Los venezolanos ven como unos salvadores a los brigadistas internacionales que han venido a ayudarlos a remover los escombros para rescatar a las víctimas y sus mascotas, además de los fallecidos en las edificaciones colapsadas por el doble terremoto que asoló a Venezuela el pasado 24 de junio.
Tres semanas después del poderoso sismo el número de fallecidos y damnificados sigue en aumento. El balance oficial de este domingo indica que van 4.490 muertes y 16.740 heridos, 190 edificaciones totalmente colapsadas, 108 refugios transitorios instalados donde acampan 19.583 personas y 17.907 damnificados.
Los temblores han continuado con más de 1.200 réplicas por lo que más de 900 edificios residenciales y comerciales de Caracas y La Guaira han sido afectadas.
Los sobrevivientes temen regresar a sus viviendas porque se encuentran agrietadas con fisuras. Los servicios de agua y gas todavía no han sido repuestos por el daño que ha sufrido la red de tuberías, lo que ha obligado a miles de habitantes a dormir en la calle hasta que las autoridades dictaminen la habitabilidad de las viviendas.
Estefany Landaez se sienta entre los escombros esperando que sus hijos aparezcan, en La Guaira. Foto: APDe los 3.500 rescatistas que han participado en la búsqueda y rescate de supervivientes sólo quedan unos 2.400 que acompañan a los familiares a desenterrar los cuerpos en los escombros. La mayoría ha regresado a sus países, llevándose la imagen de desolación y devastación que todavía continúa en el terreno.
Entre los rescatistas que se han quedado compartiendo las labores de salvamento se cuenta el capitán de la Armada Argentina, Luciano Gordillo, quien comprende el dolor, la desesperación y el sufrimiento de las venezolanos.
“Si le pasara a mi familia, los buscaría desesperadamente”, afirma Gordillo en las redes sociales. Me he quedado para ayudar porque es importante que rescatemos los restos humanos. Es necesario devolverlos a sus familiares para que puedan velarlos y cerrar”.
Jefferson Cova busca a sus hijos en un tunel abierto entre las ruinas. Foto: APEl oficial argentino asegura que siente empatía por las víctimas del terremoto, “no puedo afirmar cuántos yacen bajo los escombros porque el número depende de las denuncias. Nosotros trabajamos artesanalmente, escarbando para encontrar los cuerpos”.
Mi hijos siguen vivos
En otra torre derrumbada de La Guaira, declarada zona cero, Ana Carrasquel, acude diariamente a las ruinas del edificio OPP25, construido por el régimen chavista como vivienda social que se desplomó completamente.
Ana Carrasquel se acerca a los escombros y llama a sus hijos, pega sus oídos a los restos de hormigón y escucha los gritos de sus hijos, aferrada a la convicción de que siguen vivos.
Julio Dimas muestra una foto junto con su hija a la que busca en La Guaira. Foto: Reuters“Sé que mis hijos siguen con vida, mi instinto de madre me lo dice. Los rescatistas internacionales han hecho pruebas con sensores de calor y han detectado de que hay vida, sé que mis hijos están ahí”, dice al referirse a unos túneles que han dejado las escaleras de la torre derrumbada.
Ana mantiene la esperanza de encontrar todavía a sus hijos vivos porque confía en que los brigadistas internacionales regresen pronto a socorrerlos mientras “con nuestras autoridades no podemos confiar ni contar”.
El régimen de la presidente interina, Delcy Rodríguez, ha enviado a militares a controlar las zonas devastadas. Pero en La Guaira los uniformados andan con sus “fusiles y no con palas” denuncian los familiares con quienes se han enfrentado por no prestar ayuda en la remoción de escombros. En las imágenes de las redes sociales se observa que los vecinos les reclaman su falta de participación en las labores de rescate.
“Los militares armados se mantienen en grupos con brazos caídos, viendo los edificios derrumbados sin hacer nada. Ah pero eso sí cuando entran a las ruinas es para llevarse o robar los objetos de valor o dinero”, sostiene una de las supervivientes en las redes.
Gabriela Pérez tiene 4 hijos y a su madre todavía entre los escombros del edificio OP26 de la Gran Misión Viviendas en Playa Los Cocos. “Hemos visto que pasan las maquinarias del gobierno para el otro lado con 50 guardias que las custodian pero para nosotros nada. Los efectivos de la Guardia Nacional no nos ayuda, por eso queremos que vuelvan los rescatistas internacionales”, dice por Instagram
La gente trabaja en grupos mientras buscan a sus seres queridos en La Guaira. Foto: ReutersPilín León, ex Miss Mundo 1981, denunció desde Barranquilla, que el régimen de Delcy, impidió que un vuelo transportando a médicos y paramédicos y rescatistas pudiera aterrizar en el aeropuerto de Maiquetía. “No los dejaron entrar al espacio aéreo de Venezuela. Esto lo denuncio de primera mano. Esto es una barbarie que impide la ayuda a los que la necesitan. No es posible tanta crueldad y maldad. Ellos no quieren a nadie”.
La damnificada Damelis Díaz perdió el miedo al enfrentarse a las autoridades. En la Guaira enfrentó al propio Nicolás Maduro Guerra (hijo de Nicolás Maduro, preso en Nueva York), acusándolo del derrumbe de las viviendas sociales en el terremoto. “Yo no perdí una cocina, yo perdí una hija. Todos ustedes deben ir presos por la irresponsabilidad de la construcción de estas viviendas”.
En otro mensaje de desesperación en Instagram, Eduardo Aguas, residente del sector Playa Grande de La Guaira, clamó por la ayuda internacional y nacional para recuperar los cuerpos de sus familiares: “Yo logré conseguir una grúa (cuesta entre 1.000 y 3.000 dólares el alquiler por día) pero no ha sido suficiente y no he podido sacar a mi familia y reclamó al gobierno dónde están las grúas que prometió para ayudarnos”.
Otros países como España, Japón, Brasil y Estados Unidos han instalado hospitales de campaña para atender a los pacientes venezolanos. Muchos que sufren alguna patología se están atendiendo en estos centros ambulatorios pues no cuentan con seguro ni clínicas priva

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