25/08/2026 07:17
Eduardo Castex
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Kristen Hawkes, la antropóloga que desarrolló “la teoría de la abuela” durante 40 años, explica por qué vivimos tanto y qué rol tuvo la menopausia en la supervivencia

Kristen Hawkes, la antropóloga que desarrolló “la teoría de la abuela” durante 40 años, explica por qué vivimos tanto y qué rol tuvo la menopausia en la supervivencia

Su teoría explica por qué la menopausia funcionó como una ventaja "estratégica". Cómo el aporte de las abuelas contribuyó a aumentar la supervivencia de las familias. Su mirada inv

La menopausia suele entenderse como un final: el cierre de la etapa reproductiva, una señal biológica de envejecimiento. Sin embargo, desde hace cuatro décadas la antropóloga estadounidense Kristen Hawkes trabaja en una perspectiva que pone el foco en la importancia de las abuelas ancestrales para la supervivencia de las familias.

La idea parte de una rareza biológica: ¿por qué las mujeres viven décadas después de que termina su etapa reproductiva? En la mayoría de los animales, las hembras pueden reproducirse hasta edades muy avanzadas y la fertilidad desaparece cerca del final de la vida. Pero en los seres humanos la capacidad de tener hijos termina mucho antes que el resto de las funciones del organismo.

Para reflexionar sobre esto, Hawkes, reconocida antropóloga y profesora emérita de la Universidad de Utah, desarrolló a lo largo de casi 40 años la llamada “hipótesis de la abuela”.

Kristen Hawkes, reconocida antropóloga y profesora emérita de la Universidad de Utah, desarrolló a lo largo de casi 40 años la llamada “hipótesis de la abuela”. Foto: Lee J. Siegel, University of Utah.

Cómo nació la hipótesis de la abuela

La hipótesis de la abuela nació de la observación entre los hadza, un pueblo cazador-recolector de Tanzania. Hawkes y sus colegas estudiaban cómo conseguían alimento las familias y detectaron algo que les llamó la atención: los niños destetados podían recolectar comida por su cuenta, pero no tenían la fuerza necesaria para extraer los tubérculos enterrados (que constituían la base de su dieta). Las madres sostenían esa tarea… hasta que nacía un nuevo bebé, y ya no podían ocuparse igual que antes de esos hijos mayores. Ahí aparecía una figura clave: las abuelas.

“Nuestra hipótesis no surgió por el cuidado de niños (babysitting). Surgió por la productividad económica de las mujeres hadza después de la menopausia”, explicó Hawkes a Clarín vía mail.

Esto la llevó a cuestionar una idea muy instalada: que la evolución humana había dependido sobre todo de hombres que cazaban para alimentar a sus familias (“padre proveedor”). Y se dedicó a estudiar un rol menos visible: las mujeres mayores que colaboraban con sus familias al aportar alimento y, a su vez, permitían que sus hijas tuvieran más hijos, sin poner en riesgo la supervivencia de los más pequeños.

Hawkes se dedicó a estudiar el rol de las mujeres mayores hadza que colaboraban con sus familias al aportar alimento. Foto: Adobe Stock.

Un cambio de mirada

En investigaciones más recientes, Hawkes sostiene que esa dinámica ayuda a explicar otras características de la especie humana, desde los vínculos de cooperación hasta ciertos rasgos de la organización social.

Esta mirada permite revisar (y cuestionar) una idea bastante instalada en la cultura contemporánea: que la menopausia implica una pérdida de relevancia social. Para Hawkes, mirar este pedacito de la historia permite ver cómo allí las mujeres mayores no quedaron al margen del sistema, sino que se volvieron más importantes.

Por ejemplo, “si una mujer tenía hijas viviendo en distintos campamentos, iba a residir donde su ayuda fuera más necesaria”, cuenta.

Las abuelas no eran importantes porque reemplazaran a las madres en la crianza, sino porque seguían consiguiendo recursos cuando ya no tenían hijos pequeños a cargo.

La antropóloga desliza que la hipótesis de la abuela también ayuda a explicar el origen de ciertas formas del patriarcado.

La importancia de criar en red

La hipótesis de Hawkes (que tiró del hilo de una idea de un biólogo estadounidense de mediados del siglo XX) nació del estudio de pueblos cazadores-recolectores africanos, pero permite repensar debates actuales.

La crianza moderna suele estar concentrada en una o dos personas, y si bien hablamos mucho de “redes de cuidado”, la lógica y el individualismo que rodea a las grandes ciudades, los horarios de trabajo y la extensión de la edad laboralmente productiva hacen que, en la práctica, esa red resulte insuficiente, o ni siquiera exista.

Criar es una responsabilidad exigente (muy) que se hace más liviana (o, de hecho, posible) con redes de apoyo. Fue así históricamente, y continúa siéndolo hoy.

Más allá de cualquier perspectiva biologicista, según esta teoría, para que los seres humanos pudieran desarrollar y sostener una infancia larga, hacía falta ayuda. Las abuelas ocupaban un rol central: aportaban tiempo, experiencia, trabajo y recursos cuando otras mujeres estaban dedicadas a bebés más pequeños.

Esta perspectiva permite revisar una idea bastante instalada en la cultura contemporánea: que la menopausia implica una pérdida de relevancia social. Foto: Adobe Stock.

¿Y los hombres?

Una de las críticas más frecuentes a esta teoría es en qué lugar deja (y exige) a los hombres, tanto padres como abuelos.

Hawkes reconoce que la pregunta es importante, y desliza que la hipótesis de la abuela también ayuda a explicar el origen de ciertas formas del patriarcado.

“En los mamíferos, las hembras desarrollan desde temprano una reserva finita de células reproductivas, mientras los machos continúan produciendo espermatozoides durante toda la adultez”, explica. Entonces, al aumentar la longevidad humana, aparecieron muchos más hombres que seguían siendo fértiles a edades avanzadas.

Esa situación intensificó la competencia masculina y favoreció la acumulación de poder y prestigio entre los varones mayores. “Los hombres mayores siempre tienen ventaja para construir su posición social. Hay muchísima evidencia etnográfica e histórica de tendencias patriarcales persistentes y recurrentes”, dice.

Es una de las cuestiones más debatidas de su trabajo, ya que la historia evolutiva que habría dado protagonismo a las abuelas, también habría contribuido a moldear relaciones de poder entre hombres y mujeres.

Hawkes insiste en que la teoría no debe transformarse en una justificación moral: “Es muy importante no equiparar ‘natural’ o ‘resultado de la selección natural’ con ‘bueno’”.

No confundir naturaleza con destino

En esa línea, Hawkes insiste en que la teoría no debe transformarse en una justificación moral y aclara: “Es muy importante no equiparar ‘natural’ o ‘resultado de la selección natural’ con ‘bueno’”. Se trata de lo que los filósofos llaman “falacia naturalista”, es decir, asumir que aquello que ocurrió durante la evolución debe mantenerse igual en las sociedades actuales.

La propia Hawkes rechaza cualquier lectura que convierta su teoría en un mandato para las mujeres: entender el papel que tuvieron las abuelas en la evolución humana no implica asignarles una obligación en el presente.

De hecho, el contexto actual es muy diferente al de esas poblaciones ancestrales. Hoy las mujeres viven más años, permanecen activas durante más tiempo, trabajan hasta edades que eran impensadas para generaciones anteriores y construyen trayectorias vitales mucho más diversas.

Así, la hipótesis de la abuela no puede leerse como una reivindicación de la figura de la “abuela esclava”, siempre disponible para hacerse cargo de la crianza de sus nietos. Pero sí dispara una reflexión sobre el valor social de las mujeres mayores y la importancia de las redes de apoyo para sostener la vida cotidiana. No se trata de decir quién debe (y puede) cuidar, sino recordar que la crianza no es una tarea individual.

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