En los viñedos de California, una aliada nocturna empezó a ganar protagonismo: la lechuza común americana. Productores de uva instalaron cajas de nido para atraerlas y aprovechar su capacidad natural para cazar roedores que dañan vides, raíces y sistemas de riego.
El laboratorio del profesor Matt Johnson, de Cal Poly Humboldt, monitorea más de 350 cajas de nido en Napa Valley desde 2015 y proyectos recientes de UC Davis trabajan con más de 200 cajas en campos de uvas y otros cultivos.
Un control natural contra roedores
La lógica es sencilla: si las lechuzas encuentran lugares seguros para anidar cerca de los cultivos, se quedan, crían y cazan. En los viñedos, sus presas principales son tuzas, topillos y ratones. Johnson resume el vínculo como un “servicio ecosistémico”: los agricultores ofrecen cajas seguras y las aves hacen lo que mejor saben hacer, comer roedores.
El potencial es alto. UC Davis cita resultados previos según los cuales una sola familia de lechuzas puede matar entre 3.000 y 4.000 roedores en un año, lo suficiente para reducir de manera significativa la actividad de plagas en un viñedo. Johnson explicó que “las tuzas, los topillos y los ratones son un problema en los viñedos porque dañan las vides y las líneas de riego”.
La evidencia más reciente va más allá del conteo de presas. Un estudio publicado en Ecological Applications, con investigadores del Departamento de Wildlife de Cal Poly Humboldt, monitoreó viñedos de uva para vino en Napa Valley entre febrero y julio de 2023.
El viñedo Russell Family, en Napa Valley. Foto: Bloomberg
Los autores estimaron que, dentro del rango de presión de caza observado, una mayor actividad de las lechuzas se asoció con una reducción de entre el 38% y el 52% en la abundancia de roedores —principalmente ratones ciervo— y con un aumento de entre el 16% y el 38% en el riesgo percibido de depredación por parte de las presas.
El “efecto miedo” en el campo
El hallazgo no significa que las lechuzas eliminen a todos los roedores. Lo que muestra es una combinación de depredación directa y cambio de comportamiento. Cuando los roedores perciben mayor riesgo, pueden moverse menos, alimentarse menos en zonas expuestas o evitar ciertos sectores del viñedo. Ese “efecto miedo” también puede reducir daños.
La investigación actual de UC Davis suma otra pregunta: qué pasa cuando hay ruido nocturno en los campos. Karen Gallardo Cruz, doctoranda en ecología, estudia si el sonido de tractores afecta dónde cazan las lechuzas y cómo responden sus presas. La duda es relevante porque estas aves dependen mucho del oído para detectar movimientos en la oscuridad.
Las cajas de lechuzas no son una solución mágica, pero sí una herramienta prometedora. Foto ilustrativa: Tony Bosco/Clarín
El profesor Daniel Karp, de UC Davis, planteó incluso una posibilidad práctica: reproducir sonidos de roedores para atraer a las lechuzas hacia áreas problemáticas. En sus palabras: “La desventaja de las lechuzas es que no puedes decirles: ‘Vayan a cazar aquí’”.
En definitiva, las cajas de lechuzas no son una solución mágica, pero sí una herramienta prometedora dentro del manejo integrado de plagas.
Para los viñedos, pueden significar menos presión de roedores, menos dependencia de métodos costosos y una forma de trabajar con la naturaleza en lugar de combatirla.
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