CIUDAD DE MÉXICO.- Hace treinta años, cuando la selección argentina comandada por Diego Maradona obtuvo su segunda estrella de la mano de un 10 inolvidable, el barrio de Santa Úrsula Coapa era una zona que recién empezaba a poblarse. Más atrás en el tiempo, en 1970, cuando el Rey Pelé conquistó la tercera estrella para Brasil, el barrio tenía calles de tierra, todavía quedaban algunos canales de agua cristalina y hasta especies de animales en un entorno rural.

Arturo nació hace 56 años y vivió toda la vida en Santa Úrsula, frente al estadio Azteca que este jueves acogerá su tercer Mundial y que luce completamente cambiado en su interior y también en sus alrededores.

“Desde aquí para allá, todo esto antes era una zona de tierra”, dice parado en la esquina de una taquería muy concurrida por vecinos que piden carnitas, chicharrón y tacos al pastor. Trabajó en la construcción pero antes de los partidos se ganaba unos pesos extra como cuidacoches. Ahora hace changas para los negocios del lugar. “Este mundial no es como el del 86”, señala para marcar el descontento que viven millones de mexicanos con este formato de copa del mundo y que a este país le ha tocado un puñado de partidos, con entradas a precios altísimos. “Ahora es todo muy diferente, le cortan la alegría a la gente de vivir lo que realmente se vivía en el 86, cuando los hinchas cantaban, podían ir al estadio sin problemas y veías a todos los extranjeros llegar con alegría, como los escoceses que venían con sus faldas”, asegura a LA NACION.

Arturo, vecino del estadio Azteca de México

De estatura baja, pelo canoso y sonrisa pícara, no fue seducido por la llegada de grandes estrellas como Messi o Ronaldo. “Los jugadores de ahorita no son como Maradona, Pelé o Hugo Sánchez. Nada que ver”, marca.

Arturo nació en 1970, el año del Brasil campeón. Sus amigos y familiares le contaron cómo fue aquella copa del mundo en el Azteca, que se había inaugurado tres años antes: “Ellos recuerdan que ese fue tan hermoso como el del 86, con la gente y los extranjeros en la calle”.

El vecino de Santa Úrsula, un barrio al sur de la capital, remarca: “Hoy es una cosa muy diferente cuando ves a la gente, no lo disfruta igual. Ves a la gente muchisísimo muy apagada. No es lo de antes, no es un mundial que puedes caminar libremente por los alrededores, ahora ni cerveza nos dejan vender el día del partido. No vamos a poder tomar ni una chela ni siquiera mirar el partido en el bar”.

Los fanáticos llegan al estadio Azteca para el partido inaugural del Mundial 2026 en Ciudad de México

Los vecinos se quejan ante las autoridades que cedieron el control de un gran perímetro en torno al estadio que queda bajo el control de FIFA. No se podrá vender alcohol, estacionar ni transmitir el partido en los bares que están a metros del estadio. “Nos piden 4000 dólares por pantalla si queremos poner el partido en nuestro bar de toda la vida”, se queja el dueño de otra taquería llena de vecinos en la tarde previa a la inauguración.

El barrio, de casas bajas a medio terminar, cables cruzando la calle y comercios con las puertas abiertas y la música a todo volumen, quedó escondido detrás de los enormes carteles publicitarios que en las últimas horas se terminaron de colocar.

Arturo recuerda, de adolescente, haber visto en el estadio varios partidos del Mundial 86. En especial, el que Argentina venció a Inglaterra 2-1 por los cuartos de final, con la Mano de Dios y el mejor gol de la historia de los mundiales. “Aquí afuera había hinchas ingleses y argentinos. Tomaban cerveza y cantaban en la previa sin hacer hacer desórdenes. A la salida, los ingleses se quejaban que el primero no había sido gol. ¿Cómo es posible que este Maradona le puede haber ganado al portero de Inglaterra grandotote? Pues ahí entra la magia. El brinco, el cabezazo”, se ríe Arturo.

El estadio Azteca será sede del partido inaugural de una Copa del Mundo por tercera vez, un récord absoluto

Sobre el acceso a las entradas, prohibitivas para la mayoría de los vecinos del barrio, Arturo sentencia: “Los precios los pone FIFA y ese es su negocio. Lo que a nosotros nos gusta es atender a la gente que viene. Ahorita yo los veo todos apagados, no parece que acá se jugara un Mundial”.

​Arturo recuerda los otros dos torneos que alojó México y asegura que en este se le cortó la alegría a la gente  

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