Era el año en que comenzó el milenio. María Marta Azar todos los días recorría el mismo trayecto para llegar a la Facultad. Todavía cursaba en la ENERC (la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica). Hasta que un día vio, sobre la calle Alsina, algo que le llamó la atención: un baúl que lucía muy antiguo se destacaba entre los escombros dentro de un volquete de obra.

El baúl encontrado por María Marta Azar dentro de un volquete en la calle Asilna

Quien lo dejó en ese contenedor convirtió al baúl en una res nullius, como el Derecho Romano definió a una “cosa sin dueño”. La categoría aun persiste en el Código Civil y Comercial actual. Eso quiere decir que los bienes muebles no registrables y abandonados son susceptibles de apropiación por cualquier persona.

Ante esa reliquia del siglo pasado inexplicablemente desechada, “Peri” (como llaman a la realizadora desde chiquita en su Tucumán natal) tuvo la feliz corazonada de rescatarla y llevarla a su departamento porteño.

La cineasta María Marta Azar

Ante el misterioso baúl ya en su domicilio, Peri se pellizcó después de abrirlo. No podía creer lo que veía: muchísimas hojas de papel de música prolijamente manuscritas y añosas. Las revisó con detenimiento, encontrando que casi todas eran partes escritas para diversos instrumentos: saxos, clarinetes, trompetas, trombones, contrabajo, batería, piano…

El baúl de María Marta Azar

Como en aquel momento otros proyectos profesionales ocupaban su tiempo, transcurrieron doce años desde el hallazgo casual del baúl hasta que Peri se abocó a una investigación casi detectivesca para conocer de qué se trataba toda aquella música escrita a mano. Y así descubrió que el material encontrado perteneció a una “big band” argentina conocida popularmente como “Héctor y su Jazz”.

Héctor Lomuto con su banda de jazz y cuarteto vocal, junto a la cantante Dana Kelly, durante una presentación en Canal 7, en 1957

El susodicho era Héctor Lomuto, hermano menor de Francisco Lomuto (compositor y popular director de orquesta de tango y otras músicas desde los años 20 hasta fines de los 40). A la jazz band del “benjamín” de los Lomuto se la podía ver en sitios donde se iba a bailar, generalmente en Buenos Aires, aunque durante los veranos solía tocar en Mar del Plata. Pero, principalmente, se la escuchaba a través de sus exitosos programas por las emisoras El Mundo y, luego, Belgrano y Canal 7, así como en su cuantiosa discografía grabada para RCA.

La orquesta de jazz de Héctor Lomuto funcionó entre 1944 y fines de la década del 50. Aun cuando la palabra “jazz” formaba parte del nombre de esa banda de música bailable, el repertorio era mucho más amplio ya que, adicionalmente a los temas y canciones originados en Estados Unidos, tocaba bastantes obras de América Latina (boleros, sambas, marchas e inclusive temas del folklore y tango argentinos). Su integración instrumental era casi la misma de una gran banda estadounidense de los años del swing (mediados de los 30 a mediados de los 40).

Mariano Mores y Martin Darré

La proeza de Darré

Capítulo aparte merece el arreglador principal de la Jazz de Lomuto (desde el inicio): Martín Darré (1916-1991), músico fuera de serie, uno de los mejores arregladores argentinos de su generación. Darré fue asimismo el arreglista principal durante casi medio siglo de Mariano Mores, además de arreglar y orquestar para otros importantes artistas (entre otros, Nito Mores, María Graña, Atilio Stampone, Antonio Agri, y organismos sinfónicos y de cámara argentinos).

Martin Darré, el autor de las partituras halladas por María Marta Azar en el baúl

Formado musicalmente en soledad casi absoluta, Darré no fue a conservatorios, no tuvo maestros (salvo a su madre que le dio algunas lecciones iniciales de teoría y solfeo). Martín aprendió por sí mismo a tocar alrededor de una veintena de instrumentos pues, además de conocer la teoría emergente de los tratados de orquestación y de estudiar las partituras de compositores académicos, quería comprender cada instrumento de manera práctica y a fondo.

Partes manuscritas por Martin Darré para Héctor y su jazz.

Para la jazz de Lomuto, Darré realizó algo lindante con la proeza musical: en vez de escribir las decenas (si no cientos) de arreglos en partituras conteniendo todos los instrumentos de la orquesta, Martín escribió directamente las partes de cada instrumento para luego, desde el piano y de memoria, ensayar con los músicos de la banda (esto se debió a que Héctor Lomuto no podía leer el “score” orquestal, por lo que no tenía sentido escribirlo).

Aquellas partes manuscritas estaban dentro del baúl que Peri Azar encontró casualmente. La ironía fue que Martín Darré murió convencido de que sus manuscritos se habían perdido para siempre.

Una orquesta de película

Volvamos a la cineasta y al misterioso baúl. Semejante hallazgo fortuito fue congruente con el apellido paterno (Azar) de esta salvadora de tesoros, hoy radicada en Alemania, quien se propuso filmar una película alrededor de tal descubrimiento.

Pero a veces lo casual se aúna con lo causal, pues el abuelo paterno de Peri, Alejandro Azar, fue un distinguido baterista en Tucumán que dirigía su banda de jazz: “La banda de Alejandro” (como la canción de Irving Berlin). De modo que el hallazgo del baúl desechado y su valioso contenido musical generó en la joven realizadora la idea de reconstruir en paralelo la historia de su abuelo músico y la de la banda de Héctor Lomuto. Finalmente, la película documental y ópera prima de Peri se focalizó sólo en Héctor y su jazz.

El proceso hasta llegar al estreno del documental fue largo. Empezó con la reconstrucción y preservación de varias hojas de música manuscritas que estaban visiblemente deterioradas, tarea que la directora acometió con paciente laboriosidad. Luego vino la búsqueda de cuanto material gráfico, fotográfico, de audio y fílmico había disponible, más las entrevistas a los no muchos descendientes de los músicos de la jazz band de Héctor, así como a historiadores de la música popular en Argentina. Todo eso fue necesario a los efectos de tener un contexto sobre el cual trabajar en el guion para luego, por fin, dar la voz de ¡luz, cámara, acción!

El film se titula “Gran orquesta”. Fue estrenado en Argentina en 2019 y exhibido en varios festivales de cine dentro y fuera del país (BAFICI, Tucumán, Piriápolis, Punta del Este, Florianópolis, Huesca, Berlín…). Mediante esta realización, Peri logró visibilizar el rescate histórico de parte de una época lejana y, en particular, de una orquesta de muy buen nivel a la vez que popularísima, aunque después se disolviera y cayera en el fondo del mar del olvido. Asimismo, el documental permitió recordar a Martín Darré, de tal modo que el público joven (y no tanto) se pudo enterar acerca de quien elevó alto el arte y la técnica del arreglo y de la orquestación en el ámbito de la música popular en Argentina.

¿Cuánta historia argentina se ha perdido así?

Este caso genera algunas reflexiones. Primero, resulta extraordinario que alguien se cruce con un baúl tirado entre escombros y que contenga partituras manuscritas de una orquesta de allá lejos y hace tiempo. Segundo: que la protagonista de ese encuentro providencial fuera Azar quien, por su historia familiar y, en especial, por su sensibilidad aguda, supiera qué hacer con y a partir de ese material musical. Una película, nada menos.

Por último, cuánta historia musical (y no sólo musical) argentina se habrá perdido irremediablemente o permanece escondida quién sabe dónde debido a la negligencia, ignorancia o desinterés de quienes poseyeron o se encontraron con materiales únicos, pero no supieron, no pudieron o no quisieron conservarlos o al menos entregarlos a entidades o personas que los apreciaran.

Felizmente, nuestra heroína supo, quiso y pudo, y el resultado, plasmado en su documental, fue el rescate de poco más de una década de parte de la historia de la música popular en Argentina, así como de uno de sus destacados protagonistas.

  • El autor es abogado y conductor de “Música Espectacular” en FM Azul 93.5, Punta del Este

​Cómo la curiosidad y determinación de una joven cineasta logró rescatar de la basura una parte de la historia de la música popular en Argentina.  

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