No es una serie española más, ni puede ser etiquetada solamente como drama, que lo es, pero condimentado con tantos ingredientes de distintos origen y sabor –muchos de esos del tipo «amargo»– que Salvador termina siendo una historia difícil de encasillar y muy recomendable para ser vista. Y, si se pudiera agregar algo a ese «no te la pierdas», uno diría que no se la consumiera en modo maratón, porque hay mucha escena dolorosa para masticar con calma.

Estrenada el mes pasado en Netflix, la historia gira en torno a un médico de emergencias que maneja una ambulancia, pero no sabe manejar un pasado que lo abruma. Y menos aún un presente que lo aniquila: acaba de ser testigo de la muerte de su hija, pero no logra dar con el asesino.

Ésa es la única razón por la que Salvador sigue vivo, o despertando cada día que no es lo mismo.

Él necesita saber quien mató a Milena (Candela Arestegui), una joven que integra el grupo neonazi White Souls, liderado por Carla (en un gran trabajo de Leonor Watling). Ella y su padre están distanciados, porque la chica sintió el abandono paterno durante su infancia y adolescencia. Y él ahora siente que su hija fue por el camino opuesto al que quiso inculcarle en los pocos ratos compartidos.

Y Salvador, que ha intentado salvas miles de vidas ajenas, no puede hacerlo ahora con ella, a quien rescata en medio de un violento enfrentamiento callejero en la previa a un importante partido de fútbol. El grupo de ultraderecha que integra Milena está en esas calles y se despide de la vida en uno de los boxes donde su padre trabaja.

Así, casi sin respiro, la serie va entrelazando violencia social, peligroso agite político, frustraciones familiares, culpas, duelos que suman dolor y ese sutil manejo de lo vincular que tan bien sabe plantear Aitor Gabilondo, creador de muchas ficciones, especialmente de esa joyita llamada Patria, y que tenía los ataques de ETA como telón de fondo para contar la destrucción de una amistad (aparentemente) inquebrantable entre dos familias. Fue, sin dudas, una de las mejores producciones audiovisuales que presentó España para revisar su propia historia.

Aquí está lo neonazi, la ultraderecha y los valores familiares alterados como boceto por el que Salvador, el personaje central, va intentando hacer pie.

Reconocido y codiciado actor en su país tanto para series como para películas, la composición de Luis Tosar como un hombre roto es conmovedora. Se sabe de él que es viudo, que su profesión -especialmente en la atención sanitaria urbana de las emergencias- lo llevó a desatender algunas cuestiones personales y que el alcoholismo lo desestabilizó. Pero ahí está, a bordo de una ambulancia tratando, al menos, de sanar heridas de otros.

Pero su camino ya no es sólo el que marca el lugar de las urgencias, sino el que lo lleva a familiarizarse con los compañeros de White Souls de su hija, tanto con Carla como con Julia, una chica que lucha por la tenencia de su hija y que le permite a Salvador mostrar algunas actitudes paternales que no pudo tener con su propia hija.

El trabajo de Claudia Salas como esa integrante del grupo neonazi que hace lo que puede -más que lo que quiere- para recuperar a su pequeña es otro de los pilares de esta serie. Para muchos argentinos su rostro resultará familiar, por haber brillado como Rebeka en Élite, otro de los éxitos españoles de Netflix.

Salvador perturba, atrapa, conmueve y duele, en caso de que una serie pueda provocar ese verbo. Pero saber que es ficción compensa los síntomas.

Drama y acción Protagonistas: Luis Tosar, Claudia Salas y Leonor Watling Creador: Aitor Gabilondo Emisión: Ocho episodios, de entre 40 y 50 minutos cada uno, en Netflix.

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