Durante más de un siglo, la familia de Pete Ferrell se dedicó a la ganadería en las praderas de Kansas, Estados Unidos. El negocio dependía del ganado, del precio de los animales y, especialmente, de algo imposible de controlar: el clima. Una sequía podía reducir el pasto disponible y afectar seriamente los ingresos.
Ferrell encontró una segunda fuente de dinero en otro fenómeno meteorológico. En su rancho de 7.000 acres —unas 2.833 hectáreas— cerca de Beaumont, instaló 50 turbinas eólicas que desde hace más de dos décadas producen electricidad mientras las vacas continúan pastando alrededor.
Los aerogeneradores representan la mitad del Elk River Wind Project, un parque de 100 turbinas que comenzó a operar en 2005. Con una capacidad total de 150 megavatios, puede generar suficiente electricidad para cubrir las necesidades anuales de aproximadamente 60.000 hogares.
De rechazar las turbinas a convertirlas en un negocio
Ferrell pertenece a la cuarta generación de una familia vinculada con esas tierras desde 1888. La relación del rancho con la energía eólica, sin embargo, comenzó mucho antes que el actual parque.
En 1923, cuando la red eléctrica todavía no llegaba hasta la propiedad, su bisabuelo instaló una pequeña turbina Jacobs Windjammer conectada a una batería para producir la electricidad que necesitaba la vivienda familiar.
En primer plano las vacas del rancho, y de fondo las turbinas eólicas.
Décadas después, cuando una compañía se acercó a Ferrell para proponerle instalar grandes aerogeneradores, su respuesta inicial fue negativa.
“Pensé que arruinarían el paisaje”, recordó el ranchero. La empresa lo llevó entonces hasta Altamont Pass, California, para conversar con propietarios que ya convivían con parques eólicos. Allí, uno de ellos le explicó que continuaban cuidando sus tierras exactamente igual que antes.
Ferrell terminó cambiando de opinión. El primer proyecto no prosperó económicamente, pero posteriormente recibió seis propuestas y firmó un acuerdo con Greenlight Energy Resources, desarrolladora que impulsó Elk River.
Cuánto terreno ocupan las 50 turbinas
Uno de sus principales temores era perder superficie destinada al ganado. Después de la construcción, Ferrell calculó cuánto terreno había quedado inutilizable debido a las bases de los aerogeneradores, caminos e instalaciones auxiliares.
El resultado fue de aproximadamente 50 acres en toda su propiedad: un acre por cada turbina. Eso representa menos del 1% de las 7.000 acres del rancho.
El resto continuó disponible para la actividad tradicional. Las vacas incluso utilizan las estructuras para conseguir sombra y refugiarse alrededor de sus bases.
Ferrell calculó cuánto terreno había quedado inutilizable debido a las bases de los aerogeneradores.
El acuerdo tampoco convirtió a Ferrell en propietario del parque eólico. Las compañías energéticas operan los equipos y los propietarios de las tierras reciben pagos por permitir su instalación.
Según Nicholas Glover, del Environmental Defense Fund, un propietario puede obtener alrededor de US$ 10.000 anuales por turbina, aunque los contratos y montos varían según cada proyecto.
El viento ya genera cerca de la mitad de sus ingresos
Para Ferrell, la principal ventaja es la previsibilidad. Desde 2005, las regalías vinculadas con los aerogeneradores representan aproximadamente la mitad de sus ingresos anuales.
Hace más de dos décadas Elk River Wind Project produce electricidad.
La diferencia con el ganado aparece especialmente durante las sequías. La falta de lluvia puede reducir drásticamente el alimento disponible para los animales, mientras que los contratos por las turbinas siguen generando ingresos.
“El combustible es gratis. Simplemente aparece”, resumió Ferrell sobre el viento que atraviesa las Flint Hills. También definió las turbinas como su “mejor póliza de seguro” frente a la incertidumbre de la actividad agropecuaria.
Esos ingresos tienen además un objetivo familiar: permitir que las 7.000 acres permanezcan juntas y puedan pasar a sus dos hijos y cuatro nietos, en lugar de tener que vender parte de la propiedad para afrontar deudas.
El rancha de 7.000 acres cerca de Beaumont.
El proyecto que generó resistencia entre sus vecinos
La instalación de los aerogeneradores no estuvo libre de conflictos. Ferrell contó que hubo oposición dentro de la comunidad y acciones legales para intentar detener las obras. Algunos cuestionaban el impacto sobre el paisaje y otros criticaban los incentivos públicos asociados a la energía renovable.
El proyecto finalmente siguió adelante y hoy el viento ocupa un lugar central en la matriz energética del estado. En 2024, la energía eólica produjo el 52% de la electricidad generada en Kansas, una de las proporciones más altas de Estados Unidos.
En el rancho de Ferrell, sin embargo, la transformación puede medirse de una manera más sencilla: las mismas tierras continúan criando ganado, pero ahora también producen electricidad y una fuente de ingresos que no desaparece cuando deja de llover.
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