Un equipo de investigadores de la Universidad Estatal de Arizona (ASU), en colaboración con el Ayuntamiento de Phoenix, llevó a cabo un ambicioso experimento a gran escala para combatir el fenómeno de la isla de calor urbana.
En 2020, la ciudad aplicó un revestimiento de base acuosa denominado CoolSeal sobre aproximadamente 58 kilómetros (36 millas) de calles residenciales y un aparcamiento público distribuidos en ocho distritos. La iniciativa buscaba alterar la capacidad del asfalto tradicional para absorber energía solar y evitar que las superficies continuaran liberando calor durante las horas nocturnas.
Un escudo reflectante contra el calor extremo
El tratamiento aplicado sobre el pavimento existente posee un color gris claro compuesto por emulsiones de asfalto, polímeros y materiales reciclados sin químicos nocivos. A diferencia del asfalto negro convencional, que en los días más calurosos de Phoenix puede superar los 80 ºC, esta capa reflectante devuelve una proporción considerable de la radiación solar directamente a la atmósfera.
Los primeros análisis determinaron que la reflectividad solar del suelo aumentó de forma drástica inmediatamente después de la aplicación, pasando del 12 % característico de la carretera tradicional a valores de entre 33 % y 38 %.
Los datos del éxito: carreteras y subsuelo más fríos
Las mediciones continuadas durante diez meses por parte de los científicos de ASU arrojaron resultados positivos en términos de ingeniería vial. Durante las horas de mayor insolación, la temperatura superficial del asfalto tratado descendió entre 5,8 ºC y 6,7 ºC (de 10,5 °F a 12 °F) en comparación con el pavimento envejecido no tratado.
Los hallazgos del experimento con pavimentos fríos demostraron que cambiar el color de la calle reduce la acumulación de energía nocturna, pero exige combinarse con sombras de árboles y estructuras para no castigar a los transeúntes. Foto: Gobierno de la Ciudad de Phoenix
Asimismo, las capas situadas bajo la superficie registraron un descenso promedio de 2,6 ºC (4,8 °F), un factor clave que reduce la degradación del material y promete recortar de manera sustancial los costes de mantenimiento del trazado urbano a largo plazo.
La paradoja de MaRTy: el impacto real sobre el peatón
Pese al enfriamiento de la estructura vial, el estudio reveló un inconveniente fundamental al evaluar la experiencia humana. Para medir el calor experimentado por un transeúnte, los investigadores emplearon una estación meteorológica móvil bautizada como MaRTy, diseñada para calcular la temperatura radiante media sobre el cuerpo humano.
Las mediciones confirmaron que la energía que el asfalto dejó de absorber no desapareció, sino que rebotó hacia arriba y hacia los lados. Como consecuencia, la radiación recibida por un peatón en las horas del mediodía aumentó unos 3,1 ºC (5,5 °F) sobre las calles pintadas de gris claro.
La sombra como complemento indispensable en la ciudad
El resultado del experimento no invalidó la tecnología, sino que delimitó su ámbito de aplicación eficiente. Las autoridades de Phoenix integraron el uso de pavimentos fríos de forma permanente en su plan de mantenimiento vial, extendiendo el recubrimiento a más de 220 kilómetros e introduciendo la formulación CoolSeal 2.0.
Si bien el programa redujo drásticamente el impacto térmico en las carreteras, los sensores demostraron que la radiación solar rebotaba directamente hacia el cuerpo de quienes caminaban por la zona. Foto: Gobierno de la Ciudad de Phoenix
Sin embargo, los investigadores concluyeron que este tipo de material debe destinarse prioritariamente a zonas de menor tránsito peatonal o combinarse obligatoriamente con árboles y estructuras arboladas, dado que la sombra natural reduce la temperatura del suelo en más de 9 ºC y protege de forma efectiva el cuerpo del peatón frente a la radiación solar directa.
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