Tengo un privilegio. Lo supe cosechar un poco con mi vocación y otro tanto con mi experiencia. Mi nombre es Melisa Lorenzetti; vivo en Quitilipi, Chaco; tengo 33 años y desde que soy docente, hace nueve, he tenido la suerte de trabajar en escuelas de comunidades originarias.

Trabajé un tiempo en la región del Impenetrable chaqueño y también en el sur. Desde 2025, trabajo en la Escuela de Educación Primaria N° 1033, en el ámbito rural de la provincia de Chaco, donde este año comencé a ser directora suplente.

La escuela está en Colonia Aborigen Juan Larrea, a 53 kilómetros de la ciudad de Charata, en una comunidad de etnia mocoví. A sus aulas asisten 48 niños de unas 21 familias que viven básicamente del trabajo en el campo.

Todos los días, junto a tres compañeras docentes, trato de poner mi granito de arena para darles herramientas que mejoren su presente y su futuro.

Creo que todo puede originar cambios y que incluso los más pequeños pueden tener consecuencias enormes en los niños.

Mi privilegio es ser testigo de esos cambios.

Hace poco se dieron grandes cambios en nuestra escuela gracias a los granitos de arena de voluntarios y profesionales de una fundación. Nos ayudaron con algo que se necesita mucho: el acceso al agua segura.

También nos ayudaron a hablar de un tema que es tabú en estas comunidades, incluso entre madres e hijas: de la salud menstrual.

Para que te hagas una idea de cómo es asistir a una escuela como la nuestra, hasta hace muy poco la falta de agua segura marcaba nuestro día a día. Antes de 2023, no había depósitos y las mamás debían traer agua en bidones y tachos desde otros parajes. Agua para tomar, para asearse, para los baños. Imagináte cómo se necesitaba además en los días de calor, cuando la temperatura pasa los 38°C.

Antes, los baños eran letrinas y los chicos se lavaban las manos en una palangana, lo que era un caldo de cultivo de enfermedades.

Además, ir al baño podía ser una experiencia fea y peligrosa. Como las puertas estaban rotas o no tenían un buen seguro, se metían animales. En una ocasión, la directora anterior vio cómo se asomaba una víbora desde el mismo pozo de la letrina. También convivíamos con el miedo a que entraran alacranes o sapos.

Para las chicas, esta situación era aún más crítica. A esos miedos o inconvenientes se les sumaba que muchas preferían faltar al colegio cuando menstruaban porque les incomodaba cambiarse o higienizarse en las letrinas. Evitar el baño durante las clases tampoco era una opción; podían correr el riesgo de mancharse.

Yo supe esto con más detalles recién este año porque las chicas no solían hablar de sus miedos. Tampoco de sus estados de ánimo. Si faltaban, me decían que era porque habían estado enfermas. Y, como dije, hace unos meses hablar de menstruación era un tabú total, incluso entre madres e hijas.

Si las chicas tenían que pedirle a alguien una toallita, a mí o a sus compañeras, hacían gestos con los ojos, señas con las manos. Les daba vergüenza verbalizar ese pedido frente a otras personas. Como si menstruar fuera algo malo.

Los cambios

Ahora te voy a hablar del granito de arena, tan necesario, que puso la Fundación Aguas para mejorar el día a día de los chicos y chicas de nuestra escuela. En el transcurso de tres años cambiaron muchas cosas porque trabajaron en equipo con toda la comunidad.

En 2023 les dieron a los chicos charlas sobre la importancia de lavarse bien las manos; algo básico y muy importante.

Además, instalaron una estación de lavado de manos: una bacha con una canilla para reemplazar la palangana. Después, nos ayudaron a construir e instalar una cisterna de 30.000 litros. Las mujeres fueron mayoría en las tareas de albañilería. Aprendieron el oficio para que los niños tuvieran agua segura en la escuela.

El siguiente paso fue transformar las letrinas en baños con sus inodoros, lavatorios y las benditas puertas. Ya no se meten los chivos y no tenemos sorpresas desafortunadas con serpientes. Las chicas ahora tienen un lugar seguro y limpio para cambiarse.

La Fundación también organizó talleres sobre salud menstrual para madres y niñas junto con una profesional de la salud de la misma comunidad. Donaron toallitas y más elementos de higiene. Les explicaron que es un ciclo y qué síntomas hay que tener en cuenta para hacer una consulta médica.

Les dijeron que es normal tener algunos dolores, que una esté hinchada, de mal humor.

Pero lo más importante, al charlar sobre este tema, le sacaron el velo de vergüenza. Y en esos talleres pasaron cosas.

Muchas madres recordaron con tristeza el primer día en el que comenzaron a menstruar: contaron que nadie les había explicado que eso les ocurriría, que era algo natural. Esas mamás fueron las que más aprovecharon las charlas porque aprendieron cómo hablar sobre estos temas con sus pequeñas.

Hoy veo los cambios de todos esos granitos de arena. Veo que mis alumnas tienen otra libertad.

Lo más lindo es cómo se expresan: se acercan con naturalidad a pedir una toallita o incluso dicen: “Seño, estoy de mal humor porque estoy indispuesta”. Eso es algo que antes no se hubieran animado a verbalizar.

Ya no faltan si están menstruando y se sienten seguras en los baños nuevos. Todos se sienten más seguros en los baños nuevos, hasta los nenes.

El tener agua segura durante todo el año y baños dignos trajo mucho más que salud. También le devolvió el derecho a las chicas y los chicos de vivir la escuela de manera plena, sin vergüenzas ni miedos.

Más información

Fundación Aguas es una ONG que ayuda a brindar acceso a agua segura y saneamiento a más de 12.000 personas en comunidades vulnerables de la Argentina. En Chaco, además de asistir a la escuela de Melisa, levantó baños e hizo talleres de higiene y salud menstrual en otras cuatro escuelas. Su objetivo es llegar a unas 45 comunidades este año.

  • Si querés ayudar a que lleguen a más niños y niñas de diferentes escuelas rurales del país, podés donar desde aquí.
  • Si querés conocer más sobre su trabajo, podés hacer clic aquí.

Este texto tiene la edición y el acompañamiento de la periodista Paula Soler.

​Melisa Lorenzetti es docente de una escuela rural del Impenetrable; en un texto escrito por ella, describe la revolución que empezó con la instalación de una canilla  

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