Por Christian Caluori
Dicen que falta mucho. Que todavía hay tiempo. Que primero hay que gobernar. Que las candidaturas se discutirán más adelante. Pero en la política pampeana nadie camina porque sí, nadie toma un café porque sí y mucho menos nadie recorre la provincia porque sí.
La carrera por la Gobernación de La Pampa ya empezó hace rato. Lo único que falta es que algunos se animen a decirlo en voz alta.
Por ahora, los nombres son conocidos. No hay demasiadas sorpresas en el menú peronista. Aparecen el intendente de Luciano di Nápoli, la intendenta de General Pico, Fernanda Alonso, la vicegobernadora Alicia Mayoral, el diputado provincial Hernán Pérez Araujo y el senador Daniel ‘Pali’ Bensusán.
Cinco nombres. Cinco proyectos. Cinco equipos trabajando. Cinco grupos convencidos de que les llegó la hora.
Y, sin embargo, todos parecen compartir una misma costumbre: mirar de reojo hacia el mismo lugar.
Porque más allá de los cargos, las encuestas, los actos, las recorridas y las selfies cuidadosamente espontáneas, hay una realidad que nadie discute dentro del PJ pampeano: la bendición de Carlos Verna sigue pesando.
Algunos dirán que ya no es así. Otros sostendrán que los tiempos cambiaron. Pero cuando llega la hora de contar los porotos importantes, el ingeniero sigue siendo el gran elector del peronismo provincial.
Por eso nadie rompe demasiado. Nadie se pasa de la raya. Nadie dinamita puentes. Todos compiten, pero con moderación. Todos quieren ganar, pero ninguno quiere quedar afuera de la foto final.
En ese escenario, Di Nápoli aparece como uno de los grandes ganadores de las últimas elecciones. Gobernando la capital provincial, con buena imagen y armado propio, busca posicionarse como una alternativa fuerte.
Fernanda Alonso tampoco esconde demasiado. Sus allegados aseguran que no buscará un nuevo mandato en General Pico y que el desafío provincial la seduce. Joven, con gestión, experiencia y conocimiento territorial, viene construyendo su perfil desde hace tiempo.
Alicia Mayoral, mientras tanto, sigue caminando. Sin hacer demasiado ruido. Algo que en política suele ser una virtud subestimada. Los que la conocen aseguran que nunca dejó de recorrer la provincia.
Hernán Pérez Araujo juega su partido. Con llegada al territorio y cercanía con los sectores históricos del peronismo, aparece siempre en las conversaciones importantes.
Y Pali Bensusán tampoco quiere quedar afuera de la discusión. El senador nacional tiene estructura, conocimiento y aspiraciones propias.
Mientras tanto, el gobernador Sergio Ziliotto observa el tablero. Con diferencias y matices que existieron a lo largo de los años, nunca rompió con Verna y también tendrá mucho que decir cuando llegue la hora de ordenar la tropa.
Porque si algo tiene claro el peronismo pampeano es que puede discutir puertas adentro, pero sabe que dividido corre riesgos.
La oposición también busca construir unidad. Aunque allí el problema parece ser otro: abundan los egos, las diferencias y los liderazgos en disputa. Todos hablan de unidad, pero por ahora parece más fácil encontrarla en los discursos que en la realidad.
El PJ sabe que se juega mucho más que una elección. La Pampa fue históricamente peronista. Sin embargo, ciudades clave como General Pico ya demostraron en los últimos procesos electorales que nada está garantizado.
Además, gran parte del futuro político provincial también dependerá de cómo evolucione el gobierno de Javier Milei. El oficialismo nacional mantiene niveles de apoyo importantes en varios sectores de la provincia y especialmente en determinados centros urbanos.
Por eso todos están en campaña. Algunos más visibles que otros. Algunos con actos. Otros con recorridas. Algunos con reuniones. Otros con redes sociales.
Y también puede aparecer un tapado. Porque en política siempre existe la posibilidad de que alguien llegue desde atrás cuando todos miran hacia adelante.
Lo único verdaderamente seguro es que el reloj corre.
Cada día queda menos.
Y cuando llegue el momento de bajar las cartas sobre la mesa, todos volverán a mirar hacia el mismo despacho político donde, desde hace años, se sigue decidiendo buena parte del futuro del peronismo pampeano.
Porque los nombres pueden cambiar.
Las candidaturas también.
Pero, el gran elector sigue siendo Carlos Verna.

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