Aunque el Congreso no aprobó la ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo en 2018, el saldo fue positivo: durante meses se debatió sobre el aborto como nunca antes y la información entró en casas, escuelas, universidades, lugares de trabajo. Se habló de la importancia de la Educación Sexual Integral (ESI), los anticonceptivos y las políticas públicas destinadas a evitar embarazos no intencionales.
Dos años después, en 2020, el aborto se convirtió en ley. Fue una de las grandes conquistas de las últimas décadas: una deuda histórica saldada con las mujeres y con toda la sociedad.
Aquel debate parece volver, ahora dentro de una discusión más amplia -cuántos hijos deben tener las mujeres y para qué los necesita el país-, y en el marco de la batalla cultural planteada por el gobierno libertario.
Javier Milei cuestiona reiteradamente este derecho. Días atrás dijo varias frases al respecto: “Estamos pagando muy caro la locura de los pañuelitos verdes”, "la pasión por asesinar niños en el vientre de la madre tiene consecuencias sobre el crecimiento y el sistema previsional", “hoy, la Argentina no llega a una tasa de crecimiento de la población y de la natalidad que permita la reposición”.
Reposición.
La palabra es clave para entender algunas políticas del gobierno libertario.
Desmantelar el Plan de Embarazo No Intencional en la Adolescencia (ENIA), atacar la Educación Sexual Integral y dejar de garantizar la distribución de anticonceptivos son parte de la ideología pronatalista.
Reducir las herramientas que dan información y permiten tomar decisiones es funcional al objetivo de terminar con la libertad reproductiva. Es una concepción de la sociedad en la que la natalidad aparece como una necesidad económica y las mujeres como quienes deben satisfacerla dejando de lado sus proyectos de vida y sin recibir nada a cambio.
En 2018 las mujeres salieron masivamente a las calles para decir que la maternidad debía ser deseada. En 2020 conquistaron el derecho a decidir. Hoy hay que volver a defender el concepto elemental de poder tener los hijos que se desean, y no por obligación demográfica.
Si esa es la idea que el presidente y su gobierno libertario tienen de la sociedad -y la humanidad en general- entonces el problema ya no se limita a que quieran decidir sobre el cuerpo de las mujeres. Es mucho más tenebroso: todas las personas serían parte de un stock. Cosas.
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