Graciela Pal: de un personaje soñado a su pelea con Cacho Castaña y sus asignaturas pendientes

¿Se acuerdan de la abuela de Billy Elliot, el chico de un pueblo minero inglés, que cumplió el sueño de ser bailarín contra todo mandato familiar y social? Esta abuela, protagonizada por Jean Heywood en la película de 2000, tuvo varias intérpretes en la versión teatral musical: Ann Emery, en el estreno en el West End londinense, en 2005; Carole Shelley, en Broadway, en 2008; Norma Lazareno, en México, y Mamen García, en España, ambas en 2017; y muchas otras, tantas como las ciudades de todo el mundo donde se realizó el espectáculo con libro y letras de Lee Hall y música de Elton John. A esta lista, se suma este año otro gran nombre. Porque a partir del 27 de mayo, la abuela de Billy Elliot en el teatro Opera de Buenos Aires es la actriz y cantante Graciela Pal.

“Hace varios meses me llamó (el productor) Diego Romay para ofrecerme este proyecto maravilloso y este personaje soñado. Por suerte, sucedió y estoy muy feliz de hacerlo, intentando lograr una abuela lo más cálida, tierna y amorosa posible. Y maravillada por esta obra, tiene una magia impresionante. Aquí estoy, siempre dispuesta y para adelante”, dice Pal, con la remera del espectáculo puesta (y otra más chica en el bolso para su nieta Amparo, de 10 años). Acaba de terminar el ensayo en la Fundación Julio Bocca, está algo cansada, pero no se le nota. En un rato, tendrá que decidir qué cocinar para la cena aunque aun no tiene ni idea de qué va a hacer. “Soy una ama de casa pésima”, dice.

Graciela Pal:

Con tantos años de profesión -empezó a los 14 años en el viejo Canal 11- en teatro, cine y televisión, la hija del actor Pablo Palitos trabajó tanto con famosos que ya no están como con actuales figuras que vio crecer. Siempre hay una coincidencia, un lugar donde se cruzaron. Fue desde “damita joven” a la abuela. Por ejemplo, en Billy Elliot vuelve a trabajar con Osvaldo Laport que interpreta al padre de Billy y con quien trabajó en Franco Buenaventura, el profe, telenovela en Telefe: “Lo amo y es mi amigo”, dice. Con Alejandra Perlusky, que interpreta a Mrs. Wilkinson, la profe de baile de Billy, trabajó en Cabaret (“es una persona encantadora y la quiero mucho”). Y con Déborah Turza (la madre de Billy) compartió un espectáculo homenaje al musical porque ambas interpretaron a Consuelo en distintas versiones de El diluvio que viene.

Y no solo ensaya a la abuela de Billy. También está actuando en otra obra, Los secretos de mamita, de Fabrizio Origlio, con Paola Papini, los sábados en el Paseo La Plaza. El año pasado, con otro gran amigo, Rodolfo Ranni, actuó en La noche de la basura, de Beto Gianola y además, estrenó una película, Mensaje en una botella, de Gabriel Nesci, con Luisana Lopilato y Benjamín Vicuña.

—No parás de trabajar

—Es un cansancio hermoso. Esta profesión te devuelve todo lo que le das. Tener trabajo es una bendición. He tenido mucha suerte en mi profesión. A esta edad (78 años), a esta altura de la vida, también se disfruta el no hacer nada. Antes, en cambio, me angustiaba si no me llamaban. Uno tiene que aprender a envejecer, o crecer, con tranquilidad y cuando no hay trabajo, se disfruta de otra manera: por ejemplo, veo más a mi nieta.

—O aprovechás para ver teatro, ¿no?

—Poco. Vivo en Rodríguez Peña y Corrientes, a un paso de todos los teatros. Por eso mis amigos se enojan conmigo cuando no voy a verlos, pero soy de salir poco de mi casa, me gusta estar con mi nieta y mi hija o voy a cenar afuera, me encanta.

—No te gusta ser espectadora

—No. Siempre quiero estar arriba del escenario. No es que me angustie, pero veo un personaje y pienso en cómo lo habría hecho o por qué no me habrán llamado. Y si voy a un estreno me pongo nerviosa igual que ellos, los que actúan, y no lo disfruto tanto.

Asignatura pendiente

“Es una asignatura pendiente [estar en el Teatro San Martín], pero no sé si se concretará alguna vez, tampoco pierdo el sueño”, dice Pal

La mayor parte de su experiencia teatral es en salas comerciales. En el teatro público, trabajó en el Cervantes (en El rapto de Medora de Lope de Rueda, en 1976, y en Chúmbale, de Oscar Viale, en 2008), del que guarda un hermoso recuerdo (“adoro el Cervantes, quiero que me convoquen siempre”). En cambio, nunca en el teatro San Martín: “Es una asignatura pendiente, pero no sé si se concretará alguna vez, tampoco pierdo el sueño”.

—Fuiste parte de dos hitos del teatro musical argentino: Aquí no podemos hacerlo, de Pepe Cibrián Campoy, en 1978, y El diluvio que viene, con Vicky Buchino y José Ángel Trelles, en 1979.¿Cómo los recordás?

—Muy lejano y muy movilizante. Me acuerdo de que para el estreno de Aquí no podemos hacerlo, el público aplaudió de pie, un público selectísimo de gente del ambiente hiperfamosísima que estuvo quince minutos aplaudiéndonos de pie, fue maravilloso. Y el placer de haber conocido a muchos compañeros como Ricky Pashkus, Ana María Cores, Sandra Mihanovich… No voy a nombrar a todos porque siempre me olvido de alguien. También me acuerdo de mucho cansancio porque Pepe era con los horarios y los ensayos bastante “tirano”, entre comillas lo digo. Ensayábamos en el sótano de la abuela de Sandra Mihanovich en Recoleta, muchas horas, hacía poco que me había casado con el papá de mi hija, estaba muy agotada. Fue un éxito. Ahí me vinieron a ver los españoles que trajeron aquí El diluvio, los hermanos Riva. Y me eligieron para el personaje de Consuelo. Me movilizó muchísimo por la grandeza de lo que me ofrecían. Estaba muy feliz con la obra de Pepe, pero me fui para hacer El diluvio.

—Tres años en cartel, ¿para vos qué significó?

—Sí, mucho. Hasta hoy, gente que me lo dice, “lo primero que vi en teatro fue El diluvio”, “me enamoré de vos, de tu trabajo”, eso me conmueve muchísimo. Qué bien que uno hizo algo que quedó. Eso es bueno. No pude ver ninguna otra versión.

“Se sufre mucho”

Graciela Pal:

Muy joven, Graciela trabajó en España con su papá. Dice que de él aprendió todo sobre la actuación: el amor por la profesión, la disciplina, el querer ser completo, hacer reír, hacer llorar, cantar en un musical, el respeto indeclinable al oficio. Sin embargo, en principio el padre no quería que se dedicara a la profesión artística porque “se sufre mucho”.

—¿Se sufre mucho?

—Se sufre cuando no tenés trabajo. Se sufre cuando soñaste con un personaje, te dijeron que ibas a estar y después lo hace otra, pero no por una cuestión de envidia sino porque lo creías tuyo. Se sufre cuando termina una temporada de teatro o una telenovela y te tenés que separar de tus amigos y no entendés cómo no los vas a ver mañana. Además, somos bastante sensibles y exagerados. Lo que te hace feliz, te hace más feliz que a nadie; lo que sufrís, es más fuerte que para nadie.

—¿Y por algún fracaso?

—Ahí se sufre mucho. También se aprende. Un fracaso en que tenía peso mi nombre fue Lifting (2014),de Pepe Cibrián Campoy, con Linda Peretz y Ana Acosta en el Tabarís. Fue un fracaso de público, que no acompañó, un fracaso rotundo. Después los fracasos donde no encabezás o donde no estás entre las figuras que pueden convocar son menos duros, los sufrís pero de otra manera, más por el otro que por vos y por trabajo que se corta.

Una imagen promocional de la obra Lifting

“Nunca me convocó”

—En televisión, menos con Alberto Migré, estuviste con todos

—Sí, se ve que yo no le gustaba porque mi representante era bastante amigo de él y supongo que a través de tantos años le habrá dicho, pero nunca le pregunté. No le debía gustar porque nunca me convocó y estoy agradecida porque exigía mucho en lo textual, el punto y la coma y la respiración tal como escribía. Decía, con razón, que para eso se había roto el alma escribiendo. Pero en televisión uno no tiene ese tiempo. O lo pasás muy mal como lo pasaban algunos o tiene que ser más libre. Respirás donde querés la coma, la enchufás donde te viene bien cuando te salió la última palabra y tratás de acomodar con tus palabras un texto con la misma duración, porque en televisión el tiempo es así, tenés que aprenderte escenas largas de un día para otro, es imposible. Sin embargo, lo hicieron muchos y lo hicieron muy bien. A mí me habría costado muchísimo. Soy bastante rebelde en eso. Respeto muchísimo lo que hace el otro pero dame un poquito de libertad.

—En las telenovelas, ¿cómo la pasaste? ¿Tenés un ranking?

—La primera que hice, larga e importante, fue Nuestra Natacha en el viejo Canal 7. La protagonista era Susana Rinaldi y las chicas compañeras de ella éramos Cristina Alberó, Alejandra Da Passano y yo. El personaje que hacía Cristina Alberó, que no me acuerdo cómo se llamaba, se enferma gravemente y había que operarla del cerebro. ¿Y quién la opera? El doctor fulano que en la novela había empezado como abogado. Lo hacía un actor español, Pepe Comellas. Cosas graciosas que pasaban a veces y la gente no se daba cuenta, pero son terribles. Un abogado le operó el cerebro. Así quedó mi amiga…

—Te digo yo: Nano, con Gustavo Bermúdez y Araceli Gonzalez (1994)

—En Nano fui muy feliz con Araceli, me tocó varias veces hacer de su mamá. Y con Bermúdez también.

Celeste, con Andrea Del Boca y Bermúdez (1991)

—Era Cachita, cocinera y amiga de Celeste. La pasé bien, pero era otra disciplina, muy rígido todo, muy serio, entonces me divertí menos pero el personaje me dio muchas satisfacciones.

—Ya que la mencionamos, ¿qué opinás de Andrea del Boca en Gran Hermano?

—Es una persona amorosa ella. Me enteré por mi yerno que es el director de cámaras de GH (Gonzalo Díaz Servidio, marido de su hija, la actriz Manuela Pal). Me pareció raro, qué sé yo. Dios me perdone, mi yerno y Telefe, es un programa que nunca vi, que me perdonen, pero para mí siempre fue un programa menor de gente que se rasca todo el día. Me dio cosita que estuviera ahí, por qué, qué necesidad. Y después escuché, por ahí es verdad o por ahí no porque con ella no lo hablé -cada tanto nos saludamos por mensajito desde aquel entonces- pero me explicaron que ella necesitaba ganar un público joven, actual. Por dinero no creo, porque ellos han estado bien siempre. No lo sé, la verdad. Respeto muchísimo lo que ella necesite, lo que ella quiere hacer y lo que cualquiera haga. Yo, en su lugar, no lo habría hecho porque me costaría mucho estar ahí encerrada con gente que no conozco y compartir el baño y mis sueños. No es para mí.

—¿En Polka trabajaste?

—Sí, muy poco. Hice algunas Mujeres asesinas, donde generalmente hacía de mamá de Araceli o de Laura Novoa. Y Primicias (2000), donde también era mamá de Araceli. Ahí me tocó trabajar con Juan Carlos Mesa a quien adoré por buen compañero, por caballero, por talentoso, por gracioso y por andaluz. Todo eso tengo para decir.

Su experiencia en Dulce amor

Graciela Pal:

—De Dulce amor (2012), con Carina Zampini, Sebastián Estevanez, Juan Darthés y Calu Rivero, ¿te fuiste?

—Sí, me fui. Era Rosa, cocinera y la abuela de Nicolás Riera. Me fui porque ya no era feliz ahí, el personaje no crecía. Y tuve un choque con Cacho Castaña. Pasó lo siguiente: Cacho no es del palo, no es actor. No se bancó grabar una tira, que es duro. Y se inventó algo para no hacer una escena, se quería ir de alguna forma. Teníamos que tener un romance y dijo que él no iba a besar a una abuelita enferma. Rosa no era una abuelita enferma. No era China Zorrilla ni él era Leonardo Sbaraglia en Besos en la frente. Me jodió bastante su actitud porque lo admiro, lo he querido, pero no volví a verlo desde esa vez, quedamos como peleados.

—Años después, Calu Rivero denunció el abuso de Juan Darthés en esa tira.

—A mí me mortificó mucho todo eso. Lo que pasó, lo sabrán ellos y lo sabe Dios. Lo conozco a Juan y tenía una imagen absolutamente opuesta a lo que apareció, siempre me pareció muy respetuoso, muy familiar, pero qué sabe uno. Y a Calu tampoco la conozco tanto.

Madre orgullosa

Graciela Pal junto a su hija, Manuela, y su nieta, Amparo

—¿Cómo ves la carrera de tu hija?

—Se respeta mucho, cuida lo que elige para trabajar. Y es actriz. Cuando voy a verla al teatro me hago encima, pero no porque sea mi hija sino porque me doy cuenta cuando alguien sabe pisar el escenario. En cuanto a las oportunidades, este trabajo es una lotería. Muchísimo tiene que ver la suerte en nuestra carrera. A veces, más que el talento, lamentablemente. Ahora está por estrenar El chat de mamis, en el Multitabaris.

—¿Entre tantos personajes, tuviste protagónicos?

—No tuve protagónicos en algo que hiciera mucho ruido, con lo cual cuando he hecho protagónicos nadie se enteró. Estoy muy feliz con mi carrera aunque hubiera merecido tener algo más. Hice un unipersonal, Las que aman hasta morir, de Cristina Escofet, con dirección de Julio Piquer. Lo estrené en Colonia y lo terminé en Bookstore, era una librería en Corrientes y Ayacucho. Estuvimos poco tiempo, yo siempre estoy haciendo otra cosa y me tengo que ir, pero fue muy lindo.

—Sos muy querida.

—Es muy importante, pesa más que lo otro.

—¿Y en el off no trabajaste?

—¿Sabes que en el off no hice nada? También es un pendiente. Me hubiera encantado hacer una obra de Alejandro Casona, por ejemplo, cualquiera, todos sus personajes vuelan tanto, son tan mágicos. Pero no se hace más, algunos dicen que es antiguo, pero para mí eso no es antiguo, eso es arte. Venía a comer a casa, con mis padres, y yo podía conversar a la par, con mucho respeto.

—¿Te han llamado para participar en una serie de alguna plataforma?

—No, nunca me convocaron para una serie. Y no tengo amigos que hagan series a los que les pueda decir “che, convocame”.

—A Adrián Suar podrías decirle…

—No soy amiga de Suar. Soy amiga de Araceli. Estuve en los dos casamientos de Ara.

—¿Pensás que no volvió a convocarte por eso?

—No, lo digo en broma, no tengo idea. Es divino el Chueco.

—Graciela, y vos, ¿tuviste amores del mundo del espectáculo?

—Muy pocos. Estuve diez años casada con el papá de mi hija, me separé y a los 4 o 5 años conocí al hombre que hace 34 años duerme conmigo. No hubo tiempo. Tuve algún “bolo” por ahí, como digo yo, pero mucho no duró.

Para agendar

Billy Elliot, el musical, dirigido por Rubén Szuchmacher. Estreno el 27 de mayo en el Teatro Ópera (Corrientes 860). Funciones: miércoles, jueves y domingos, a las 19.30, y viernes y sábados, a las 20.

​Entrevista a Graciela Pal que será la abuela de Billy en el musical Billy Elliot a estrenarse en el teatro Opera a fines de mayo.  

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