No es novedad, pero siempre sorprende: habitamos un único planeta, la globalización unificó pautas culturales, instaló una suerte de lengua franca, estableció normas económicas más bien universales. Y así y todo, en ese planeta único palpitan no uno sino muchos, múltiples, mundos. Y en esos mundos la celebración del Año nuevo adopta formas –y fechas– distintas. Así vemos, en esta foto, a una artista bengalí sumergida en los preparativos del Poila Boishakh, el Año Nuevo de Bangladesh. La creadora anónima trabaja en una sala de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Dhaka; en unos días sus figuras se sumarán a muchos otros estandartes e imágenes de colores, en una celebración que convoca a las diversas etnias, creencias y regiones del país: mundos dentro de otros mundos, dispuestos a celebrar el inicio de un nuevo ciclo.
No es novedad, pero siempre sorprende: habitamos un único planeta, la globalización unificó pautas culturales, instaló una suerte de lengua franca, estableció normas económicas más bien universales. Y así y todo, en ese planeta único palpitan no uno sino muchos, múltiples, mundos. Y en esos mundos la celebración del Año nuevo adopta formas –y fechas– distintas. Así vemos, en esta foto, a una artista bengalí sumergida en los preparativos del Poila Boishakh, el Año Nuevo de Bangladesh. La creadora anónima trabaja en una sala de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Dhaka; en unos días sus figuras se sumarán a muchos otros estandartes e imágenes de colores, en una celebración que convoca a las diversas etnias, creencias y regiones del país: mundos dentro de otros mundos, dispuestos a celebrar el inicio de un nuevo ciclo.

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