
Hace un tiempo, en un acto del PRO, Mauricio Macri se jactaba de haber poblado de funcionarios de su partido al gobierno de Javier Milei. «Seis de nueve ministros pasaron por acá», decía en ese momento el ex presidente, con razón y repasaba la lista. Luis Caputo, Federico Sturzenegger, Diego Santilli, Pablo Quirno, Alejandra Monteoliva y obviamente Patricia Bullrich, hoy senadora, tuvieron participación, en mayor o menor medida en el gobierno de Cambiemos entre 2015 a 2019.
Y a esa lista en el macrismo le suman a Juan Bautista Mahiques, ex fiscal general de la Ciudad; a Santiago Caputo, que salió de los equipos del consultor Jaime Durán Barba, e incluso a Mario Lugones, ministro de Salud padre de Rodrigo, otro Durán Barba «boy».
Las segundas y terceras líneas en cada ministerio extienden ese número a decenas de funcionarios que trabajaron en la gestión macrista.
«Tienen experiencia y más razonabilidad», suelen comentar quienes describen a los funcionarios de esa escuela comparados con los que vienen desde el nacimiento de La Libertad Avanza.
Un ejemplo reciente es el arribo como secretario de Comunicación de Fabián Fernández, quien venía trabajando en YPF junto a Horacio Marín pero que también tiene una raíz PRO, por su pasado en Lanús junto a Néstor Grindetti, de 2015 a 2023.
Ese predominio de funcionarios de origen macrista no implica que Macri sea una voz escuchada dentro del Gobierno o que esos funcionarios le respondan a él, según se encargan de aclarar fuentes de Casa Rosada.
«Por algo son ex, todos trabajaron ahí pero ninguno se lleva bien con Mauricio», es la reflexión irónica de uno de esos funcionarios que no cerró bien su relación con el ex presidente pero que tampoco está plenamente identificado con el mileísmo.
La llegada de Santilli a la jefatura de Gabinete, previo paso por el Ministerio del Interior y después de haber sido candidato libertario en la elección de 2025, refleja como ninguna esa frase.
El ex diputado nacional sigue siendo parte del PRO, tiene armado propio dentro del partido especialmente en la provincia de Buenos Aires, pero no le responde a Mauricio Macri, con quien tiene la relación frizada.
Un ejemplo de ello es que el «Colo» no ha participado en ninguno de los actos que lideró el ex presidente en su movida denominada «el próximo paso», en la que se plantea una posible candidatura suya para 2027.
Pero sí estuvo presente el mes pasado en una reunión en la sede del partido amarillo con autoridades de la provincia de Buenos Aires, territorio que domina su socio y mejor amigo, Cristian Ritondo. Con ellos sí hubo foto, pero no con Macri, a quien esquiva cada vez que puede.
Ni el PRO ni La Libertad Avanza se sienten cómodos en la relación política que construyeron desde 2023 y que se ha ido desgastando con el tiempo.
Después de la polémica por el respaldo al oficialismo en Diputados para evitar que Adorni sea interpelado, en el PRO hicieron todo lo posible en los días siguientes para sostener sus críticas al ahora ex jefe de Gabinete.
Comunicados, tuits e incluso declaraciones del propio Macri en el acto del viernes en Mar del Plata sirvieron de previa a la salida de Adorni. ¿Puede colgarse Macri la cucarda del despido del funcionario que siempre cuestionó? Parecería fuera de lugar y extemporáneo.
Más allá de las diferencias manifiestas, en el PRO hay convencimiento de que para 2027 no quedará otra opción que negociar con los Milei las listas en todo el país. Quizás, con mejores perspectivas que en 2025, cuando el reparto de candidatos les quedó corto.
Por eso, la candidatura de Santilli en la provincia de Buenos Aires se impone como una jugada natural, teniendo en cuenta que viene de ganar la elección legislativa y que tiene alto nivel de conocimiento. Es el ejemplo clásico del funcionario que es del PRO pero de ninguna manera puede ser considerado macrista.

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