MADRID.- De patito feo a cisne. Esa fue la narrativa que se le adjudicó a Shandi Sullivan en America’s Next Top Model, un reality que se emitió durante 15 años con enorme éxito en medio mundo. Creado por la supermodelo Tyra Banks, el formato aspiraba a replicar el fenómeno de American Idol trasladando la competición del ámbito musical al de la industria de la moda. Tras el inesperado éxito de su primera temporada, inicialmente rechazada por las grandes cadenas durante su desarrollo, decenas de miles de jóvenes acudieron en masa a los castings con la esperanza de formar parte de la segunda edición. Shandi Sullivan, de 21 años, ni siquiera había oído hablar del programa cuando vio por casualidad un anuncio en televisión. Nunca había considerado ser modelo, pero su novio la animó a presentarse. Pidió el día libre en la droguería de Kansas City donde trabajaba, “gritó” al equipo de casting que no pensaba volver jamás a ese empleo y, pocos días después, recibió la confirmación: estaba dentro. El sueño de convertirse en cisne ante millones de espectadores, sin embargo, pronto se transformó en una pesadilla.

La cruda realidad: Dentro de America’s Next Top Model, la docuserie de tres episodios dirigida por Mor Loushy y Daniel Sivan, se ha convertido en uno de los contenidos más vistos de Netflix en lo que va deL año. Su objetivo es reconstruir la intrahistoria de un programa que alcanzó 24 temporadas, se emitió en 180 países y dejó una huella profunda en la cultura pop de principios de siglo. Pero lo que comenzó como un intento –por parte de una figura pionera como Banks– de democratizar el acceso a las pasarelas y dar visibilidad a colectivos tradicionalmente excluidos acabó reproduciendo muchos de los vicios estructurales de la propia industria. Los marginados convertidos en acosadores. Entre las polémicas acumuladas con el paso de los años figuran las presiones de la cadena para limitar la diversidad —el entonces presidente de Viacom, Les Moonves, posteriormente acusado de abusos por varias mujeres, rechazó la presencia de una modelo latina—, la instigación de conflictos entre concursantes, la presión para someterse a cirugías estéticas o prácticas constantes de body shaming por peso, altura o tipo de piel. A ello se sumaban sesiones fotográficas de estremecedor criterio: desde posar junto a personas sin hogar hasta representar los efectos del tabaquismo o recrear escenas de crímenes violentos.

Tyra Banks, de las pasarelas a las producciones para la pantalla

Sin embargo, el episodio que más controversia ha generado en los medios estadounidenses es la confesión de la agresión sexual que sufrió Shandi Sullivan en 2004. Una joven marcada por la falta de autoestima y afecto —abandonó el hogar familiar con apenas 18 años, sin despedirse— que encontró en el programa una oportunidad de reconstruirse. “Me he pasado la vida siendo la oveja negra de mi familia, sin tener a nadie con quien hablar o compartir lo que sentía”, explicaba. Dentro del concurso, su transformación fue evidente: aprendió a desfilar, la tiñeron de rubio platino y pasó a ser considerada una de las favoritas. “No me sentía guapa entonces, aunque me decían que lo era y que encajaba en los cánones. Por primera vez empecé a creerlo. Sentí una confianza que nunca había tenido”, recordaba.

Shandi Sullivan, en uno de los capítulos más controversiales

El éxito de la primera temporada permitió ampliar el presupuesto en la segunda, que trasladó a las concursantes a Milán. Allí, un grupo de modelos italianos ejerció como chóferes y, en una estampa que evocaba a Audrey Hepburn y Gregory Peck, recorrieron la ciudad en Vespa. Al final del día, los jóvenes regresaron con ellas al apartamento y comenzaron a beber. “Iba muy borracha. Me bebí dos botellas de vino yo sola. Recuerdo fragmentos: estar en la ducha, sentarme allí… y luego la cama”, relata en la docuserie. Con las cámaras grabándolo todo, Shandi empezó a besarse con uno de los chicos. “Solo recuerdo que él estaba encima de mí. Me había desmayado. Nadie hizo nada para detenerlo. Y lo grabaron todo. Todo (…) Estuve inconsciente casi todo el tiempo. No sentí la penetración, pero sabía que me estaba penetrando. Después perdí el conocimiento. Al día siguiente me desperté y pensé: ‘¿Qué pasó anoche?’. Me vino todo de golpe y me superó. Me senté en la cama y lloré”.

Lo más inquietante es que, incluso para los estándares de la televisión de principios de los 2000, lo sucedido se convirtió en un arco narrativo más del programa, un mero affaire que explotar. La producción optó por enmarcarlo como una infidelidad: la historia de una chica ingenua y pueblerina que se desmelena y sucumbe a la tentación lejos de casa. Shandi se hundió ante las cámaras y pidió abandonar el concurso, pero fue persuadida para continuar a cambio de poder hablar con su novio, Eric. El programa emitió la llamada en la que ella, llorando y encogida en posición fetal, le confesaba lo ocurrido mientras él respondía con insultos como “zorra estúpida”. También se grabó el momento en que contactaba con el joven italiano —cuya identidad nunca ha sido revelada— para preguntar si había usado protección o si tenía alguna enfermedad de transmisión sexual. Incluso miembros del equipo técnico, como el sonidista o el cámara, le pidieron disculpas por tener que registrar una situación tan dolorosa. Al día siguiente, la propia Tyra Banks intervino para hablar con las concursantes sobre la fidelidad en la industria de la moda, adoptando un tono de mentora preocupada que hoy resulta difícil de sostener.

Shandi Sullivan

Sullivan afirma que le hubiera gustado que alguien del equipo hubiera intervenido aquella noche, en lugar de limitarse a grabar. Sin embargo, en la docuserie, los responsables del programa evitan asumir responsabilidades. Banks se desvincula asegurando que “la producción no es su territorio”, mientras que Jay Manuel, director creativo y juez del formato, explica que las normas permitían grabar si la concursante no estaba sola en el baño. “No sé quién lo decidió, pero era una subtrama y había que verla hasta el final”. Por su parte, el productor ejecutivo Ken Mok sostiene que la escena se suavizó en la sala de montaje y defiende el enfoque del programa: “Siempre lo planteamos como un documental. Las chicas lo sabían desde el primer día: habría cámaras constantemente, registrando lo bueno, lo malo y todo lo demás. Pase lo que pase, si te están grabando, lo vamos a documentar”. Su conclusión resulta especialmente perturbadora: “Para bien o para mal, fue una escena icónica de Top Model”.

Shandi Sullivan no ganó su edición. Tras la emisión, quedó “destrozada”. Retomó su relación con Eric, que se trasladó con ella a Nueva York para apoyarla en su intento de abrirse camino como modelo. Pero la exposición pública tuvo consecuencias devastadoras: cuando la reconocían por la calle, recibía insultos como “puta” o “zorra infiel”. “Me odiaba”, confesó.

Años después, Tyra Banks la invitó a su talk show y, pese a que Sullivan aseguró no haber vuelto a ver las imágenes, estas fueron emitidas ante ella. Poco después, regresó a la misma droguería de Kansas City que había abandonado. Hoy, con 43 años, trabaja cuidando animales y sueña con tener una granja. En su cuenta de Instagram ha explicado por qué ha decidido hablar más de dos décadas después: “Aproveché esta oportunidad porque sabía que Tyra no tenía el control sobre mi narrativa y que el director y los productores de la serie me apoyaban… Por eso lo hice. Lo hice por mí. ¡Porque importaba y sigo importando! El amor que he sentido hoy ha sido inmenso. Gracias a todos los que me han escuchado”.

​“Para bien o para mal, fue una escena icónica”, aseguró uno de los productores del ciclo de comienzos de los 2000