actualmente puede moverse con mayor tranquilidad: “Hay muchos americanos, no les gusta tanto el fútbol”. En Rosario, en cambio, elige el perfil más bajo posible. “No salgo de mi casa, o voy a lo de mi vieja o mi hermano. A mí me encanta, es lo más lindo que hay. Voy de casa en casa de la gente que quiero. Es verano, hace calor, me gusta y lo disfruto mucho”.Sin poses ni discursos armados, Messi volvió a mostrar que detrás del mejor jugador del mundo hay una persona común, llena de manías, silencios y emociones. Un Leo sin filtro, tan humano como genial. La Voz

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