Un año atrás, con Ferrari en lo más alto del podio de las 24 Horas de Le Mans por tercera temporada consecutiva, el presidente de la Scuderia, John Elkann, lanzó una frase incendiaria sobre la performance de los pilotos de los autos de Fórmula 1, respecto a los que triunfaban en el Mundial de Resistencia. “Necesitan concentrarse más y hablar menos”, disparó el empresario que dirige el imperio que heredó de su abuelo Gianni Agnelli.
La expresión dio un giro de 180 grados, 365 días después: los modelos 499P, de Hypercar, no asomaron en la batalla por el triunfo en la tradicional carrera en el circuito francés de La Sarthe, mientras que en la misma jornada Lewis Hamilton firmó el primer éxito con la SF-26 en el autódromo de Barcelona, en la séptima fecha del calendario de la F.1. “Bien hecho, Lewis, por tu primera gran victoria con Ferrari. Un momento emotivo y un resultado muy importante, que pertenece a todo el equipo y a todos nuestros aficionados. Me gustaría dar las gracias por la determinación, el sacrificio y el esfuerzo colectivo que demuestran cada día con pasión y espíritu Ferrari, tanto en la pista como en Maranello”, saludó Elkann, el triunfo del británico.
La victoria de Hamilton resultó un largo proceso, una evolución que desarrolló el piloto involucrándose en múltiples aspectos dentro de la estructura de F.1. Detalles que se corrigieron, decisiones que no descubrieron una prestación inmediata, pero que eran los pasos correctos para forjar este presente de ilusión.
“Tardaremos en ver los resultados, pero me alegra la reacción del equipo”, comentaba Hamilton, en el circuito de Spa-Francorchamps, hace un año. El séptuple campeón del mundo no quería sumarse a Fernando Alonso y Sebastian Vettel, campeones del mundo que fueron fagocitados por la Scuderia: “Estoy acá para ganar, y por eso quiero cambiarlo todo. El equipo me escucha y sé que no tengo mucho tiempo”, relataba, quien para ese entonces tuvo una reunión con Elkann y Frédéric Vasseur –jefe del garaje de F.1-, donde presentó tres documentos detallados.
En uno, analizó los cambios estructurales que se necesitaban para mejorar y las áreas por optimizar. En otros, detalló los problemas del auto de 2025 y qué necesitaban corregir para el actual curso, ya que estaba abocado a las sesiones en el simulador con el auto ajustándose al reglamento actual, donde hubo un radical cambio técnico y de motor.

Hamilton festejó en Barcelona, rompió una racha negativa de 41 grandes premios sin éxitos y sumó la victoria 106 de su carrera. Pero antes transitó un camino de oscuridad y tinieblas. La falta de resultados lo hundió en 2025 –no registró ni tan siquiera un podio-, aunque el escenario era aún más crítico porque en la pista no se acercaba a lo que enseñaba su compañero Charles Leclerc.
Soy un inútil, un completo inútil. El equipo no tiene problema: pueden ver al otro coche en la pole. Ferrari necesita, probablemente, cambiar de piloto”, el castigo que se autoinfligió en Hungría, donde no superó la Q2 y finalizó 12do, la misma posición en la que largó.
El 7 de enero, Hamilton cumplió 41 años y en las redes sociales escribió un pequeño texto. Hoy, esas palabras reflejan cómo se gestaba la transformación. “Llegó el momento del cambio. Empezar nuevas rutinas, dejar atrás patrones indeseables y trabajar en el progreso. Dejar atrás lo que ya no sirve. Puede llevar tiempo, habrá cosas de la que no podemos deshacernos inmediatamente, pero todo comienza con un primer paso (…). Sean ustedes mismos y nunca olviden quienes son. Lo aprendí gracias a muchos de ustedes, que me lo dijeron en 2025, y nunca lo olvidaré (…)”, las palabras con las que se abría al nuevo desafío, a una aventura que atraviesa las pistas, la vida sentimental, las múltiples batallas por los derechos a la igualdad, contra el racismo y la discriminación…
El compromiso con Ferrari siempre estuvo, pero sentirse cómodo le demandó tiempo. Asumió responsabilidades que ahora la victoria destaca: el cambio técnico de frenos, tras elegir discos Carbone Industrie, que se implementaron en Japón y que desde Barcelona también utiliza Leclerc; el uso intermitente del simulador de Maranello, porque se centra en los detalles que ofrecen las correlaciones y los datos…
Pero también ejerció cambios radicales, como la del ingeniero de carrera. Después de trabajar durante 12 años con Peter Bonington en Mercedes –ahora es quien hace sociedad con Andrea Kimi Antonelli-, la relación con Riccardo Adami –exingeniero de Vettel y Carlos Sainz Jr.- nunca descubrió una sintonía, el feeling necesario para que las comunicaciones fluyan.
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— Scuderia Ferrari HP (@ScuderiaFerrari) June 14, 2026
Hamilton rescató a Carlo Santi, que trabajó con Kimi Raikkonen, pero que estaba alejado de las pistas. Llevaba ocho años fuera de los paddocks. El veronés, de 54 años, era un colaborador interino, a la espera de Cedric Michel-Grosjean, aunque el británico tuvo un mensaje sentido para su ingeniero y el modo en que celebraron resalta que la relación continuará.
“Es buenísimo poder conectar con un ingeniero que no sea el que yo tuve durante tantos años [por Bono]. Carlo es muy callado, se notaba que para él debe ser difícil expresar lo que siente. Solo está sonriendo y dándote esos grandes abrazos, en los que me dice ¡gracias!. Me gusta pensar que probablemente este éxito sirvió para volver a prender la chispa, ese amor por ser ingeniero de carrera, igual que me pasó a mí como piloto”, comentó Hamilton, que pidió su presencia en la ceremonia en el podio del circuito catalán.
Con el triunfo, Hamilton enseñó vigencia en la pista y que es un líder en el garaje y en la fábrica. Atrás quedó la malicia de quienes lo vieron vulnerable y atacaron por la edad, porque era un piloto que no se adaptaba al entorno de Maranello. “Nunca tuve dudas de que había tomado la decisión correcta, porque sabía que la pasión de este equipo nos permitiría volver a ganar”, enfatizó el británico, el piloto que resurgió para enseñar que el talento y el apetito de gloria sigue intacto.
El británico se involucró en Maranello, hizo elecciones de detalles, y escogió a su ingeniero de pista

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