Witch Island o "Isla de las Brujas" es un terreno de unas 7 hectáreas frente a la costa de South Bristol, Maine, en Estados Unidos. Recibe su nombre en honor a una mujer que solía vivir allí, aunque al tiempo decidió donarla para que pudiera conservar su esencia.
El nombre más antiguo que se conoce para esa isla es Stewart's, en honor a un colono del que su identidad quedó escondida entre rumores. La historia sobre este lugar se remonta a cuando el pirata Dixey Bull se refugió allí en 1630 y una leyenda de la Guerra Francesa India que relataba que una corbeta encalló mientras huía de una balandra británica más rápida.
En aquel momento la isla pasó a ser propiedad de la familia Gamage de South Bristol antes de que la adquiriera el capitán Samuel H. Davis en 1830. La mujer que vivió allí bautizó esa parcela de tierra como "la isla de la Bruja".
Varios años después, en manos de la última venta, Jane Sewall decidió convertirla en un santuario de vida silvestre.
Los orígenes de la isla: "La bruja de Wall Street"
Antes de llegar a la isla, Anna Loomis nacida en Ohio, ya tenía una vida extraordinaria: se casó a los 15 años con un jugador que la maltrataba y malgastaba su fortuna y algunos años después terminó actuando en teatro para sobrevivir a la pobreza en la que su marido la había hundido.
De todos modos, este imprevisto le permitió salir adelante y terminar dirigiendo su propia compañía teatral.
Al tiempo, divorciada y de nuevo en casa, se reinventó como clarividente y vidente financiera. En Wall Street alcanzó su pico de fama que logró sostener en el tiempo: sus predicciones sobre la bolsa la bautizaron como la "Bruja de Wall Street" con clientes banqueros, corredores de bolsa y especuladores.
Esta mujer, legendaria para la isla, afirmó haber descubierto un esquema de manipulación financiera en boletines secretos sobre la salud del presidente Garfield y para 1880 su figura ya estaba consolidada: era renombrada y habitual en los museos de curiosidades desde Buffalo hasta en Kansas.
En 1986 su última dueña, donó la totalidad de Witch Island a la Maine Audubon Society para que se conservara como santuario. Foto: Coastal Rivers Conservation Trust
Así de inquieta y aventurera como era, decidió construir en la isla una modesta cabaña entre los árboles donde flameaba una bandera para invitar a los barcos que pasaran a desembarcar y escuchar una lectura.
Una periodista de Boston que visitó a Anna en 1890 describió el lugar como cubierto de árboles abedules, y a la mujer como ermitaña, pero anfitriona. De esta manera, la isla que cargaba con la historia de la "Bruja de Wall Street" quedó bautizada como la "Isla de la Bruja" en referencia al apodo que recibe por sus predicciones sobre finanzas.
El destino final: un santuario de vida silvestre
Los Chittenden, dueños de la isla hasta ese momento, la venden en 1916, y pasa a manos del novelista Henry C. Rowland, cuya familia la usó por muchos años como campamento de verano. Tiempo después venden el territorio, para llegar al que se conoce hoy, como su actual destino.
Jane Sewall, la última propietaria, amaba esa isla desde que era pequeña: remaba en la costa cuando tenía 7, y hacía picnics debajo de los árboles con su familia. Notó que la isla llevaba mucho tiempo deshabitada y cuando salió a la venta supo que ese lugar era el que más quería en el mundo.
El primer tiempo que tuvo como dueña lo dedicó a eliminar todos los edificios dañados por el clima y solamente construyó una pequeña vivienda en el extremo sur del terreno: soñaba con vivir allí en paz y convertirse en casi la única habitante por las siguientes dos décadas.
Para esta nueva dueña, cada vez eran más las preocupaciones sobre esa porción de tierra, aumentaba a diario la cantidad de visitantes que llegaban a las playas y dejaran fogatas humeantes. Para combatir esta problemática, Sewall pegó carteles, en un comienzo sutiles y luego directos y explícitos, sobre el peligro que podía generar el fuego.
Witch Island. Foto: Coastal Rivers Conservation Trust
En varias cartas a periódicos suplicaba el cuidado a la flora y fauna autóctona de Witch Island y que la belleza de estos lugares sobreviva por el cuidado y comprensión de quienes la visitan. Algunos años después, comenzaron los problemas legales para esta mujer: a fines de los ´70 debió elegir entre costosas multas o ceder una parte de su isla.
En 1983 debió ceder un tercio de Witch Island al Maine Coast Heritage Trust y luego de tres años, tomó la decisión más importante para la isla: donó la totalidad de Witch Island a la Maine Audubon Society para que se conservara como santuario.
Esta mujer había pasado años buscando una institución que se encargara de cuidar a la isla, que le permitiera regresar para admirar su belleza aunque ya no fuera legalmente suya.
Dos décadas después, transfirió su gestión a la Damariscotta River Association en 2009. La conservación de este lugar como santuario demuestra que se detuvo el deterioro a causa de las generaciones futuras.
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