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Entrevista a un "muy optimista" Rafael Grossi: el argentino en carrera para liderar la ONU asegura que su candidatura "es fuerte y sólida"

Entrevista a un "muy optimista" Rafael Grossi: el argentino en carrera para liderar la ONU asegura que su candidatura "es fuerte y sólida"

De visita en Washington, habló con Clarín sobre sus chances para ser elegido el nuevo secretario general de las Naciones Unidas. "Para mí es un orgullo ser candidato por mi país",

Luego de dos votaciones a puertas cerradas en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, el argentino Rafael Grossi, de 65 años, surge como uno de los tres candidatos favoritos para convertirse en el próximo secretario general de la ONU, en reemplazo de Antonio Guterres. Jefe del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), con tareas sensibles en Irán, Ucrania o Siria, Grossi se muestra “muy optimista” sobre sus posibilidades de ocupar el cargo, a pesar de que otras dos candidatas entre 8 postulantes han sacado cierta ventaja en las votaciones preliminares.

Grossi llegó a Washington para el lanzamiento este miércoles, junto con el secretario de Energía de EE.UU. Chris Wright, de una iniciativa de la OIEA para impulsar el uso de energía nuclear en el mar, en buques y centrales flotantes, lo que algunos consideran un virtual gesto de Washington a las aspiraciones del argentino al liderazgo de la ONU. En el encuentro participan delegaciones de China y Rusia.

Rafael Grossi.

En una entrevista con Clarín y La Nación, el argentino señaló que su candidatura “es fuerte, sólida y muy competitiva”. Afirmó que su diferencia de otros candidatos es que, como jefe de la agencia nuclear, tiene diálogo frecuente con los líderes de las potencias. “Trato temas muy sensibles y muy delicados con todos ellos, hoy, ahora”, dijo. Y afirmó que desde su perfil técnico es “imparcial” y que eso le otorga una capacidad diferente. “Puedo tener el apoyo de todos”, remarcó.

"Estamos en un mundo en llamas"

Y alertó: “Estamos en un mundo en llamas. Es desesperante que la ONU navegue hacia la intrascendencia. No podemos permitirlo”.

Hay cinco mujeres y tres hombres candidatos a dirigir el organismo, que nunca en su historia fue liderado por una secretaria. La elección es compleja e incluye varios pasos. Reunidos a puertas cerradas en una segunda votación, los 15 miembros del Consejo asignaron el viernes pasado de manera anónima a cada aspirante tres calificaciones: “apoya”, “no apoya” o “sin opinión”.

Según fuentes diplomáticas, la ex canciller de Guyana, Carolyn Rodrigues-Birkett, de 52 años, lideró la votación con 8 apoyos, 3 no apoyos y 4 sin opinión, delante de la ex vicepresidenta de Costa Rica, Rebeca Grynspan, de 70 años, (7-4-4) que había quedado primera en la votación inicial de junio, y de Grossi, que obtuvo 7 apoyos, 6 “no apoyos” y 2 “sin opinión”.

El resto de los postulantes (la expresidenta chilena Michelle Bachelet; la excanciller ecuatoriana María Fernanda Espinosa; el diplomático ugandés Olara Otunnu; el expresidente senegalés Macky Sall y la exministra de Comercio de Ecuador Ivonne A-Bak) marchan bastante más lejos.

Para imponerse al término de este proceso, que podría durar semanas o meses, un candidato debe obtener al menos nueve votos y evitar el veto de cualquiera de los cinco miembros permanentes del consejo (Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido). El nombre será después sometido a la Asamblea General, que en la práctica suele seguir la nominación del candidato recomendado.

Nadie se atreve a hacer pronósticos, ya que las preferencias aún parecen muy difusas y cambiantes, especialmente en lo que respecta a las grandes potencias con derecho a veto. Hay estos días fuertes lobbys entre las potencias para las próximas votaciones. Incluso podrían surgir candidatos “sorpresa”.

Pero Grossi dice confiar en que su capacidad negociadora será una ventaja ya que considera que desde “el día uno al secretario general se lo tiene que ver en la resolución de los conflictos internacionales”.

--Después de lo sucedido en las dos votaciones preliminares, ¿cree que tiene chances de ganar?

--Sí, por supuesto. El proceso es muy peculiar, de elección, de aproximaciones, y por lo tanto es un proceso gradual. Creo que está claro que nuestra candidatura es sumamente competitiva, prácticamente hay una igualdad en cuanto al número de votos favorables, varía un poco más en cuanto a los votos desfavorables, pero todavía las delegaciones se están expresando de manera informal y, como se vio de la primera a la segunda, hay bastantes variaciones, lo que puede seguir ocurriendo. Pero lo que se ve es que la base de apoyo y de sustentación es fuerte y está allí.

--¿Cómo ve su situación?

--Tomo este proceso con enorme prudencia, con enorme respeto. No soy afecto a decir si estamos ganando o no. Nuestra candidatura es fuerte, es sólida y es muy competitiva. Respeto a todos los demás y estamos haciendo todo lo necesario a nivel de consultas con los cinco miembros permanentes del Consejo y también con los diez miembros no permanentes para escuchar cuáles son sus preocupaciones, sus aspiraciones, y tratar de alinear eso lo más convenientemente posible para poder ganar. Así que yo me siento muy optimista.

--Usted mantuvo los siete positivos de la primera votación y las otras dos principales candidatas que más votos tienen los bajaron. Una tiene tres menos y la otra uno. ¿Qué lectura hace de esto?

--Ninguna en especial porque tendría que entrar en un terreno de especulación. Como es un proceso de voto secreto que continúa, la gente pregunta o la gente supone que tal votó a tal, pero puede ser o no. Entonces es un momento de enorme especulación. Yo creo que lo que está claro es que aún no hay un candidato de consenso, que hay un grupo de candidatos que se despega un poco del resto, pero eso también puede variar. Hay una gran paridad.

--¿Qué diferencias ve respecto a la elección anterior?

--Esto no es 2016, hay una diferencia abismal. Entonces veníamos del Acuerdo de Cambio Climático y lo multilateral, lo global, era mucho más aceptado. Las preferencias se expresaban de una manera menos polarizada. Lo que hoy se ve en el mundo es lo que se ve también en esta elección. Hay enormes tensiones y hay mucha prudencia en los miembros permanentes del Consejo de Seguridad en cuanto a sus preferencias o a manifestarlas.

--Si bien el voto es secreto, ¿tiene algún indicio de cuáles fueron los miembros permanentes que lo votaron o que no lo apoyaron?

--Diría que no, ellos mismos son enormemente cautos. Lo que quieren los países, y en particular los miembros permanentes del Consejo de Seguridad, es ver cómo va avanzando el proceso. Ellos pueden tener sus ideas, sus afinidades con un candidato o candidata más que con otro. Pero es muy difícil que vayan a revelar abiertamente a quién están apoyando o por quién están votando. Como candidato, yo los tomo a todos igual. Considero que puedo tener el apoyo de todos y por lo tanto me muevo de esa forma. Si hay algo que me diferencia de los otros candidatos es que yo estoy tratando temas muy sensibles y muy delicados con todos ellos, hoy, ahora. Irán, Siria, Ucrania. Entonces, considero que esa metodología de trabajo que yo he logrado establecer con todos me permite pensar que puede reproducirse en las Naciones Unidas. Pero con gran prudencia.

--Hay una variable importante respecto a 2016 que es Donald Trump, que descree del sistema multilateral. ¿Cómo influye Estados Unidos y Trump en esta votación?

--Yo he trabajado muy bien con él en su primera administración. Estoy trabajando muy bien ahora con él y sus equipos en temas de la agencia. De hecho, estamos hoy aquí en Washington lanzando una iniciativa muy importante con el secretario de Energía de EE.UU. Yo creo que es una muestra de un buen trabajo, del trabajo muy concreto que nosotros tenemos con ellos.

--¿Puede tomarse como un indicio del respaldo de EE.UU. a su candidatura?

--No lo excluiría, pero tampoco lo afirmo.

--Algunos expertos han especulado con que Rusia o China podrían ser dos de los miembros que estén objetando su candidatura por alguna posición que quizás usted haya tomado en su trabajo con Irán y Ucrania. ¿Lo cree así?

--No hay ninguna base para eso. Creo que, por supuesto, quienes digan eso probablemente lo hagan porque no favorecen mi candidatura. Pero no hay ninguna base. Con Rusia tenemos un trabajo muy delicado, muy sensible, con relación a lo que sucede en la guerra con Ucrania. Y yo soy un interlocutor frecuente de las más altas autoridades de la Federación rusa. Con China puedo decir lo mismo con relación a cuestiones delicadas que tienen que ver con la situación en Fukushima. En fin, yo tengo una relación de trabajo muy constructiva con ambos. O sea que yo no creo para nada la idea de que estos dos países puedan estar incómodos. Al contrario, diría.

--El hecho de que usted se presente en estos seminarios organizados con EE.UU., por ejemplo, ¿puede ser visto con recelo por Rusia o China, que podrían señalarlo como “el candidato de Trump”?

--El año pasado estuve lanzando una reunión muy importante sobre fusión en Chengdu, en China. Y también estuve en Moscú en la semana nuclear organizada por el presidente Putin, con jefes de Estado de África y de otros lados. Quizá en Occidente estas cosas se ven menos. Pero yo estoy en todos lados, con la misma imparcialidad que es una de las palabras que en mi mensaje de campaña he mantenido siempre. Yo estoy con todos.

--En las últimas semanas hubo tensiones renovadas con el Reino Unido, sobre todo por el tema Malvinas, que también asomó en el Mundial. ¿Influyó de alguna manera en su candidatura?

-- Las llamaría externalidades futbolísticas, externalidades periodísticas. Hay un hilo conductor de un trabajo muy serio con el Reino Unido en todos los temas de la agencia que es excelente. Creo que no hay ningún a priori negativo. Por supuesto, los países luego eligen. Pero yo me siento muy confiado.

--¿Y por qué, dado que usted dice que tiene buenas relaciones con todo el mundo, hubo países que no lo apoyaron?

--Porque creo que las grandes potencias se sitúan en estos procesos tratando de maximizar los resultados que a ellos los favorezcan. Sin entrar en el análisis individual, lo que se puede ver es que hay un número parecido de apoyos y hasta, diría, de desalientos. Porque uno puede tener un poquito más que otro, pero todo es proporcional a lo que tenía antes. Hay un pelotón superior. Nadie puede decir que acá hay un claro frontrunner. De hecho, los rusos y los chinos están acá, en este seminario que yo convoco en Washington.

--Días atrás Trump sugirió que el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, podría ser candidato. ¿Cree que puede surgir a último momento una jugada de ese tipo, un candidato sorpresa?

--Siempre puede haber. Hubo casos --no voy a hacer nombres por diplomacia-- de candidatos que se presentaron al final en los procesos y les fue muy mal. Porque normalmente los candidatos tenemos que pasar por un debate, hay que ir a la Asamblea General, después hay que ir al Consejo de Seguridad. Y tenés que estar muy encima de todo lo que pasa. No diré que las candidaturas sorpresivas caen mal, porque están en todo su derecho, pero generalmente dan una sensación de querer hacer un cortocircuito en el proceso. Y no darles posibilidad a los países a hablar con ellos, a conocerlos. Y además, si hay una fragmentación por las diferencias que existen entre los países, ¿dónde está esa persona que mágicamente podría hacer que dos capitales que están en guerra o que están muy tensionadas, de pronto digan: sí, hemos descubierto la piedra filosofal, la persona que nos va a llevar adelante? Es posible que se presenten más candidatos, no tengo ningún inconveniente con ello. Pero no creo mucho en ese tipo de sorpresas.

--¿En qué coloca el foco para recabar los apoyos que cree que le faltan?

--He basado mi campaña en decir que necesitamos muchísimo a las Naciones Unidas. Y que para ello hace falta elegir a una persona que tenga un récord de gestión, que muestre que sabe utilizar la herramienta multilateral. Y para mí eso no ha variado. Cuando se acerca al momento en el que hay que decidir en quién confiamos para dirigir las Naciones Unidas yo creo que ese tipo de argumento adquiere, en mi opinión, aún más fuerza.

--La ONU nunca tuvo una secretaria mujer. ¿Considera que es hoy para usted un problema o desventaja personal?

--Yo no creo que sea una desventaja. Los países se están pronunciando y finalmente convergerán en torno a un nombre. Para mí, tiene que ser la mejor persona, individuo, ser humano, hombre o mujer.

--¿El hecho de que el conflicto entre Estados Unidos e Irán no esté aún resuelto, pesa en su candidatura?

--Lo que importa es el proceso más que los resultados. Yo espero que lo que las potencias juzgarán es cómo el director general del OIEA se ha comportado frente a este tipo de negociación. ¿Y cómo se ha comportado? Con imparcialidad. He tenido momentos en los cuales he sido criticado por unos y después por otros porque yo he mantenido lo que creo que debe ser y no lo que pienso que le va a gustar a los americanos o a los rusos.

--¿La alianza tan estrecha entre Estados Unidos y la Argentina y la personal entre Trump y el presidente Javier Milei complica su candidatura ante otras potencias como China o Rusia?

--Para nada, en absoluto, porque yo soy un funcionario internacional. Soy argentino y muy orgulloso de serlo. Por eso le pedí al presidente que presente mi candidatura. Pero no soy el canciller de la Argentina y yo creo que eso es una diferenciación que para los países es bastante clara. Soy argentino, pero no voy a tomar instrucciones ni a seguir la política de nadie. Yo tengo que ser una persona absolutamente imparcial.

--¿La relación especial que tiene el gobierno de Milei con Israel puede generar recelo en algunas potencias?

--Soy un candidato independiente, un funcionario internacional y trabajo con todos. Con los miembros de la Liga Árabe, de la Conferencia Islámica y también con Israel, que es lo que debe ser. Siempre habrá momentos históricos con alineaciones. La política internacional es caleidoscópica en muchos momentos. Los países, las democracias, sobre todo, van variando en sus afinidades y en sus alineaciones. Y en la función internacional hay que saber navegar eso. Yo estoy muy cómodo con todo el mundo.

--¿El Gobierno lo está ayudando en su candidatura?

--Sí, el canciller Pablo Quirno. La diplomacia profesional argentina para mí es una gran diplomacia. Yo me honro, aunque estoy de licencia, por estar en el Servicio Exterior Argentino. La parte que le corresponde al lobby diplomático argentino se está haciendo impecablemente.

--¿Argentina tendría algún beneficio en términos de política exterior en el caso de que usted resultara elegido?

--Yo creo que sí, que gana muchísimo. Porque es la expresión más alta de la diplomacia internacional, encarnada por uno de sus hijos. Resultado de la diplomacia profesional argentina, de una vocación de paz, de entendimiento, que es propia de nuestro país. Con todo respeto y sin compararme en absoluto, es como si uno dijera: ¿de qué le sirve a la Argentina el haber tenido al Papa Francisco? Es el Papa de todos, pero también una expresión de la capacidad de un país de proyectar su valoración de la paz, del multilateralismo, de ver la diplomacia internacional. Yo creo mucho en eso. Para mí es un orgullo ser candidato por mi país. Por más que yo soy totalmente imparcial, en mi tarea internacional me siento en un lugar y soy argentino. En muchas de las negociaciones difíciles en las que he estado, el hecho de ser argentino ayuda muchísimo porque uno tiene esa empatía de saber que el otro nunca es el otro, que puedo ser yo también.

--¿Es optimista de que ganará la elección?

--Soy optimista. La mía es una candidatura que proyecta efectividad y mucho realismo, que es lo que hace falta ahora. Y una gran preocupación, porque a las Naciones Unidas las necesitamos más que nunca.

--Si usted resultara elegido, ¿cuáles serían las primeras tareas que emprendería?

--Lo primero es estar, desde el primer día, encima de los conflictos internacionales. La reforma administrativa, los temas vinculados al desarrollo, todo eso es muy importante. Pero yo creo que el día uno al secretario general se lo tiene que ver en la resolución de los conflictos internacionales. En Oriente Medio, Sudan, Ucrania, Rusia. Eso va a dar un tono diferente. Ver a un secretario general que se mete, y que lo dejan que se meta. Lo dejan por conocer que es una persona imparcial, que no va a estar empujando agendas nacionales. Yo creo que ahí está el gran déficit en este momento de las Naciones Unidas. Estamos en un mundo en llamas. Es desesperante que la ONU navegue hacia la intrascendencia. No podemos permitirlo. Tenemos que salvar a las Naciones Unidas. Creo que todo una cuestión de confianza. Yo sé que puedo hablar con los gobiernos y que van a dar los recursos necesarios. Porque ellos sentirán que hay una gestión que va en la dirección correcta.

--¿Y qué haría con la agenda de género, de cambio climático, de inclusión, de desarrollo? Trump se resiste a financiar esos temas.

--Hay que escuchar a todos. El error es condenar a alguien porque no le gusta el cambio climático. Hay que escuchar por qué. Hay que tener un diálogo. Hay que saber cómo encarar esas temáticas que siguen existiendo y que son muy válidas para otro grupo importantísimo de países. Pero si las Naciones Unidas se arrogan una especie de carácter de predicador, de apóstol del pensamiento único es un error político. Si yo voy en contra del primer contribuyente, que paga el 25% del presupuesto de la organización, yo me tengo que sentar a hablar. Fíjense, por ejemplo, en esta reunión en Washington sobre la utilización de la energía nuclear en la propulsión naval. Ese es un tema que para Estados Unidos tiene una gran importancia estratégica, comercial, muy importante. Para otros es un tema de descarbonización. Tengo que tener la sabiduría de ir por el camino del medio.

La guerra en Irán, Ucrania y Siria

--Después de varios meses de guerra y de negociaciones fracasadas. ¿Cómo es la situación nuclear en Irán hoy?

--Está congelada la negociación nuclear, porque mientras el tema de fondo, el Estrecho de Ormuz, no se aclare, el tema nuclear ha pasado a un segundo plano. El uranio está donde estaba, básicamente, en el momento de la guerra de los 12 días. Las instalaciones han sufrido daños importantes. Quizás están comenzando a reconstruir parte de su infraestructura, no se puede negar, pero tampoco hay elementos muy sólidos que permitan afirmar que eso sea así. Entonces, el tema sigue siendo un gran pendiente. Nosotros estamos listos y yo espero que podamos volver a trabajar allí lo antes posible.

--¿Cuál es el riesgo hoy en la central nuclear de Zaporiyia en Ucrania?

--Está en una situación delicada porque la alimentación eléctrica externa está muy comprometida. Tenemos una sola línea actualmente, que está también caída. En este momento estamos negociando el séptimo cese de fuego para poder repararla. Hablé con el canciller ucraniano y con los rusos. Ellos aceptan la negociación.

--Estuvo días atrás en Siria y hallaron toneladas de material nuclear.

--Es una buena noticia. Es un tema que ha estado dentro de la agenda internacional como un grave pendiente. Estuve allí, personalmente, en el sitio donde había un reactor que estaba siendo construido de manera clandestina, pero, mucho más importante, tuvimos acceso a más de cincuenta toneladas de uranio que iban a ser el combustible de ese reactor fallido. Fui con mi jefe de inspectores y estuvimos en unos túneles, una situación de una película de ciencia ficción. Tuvimos que trepar, romper con un martillo una pared, treparnos con una escalerita para caer del otro lado con unas linternas. Allí estaba la caverna de Alibabá: más de 200 cajas con combustible para ese reactor fallido. Ya lo tenemos contabilizado y ahora esperamos tener todo eso bajo inspecciones. Esa parte del territorio sirio estuvo mucho tiempo bajo el control de ISIS.

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