La nueva novela de Nicolás Guglielmetti (Bahía Blanca, 1981) tiene como protagonista al máximo ídolo deportivo de la Argentina: el capitán de la selección nacional, Lionel Messi. En Los últimos días de Messi (Unidad de Sentido, $ 24.000), vuelve a poner en juego el fútbol, la narrativa y la experimentación literaria. El puntapié inicial lo da un periodista deportivo bahiense que viaja en busca de su última gran historia.
Así empiezan las mejores novelas de la historia
Escritor, editor y exjugador de fútbol, Guglielmetti tiene una veintena de títulos publicados en editoriales independientes y esta es su cuarta novela. En ¿Podrán los robots dominar el fútbol mundial?, de 2022, donde Messi había debutado como personaje literario, había practicado con éxito la ficción deportiva. Los últimos días con Messi reúne una serie de crónicas de Humberto Casciarini, un periodista que recibe un diagnóstico médico desfavorable y toma la decisión de desprenderse de todas sus pertenencias para viajar a Doha, al Mundial de Fútbol de Qatar, para conseguir una última entrevista con aquel chico rosarino que conoció en “La Masía argentina” cuando era corresponsal en Barcelona. Hay textos sobre la Scaloneta, la familia del ídolo y sus compañeros de equipo.

Aborda el choque cultural entre Oriente y Occidente, y la tensión del fútbol como “religión emancipatoria” de los pueblos y a la vez un negocio redituable, objeto del marketing. La novela avanza de la previa en Qatar hasta el festejo más grande de la historia en las calles de Buenos Aires, pero comienza y termina en Bahía Blanca. Mis últimos días con Messi será publicada en Egipto por el sello Sira, traducida al árabe.
“La novela narra el viaje a Doha, de un periodista bahiense, para entrevistar a Lionel Messi -dice el autor a LA NACION-. A medida que la trama se desanda, uno percibe que en esa búsqueda vocacional la figura de Messi se malea con matices diferentes. Es un retrato de Messi en relación con la Scaloneta y, si se quiere, de la argentinidad y del modo en que lo imaginamos. Además, del texto se desprenden preguntas más profundas que indagan lo que subyace debaja del negocio del fútbol, los intereses políticos y el contraste entre Oriente y Occidente”.

“Construir una ficción con el Mundial como telón de fondo es algo que me permitió encontrar mi estilo definitivo, ya que puedo ver en el mundo del fútbol los grandes temas de la condición humana -sostiene-. Con respecto al Messi real de este Mundial, solo espero disfrute y siga haciendo sus pequeños milagros, que al fin y al cabo son los que le dan alegrías al pueblo”.
Como era de prever, el autor es muy futbolero. “Fui jugador de fútbol en el club Bella Vista y tuve amigos que jugaron conmigo y luego se convirtieron en jugadores de River y Boca, incluso algunos jugaron en la selección con Messi, como Rodrigo Palacio -revela-. Eso me permite poder construir las novelas y los personajes desde otra mirada. Obviamente soy muy fan de la selección porque me representan en su forma de jugar y vincularse entre ellos y la química que se formó con la gente. Creo que muy pocos seleccionados nacionales lograron esa identificación”. En la novela también aparece el goleador bahiense Lautaro Martínez.
Guglielmetti cursó estudios de Letras en la Universidad Nacional del Sur y formó parte de Vox Ruta 33 y la Escuela Argentina de Producción Poética, programas destinados a la formación de escritores emergentes. Administra la página web Destino Cultura y colabora con las revistas literarias Op.cit. y Uoiea Fanzine. Es uno de los fundadores del Festival de Narrativa de Bahía Blanca y autor de Fisher y los refugiados (2016) y Los desquiciados (Hemisferio Derecho), entre otros títulos. Recientemente, obtuvo la mención de honor en el Gran Premio Banco Provincia de Ensayo Histórico 2026. 50 años de Memoria, Verdad y Justicia.
Un fragmento de la novela “mesiánica”
Influencia
La primera vez que vi al Frankenstein del bien, le decían el Enano. Dormía en un departamento cercano a la Masía y su padre me dio una cita en un chiringuito de La Rambla. Yo trabajaba como corresponsal de la revista El Gráfico en España y prometí hacer una nota con la semejante influencia como para que el joven Lionel cayera en el radar de la AFA que, según su padre, era un oligopolio de señores pintados.
Era un Enano diferente al actual… Con acné y corte a dos aguas, y una melena que le tapaba las orejas. Comía pinchos de langostino rebozados y calamares a la plancha con papas asadas. Su padre pidió pulpo y me recomendó que empezara con un poco de tapeo de jamón de Bellota.
Ahí, entre vasos de vino tinto y el calor de julio, me explicó un montón de cosas: el tratamiento de hormonas, la discriminación de los dirigentes catalanes, su sacrificio al abandonar la familia en Rosario y las dudas ante futuras ofertas de otras potencias ya no españolas.
Ambos acordamos que lo primero que tenía que pasar es que Messi Junior debutara en la selección.
El pibe apenas habló, pero le dije que iba a desgrabar toda nuestra conversación y que le iba a mandar la nota antes de ser publicada, cosa que obviamente no sucedió.
Llamé a un rufián del círculo íntimo de Julio y le dije que inventara un amistoso internacional sub20 con algún país limítrofe, antes que los españoles se quedaran con nuestro futuro Maradona.
Yo titulé la nota “El nuevo D10s” y puse en palabras de Messi lo que yo creí que era mejor para su carrera. “A pesar de haberme ido hace años y ser parte fundamental del Barcelona, muero por ponerme la camiseta de Argentina y brillar en un mundial”.
A las 48 horas, el padre del Enano me mandó un mensaje agradeciendo el gesto de cuidarlo y para avisarme que había sido convocado para un amistoso con Paraguay.
La cuarta novela del escritor, editor y exjugador de fútbol Nicolás Guglielmetti transcurre en el anterior Mundial de Fútbol de Qatar y será traducida al árabe

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