26/08/2026 18:18
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El hincha de River que debía ser de Boca, le metió goles a Chiqui Tapia y quiere terminar con Infantino

El hincha de River que debía ser de Boca, le metió goles a Chiqui Tapia y quiere terminar con Infantino

El esloveno Aleksander Ceferin preside la UEFA y desde ese espacio de poder busca que caiga el presidente de la FIFA. Sus visitas a la Argentina y las conexiones con los principale

Stefano Di Carlo sabe bien que el hombre que lidera el cambio de poder en la FIFA es hincha de River, aunque lo lógico sería que fuera de Boca. Y sabe bien que ese hombre también tiene divergencias importantes con Claudio Tapia. Di Carlo cree que los árbitros hunden a River, esta otra persona cree que Gianni Infantino está hundiendo a la FIFA.

Ese otro hombre se llama Aleksander Ceferin, un abogado esloveno que preside la UEFA, es cinturón negro de karate, cruzó cuatro veces el Desierto del Sahara en auto y moto, y fue desplegado en la muy breve guerra por la independencia de su país en 1991. Ceferin conoce bien la cancha de River, jugó incluso partidos informales junto a viejas glorias y Marcelo Gallardo en los tiempos de Rodolfo D'Onofrio como presidente y Di Carlo como secretario general y vicepresidente.

El fútbol es para Ceferin un placer semanal con sus amigos eslovenos, amigos que, admite, le dan pases de gol con más frecuencia que en tiempos de menos poder. Difícilmente no juegue el partido completo. No pueden decir necesariamente lo mismo Alejandro Domínguez y Tapia, con los que se ha cruzado en choques informales entre dirigentes y ex jugadores de la UEFA y la CONMEBOL. Observadores de esos encuentros vieron un Ceferin que metía goles al combinado sudamericano (¡cómo no permitirle un gol al jefe de la UEFA!), mientras otros dirigentes pedían el cambio.

Hace ya un tiempo de eso, pero todos, en definitiva, se conocen demasiado.

Tapia apoya encendidamente a Infantino, mientras Domínguez camina sobre un alambre y atiende a las cuchilladas por la espalda. Lo de Ceferin es mucho más sencillo: quiere acabar con el máximo jefe del fútbol.

¿Cómo es posible que este hombre sea hincha de River? Ceferin lo explicó en su momento: "Conocí al presidente de River Plate y es un caballero, muy agradable, jugamos al fútbol contra su entrenador y su equipo. Y por eso, si me preguntan qué equipo prefiero en Argentina, mi respuesta es River Plate".

Ceferin, amigo de las frases breves y contundentes y de un estilo que a veces puede sonar a excesivamente seco, inició su "inmersión argentina" con aquel partido amistoso de la Selección contra Eslovenia en la despedida rumbo a Brasil 2014. Por entonces presidía la federación de su país, y eso le permitió trabar contacto y generar amistades en la comunidad eslovena en Argentina. Ceferin debería ser hincha de Boca: un esloveno, Viktor Sulčič, diseñó La Bombonera, y un discípulo de Sulcic, Tomaž Camernik, propuso hace pocos años un proyecto de remodelación.

Pero Ceferin es de River. Y enemigo del "populismo".

Aleksander Ceferin tiene divergencias importantes con Chiqui Tapia. Foto AP

"Mire, hay una combinación. El poder del fútbol (o cualquier otro poder) por un lado, y los megalómanos por el otro. Es una combinación mortal. Pero no tengo a nadie concreto en mente, no es sólo el fútbol, es en todo el mundo. El populismo es una cosa peligrosa".

Cuando dice "no tengo a nadie concreto en mente", una leve sonrisa irónica cruza el rostro de Ceferin, que hace una década, cuando llegó al poder en la UEFA, cobraba cerca de un millón y medio de dólares al año como presidente y hoy cobra el doble, además de una cifra no establecidas en su carácter de vicepresidente de la FIFA.

Ceferin nunca quiso a Infantino, nunca entendió su carácter histriónico y su ambición de poder, pero sobre todo, nunca estuvo de acuerdo con sus proyectos: desde el Mundial de Clubes hasta la ampliación del número de participantes en la Copa del Mundo, pasando por la intención de vender parte del Mundial a inversores privados, los desacuerdos fueron frecuentes y persistentes.

Durante años fue legítimo pensar que lo que en realidad quería Ceferin era la presidencia de la FIFA, pero ahora, cuando Infantino parece estar más frágil que nunca -aunque con la FIFA nunca se sabe-, el esloveno renunció públicamente a esa posibilidad.

"No me interesa por dos razones. La primera es que me encanta la UEFA y me encanta trabajar aquí, y creo que, llegado un momento, también hay que disfrutar un poco de la vida", dijo el esloveno de 58 años al podcast "Rest is Politics".

"La segunda razón es que mi credibilidad es mucho, mucho mayor si no estoy interesado en el cargo", añadió, con lógica de abogado experto en los pasillos del poder.

¿Caerá Infantino tras diez años al frente del fútbol? Ceferin cree que sí, y explica lo que entiende que puede suceder.

"Una opción es que se dé cuenta de que no cuenta con el apoyo necesario, y no me refiero solo al apoyo político de quienes votan, sino al apoyo político de la comunidad futbolística, el apoyo político de los aficionados, el apoyo político de los jugadores, los ex jugadores y los entrenadores. Y la segunda opción es que se presente a las elecciones de marzo, pero, en ese caso, creo que tendrá un candidato que se le opondrá. Aún no sé quién".

Ceferin premia a Cristiano Ronaldo por ganar con Portugal la Liga de Naciones 2025 de la UEFA. Foto AP

Ceferin no puede creer que la Primera División del fútbol argentino incluya 30 equipos -"en mi humilde opinión, para cualquier liga del mundo más de 20 equipos es demasiado"-, y rrecibió con asombro comentarios de Domínguez acerca de que la Copa Libertadores es "el fútbol de verdad", a diferencia del de "PlayStation" de la Champions League. "Me parece bastante atrevido", dijo.

Años después, su momento parece haber llegado: no quiere ser presidente de la FIFA, pero quiere un cambio allí. Como el que asegura que hizo en la UEFA, donde llegó inesperadamente al poder y se encontró con propuestas sorprendentes: "Alguien levantó la mano y dijo ‘presidente, ¿por qué transparencia?’ ¡Imagínate la pregunta! Y en esa misma reunión, cuando hablé de la limitación de mandatos, otro dijo ‘pero presidente, ¿por qué limitarse? Usted es joven, ¡podría estar en el cargo por 30 años!’. Claro, le dije yo, ¡¡pero no quiero estar en el cargo por 30 años!!".

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