Rosario Central ganó en Río Cuarto y selló su clasificación a los octavos de final del Torneo Apertura. Por momentos anunció un carácter arrollador; en muchos otros, apático. Sonríe por el 2-1 a Estudiantes y el consecuente pasaje, con una fecha de antelación, pero lejos estuvo de una noche lúcida.

La determinación con la que salió la visita significó rápidamente la incredulidad celeste, pero no el abatimiento. Se preveía el gol tempranero que abrió el partido en Córdoba simplemente por la situación peligrosa que lo antecedió.

Jáminton Campaz generó algunas acciones de peligro, pero no tuvo una actuación destacada en el triunfo de su equipo.

Jaminton Campaz, el mayor asistidor del equipo, arrancó encendido y cruzó un centro por toda el área para dejar de cara al arco a Gaspar Duarte, pero al extremo derecho se le fue la definición muy por arriba. Aquello sucedió al cuarto minuto de juego, con un claro flanco en el local: el lado derecho cuidado por Juan Antonini.

Sesenta segundos después, el cuadro rosarino insistió, aunque con la profundidad de Julián Fernández, la copia de Ángel Di María (no fue titular): su bicicleta desacomodó al defensor, le sacó distancia con un fácil desborde y lanzó el centro que cabeceó a la red Enzo Copetti, que con la anotación se sumó a la línea de los cuatro tantos que contabilizan ‘Fideo’ y Véliz.

Mientras Jorge Almirón resguardó a Ángel Di María y Alejo Véliz entre los suplentes, Franco Ibarra sí fue titular en la mitad de la cancha.

El León de Río Cuarto puso brazos en jarra: cada vez que le convirtieron, no esquivaron la derrota, dato que se prolongó. Por eso los números tan pálidos, con apenas cuatro goles a favor y un solo éxito (2-0 a Huracán). En el fondo de las tablas del descenso y de la anual. Todo negro, pero el equipo dirigido por Gerardo Acuña intentó, al menos, mostrarse entero. Y, pese a sus falencias a la vista, consiguió algo más que eso.

La lesión de Duarte, a los 33 minutos, significaría una doble mala noticia. Para un equipo y otro, en simultáneo. Para Central, porque lo vio irse del campo desconsolado y tomándose el isquiotibial zurdo: un evidente desgarro que, por los tiempos, podría aislarlo de la definición del Apertura.

El festejo del primer gol, entre Enzo Copetti y Julián Fernández, que lo asistió y más tarde pondría el segundo tanto del Canalla.

Para el anfitrión, verlo ingresar a Di María hizo que el público riocuartense se agarrara la cabeza. Sin embargo, ese gesto de resignación (y alegría por ver en acción al campeón del mundo, al que reconocieron con apausos) mutaría al lamento por la primera ocasión de peligro del local: Tomás González habilitó sutilmente a Javier Ferreira, que abrió la diestra y la impactó contra un palo. Incluso, el cierre de la primera mitad fue con una volea alta del paraguayo. Estudiantes tenía ganas de batallar.

Pero el conjunto de Jorge Almirón saldría a replicar en el complemento la actitud del inicio del partido. Otra vez por la izquierda, un zurdazo de Campaz encontró un costado externo de la red, a los 25 segundos. Y a los 9 minutos, Angelito encendería la chispa de crack. Se juntó con Fernández para practicar una limpia pared en el área: el joven cruzó el remate y amplió la ventaja.

Desahogo del volante Mauro Valiente, que anotó un lindo gol de tiro libre: aunque levantó a la gente, el León de Río Cuarto no pudo empatarlo y se descontroló en el final.

Parecía partido liquidado, pero el desarrollo nunca se presentó tranquilo y cómodo para el visitante. El equipo más flojo del certamen lo exigió e incluso cuando eso no ocurrió el propio equipo auriazul fue desprolijo y displicente.

Al cuarto de hora llegaría el descuento con un tiro libre de Mauro Valiente, que desde un costado y con poco ángulo sorprendió a Jeremías Ledesma, que no llegó a manotear el balón hacia fuera del arco. Media hora era mucho tiempo para semejante incomodidad visitante, pero la diferencia -además de la jerarquía- la terminó firmando la templanza.

Cuando más sereno debía estar el derrotado, se descontroló a un nivel insólito. En el tramo final del partido recibió dos expulsiones justas, ambas por patadas descalificadoras: Darío Herrera, que dirigió el superclásico y fue apuntado por la jugada polémica del final, otra vez necesitó el VAR, ahora a cargo de Fernando Espinoza, por no haber percibido la brusquedad de las acciones. Herrera dirigirá en el Mundial.

Al ver las imágenes, primero echó a Antonini por un patadón desde atrás a Di María, sin intención alguna de jugar el balón; y ya en el adicional, al capitán Gonzalo Maffini, que le propinó a Alejo Véliz una plancha alta al tobillo, también lejana a la disputa.

Estudiantes (Río Cuarto) 1 vs. Rosario Central 2

Pitazo final y clasificación canalla. No mucho más que eso para un Central que jugará aliviado en Venezuela su compromiso del martes, ante Universidad Central, por la Copa Libertadores, pero que provocó varias caras de preocupación en Almirón. Esta vez, con su número 11 entre la floja producción.

​Se aprovechó del Estudiantes cordobés, que a pesar de ser el equipo más flojo del campeonato le causó problemas  

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