Hay días en los que el estómago parece enterarse de todo antes que nosotros. Un disgusto, una época de estrés, una preocupación que se repite o una situación que nos cuesta gestionar pueden coincidir con diarrea, estreñimiento, gases, náuseas o esa sensación tan conocida de tener “un nudo en el estómago”. No es una impresión completamente ajena a la medicina, ya que la comunicación entre el cerebro y el aparato digestivo es bidireccional y cada vez se conoce mejor su papel en determinados trastornos digestivos.
De hecho, la Fundación Española del Aparato Digestivo (FEAD) señala que el síndrome del intestino irritable (trastorno digestivo común y crónico que causa dolor abdominal, hinchazón y cambios en las deposiciones sin que existan daños visibles ni lesiones físicas), afecta aproximadamente al 8% de la población en España y que los trastornos del eje intestino-cerebro pueden representar hasta la mitad de las consultas de aparato digestivo.
Es en este contexto donde Karmelo Bizkarra, médico y director del Centro de Salud Vital Zuhaizpe, plantea una lectura especialmente centrada en la relación entre cuerpo y emociones.
Cuando la vida se indigesta
“El aparato digestivo es como un sistema de alarma que me está diciendo que algo me está afectando demasiado”, explica Bizkarra en una un vídeo publicado por el Centro de Salud Vital Zuhaizpe.
Su razonamiento parte incluso de expresiones que utilizamos habitualmente. Decimos que algo es “difícil de digerir” o que una situación es “difícil de tragar”. Para el médico, estas expresiones reflejan una intuición popular sobre la relación entre lo que vivimos y lo que ocurre en nuestro cuerpo. “Estoy somatizando, estoy incorporando en trastornos digestivos lo que me es difícil de digerir en la vida”, afirma.
La propia FEAD explica que, en el síndrome del intestino irritable comentado anteriormente, el estrés y la ansiedad pueden intensificar los síntomas a través del eje intestino-cerebro, aunque no deben considerarse por sí solos la causa primaria de la enfermedad.
Un artículo publicado en 2025 en la revista Gen revisa precisamente esta relación y describe cómo el estrés puede modificar la motilidad intestinal, la sensibilidad digestiva y la microbiota.
No todo está “en la cabeza”
Aquí hay un matiz importante. Que las emociones puedan influir en el aparato digestivo no significa que los problemas digestivos sean imaginarios o que tengan siempre un origen psicológico. No obstante, las sociedades médicas reconocen que existe una relación estrecha entre los procesos digestivos y factores psicológicos y emocionales.
“Muchos de nuestros problemas digestivos están en relación con las emociones”, sostiene Bizkarra. El planteamiento coincide parcialmente con lo que se conoce sobre el eje intestino-cerebro. El doctor Javier Santos, investigador del Vall d'Hebron Institut de Recerca y experto de la FEAD, también señala que el estrés psicosocial puede ser un factor clave en el síndrome del intestino irritable debido precisamente a la conexión entre cerebro e intestino.
Comer, respirar y “digerir” lo que nos pasa
Bizkarra también relaciona la digestión con la respiración y con la forma en la que afrontamos el día a día. Sus consejos se basan en cuidar la alimentación, prestar atención a la respiración y trabajar las emociones como parte de una visión global de la salud.
En su propia guía de salud, el médico incluye entre sus denominados “factores de salud” la alimentación, la respiración consciente, el movimiento y el reposo, las relaciones humanas y la expresión emocional.
A nivel de alimentación, lo define de la siguiente manera: “Es muy diferente comer alimentos que comer comestibles”. Es decir, no todo aquello que podemos ingerir tiene necesariamente el mismo valor nutritivo.
Pero ante molestias digestivas persistentes, la recomendación médica no debería ser simplemente “gestionar las emociones” o cambiar la alimentación por cuenta propia. La FEAD recuerda que síntomas como dolor abdominal recurrente, cambios importantes en las deposiciones o hinchazón pueden formar parte de trastornos como el síndrome del intestino irritable y requieren una valoración adecuada hecha por especialistas.
Marc Mestres
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