Europa decidió rearmarse incluso antes de la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, aunque ese acontecimiento acelerara los planes. El año pasado los 27 países de la Unión Europea aumentaron un 20% de media su gasto militar para llegar a un porcentaje de gasto sobre PBI que no se veía desde el fin de la Guerra Fría.
Europa se rearma por miedo a Rusia y porque desconfía de que Estados Unidos vaya a cumplir con sus obligaciones como miembro de la OTAN y vaya a acudir en su ayuda si al Kremlin se le ocurre atacar más países, además de Ucrania.
Pero el rearme, más allá de los problemas políticos que provoca en algunos países, de que el dinero tiene que salir de otras partidas de gasto o de más impuestos y de que ni siquiera la industria militar está siendo capaz de seguir el ritmo, genera un dilema. Porque rearmándose Europa está financiado a su enemiga rusa y a una potencial enemiga, China.
La industria europea necesita materias primas que debe importar, principalmente, de esos dos países, dos superpotencias mineras. Porque a Europa le falta titanio, tungsteno, grafito, galio, germanio y otros metales que vienen principalmente de Rusia y China. Además, Moscú y Beijing podrían en cualquier momento bloquear las exportaciones de esos minerales a Europa o incluso a terceros países si saben que terminarán en la industria militar europea.
El debate no es nuevo. El Tribunal de Cuentas de la Unión Europea publicó el febrero un extenso informe sobre los problemas europeos para conseguir los minerales y tierras raras para la transición energética. Informe que es aplicaba a la industria militar porque parte de los insumos necesarios son los mismos.
Ese informe, que ha servido de base para propuestas europeas de Defensa en las últimas semanas y que deberían tener el visto bueno de los gobiernos en una cumbre de ministros de Defensa a finales de agosto, señala la vulnerabilidad europea a la hora de conseguir los minerales necesarios para fabricar desde munición hasta radares pasando por aviones de combate, drones o sistemas de guerra electrónica. Sin suficiente titanio, tungsteno, grafito, galio, germanio y otros es imposible sostener la producción industrial de maquinaria bélica al ritmo que quieren los europeos.
Europa tiene principalmente dos problemas. El primero tiene poca solución. Los recursos mineros en el Viejo Continente son limitados en esos minerales. Pero tiene un segundo problema que sí podría solucionar y que ahora mismo la hace depender de China. Beijing concentra buena parte de la capacidad mundial de procesamiento de esos minerales.

Esa concentración en manos del Gobierno chino (porque aunque las minas en ocasiones son de gestión privada es el Gobierno quien da las licencias de exportación) es un riesgo para los europeos. En marzo de 2024 la Unión Europea aprobó su Reglamento de Materias Primas Fundamentales. Cubre 34 materiales que Europa considera estratégicos para transición energética, tecnología en general e industria militar en particular.
Ese reglamento pone objetivos. Asegura que la UE debe conseguir reducir sus dependencias de China. Ese reglamento sirvió para aprobar el pasado diciembre para lanzar planes para coordinar almacenamiento en Europa y para diversificar los proveedores, para que no todo dependa de China.
El objetivo es que en 2029 ningún proveedor tenga más del 50% del mercado europeo. Uno de los planes es desarrollar más la minería de esos minerales en Europa para explotar lo que quede en el subsuelo. Pero el propio Tribunal de Cuentas señala que la concesión de permisos sigue siendo lenta y que siete de los 27 países del bloque reciclan entre el 1% y el 5% de esos minerales después de usados y 10 países no reciclan nada. El informe afea que abrir una mina lleva prácticamente una década entre permisos ambientales y financiación. Si no hay oposición social y termina por abandonarse el proyecto.
El Tribunal de Cuentas retoma un eslogan muy repetido por los responsables europeos en los últimos años, el de la “autonomía estratégica” para recordar que “sin materias primas estratégicas no habrá autonomía estratégica”.
Europa sabe que tiene que acelerar porque, además, China usó en el pasado y puede volver a usar las licencias de exportación de minerales y tierras raras como arma de presión política. En caso de crisis comercial o de otra índole entre Bruselas y Beijing, el Gobierno chino podría suspender la exportación de esos minerales.
PB

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