23/08/2026 22:22
Eduardo Castex
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Impacto Castex
NACIONALES

"Mi hija me llama cuando puede, me manda mensajes cuando se acuerda, me quiere como su vida se lo permite ahora, y yo me siento con el teléfono por las noches, entendiendo que no es negligencia, pero aun así sintiendo lo diferente que es de cuando yo era

"Mi hija me llama cuando puede, me manda mensajes cuando se acuerda, me quiere como su vida se lo permite ahora, y yo me siento con el teléfono por las noches, entendiendo que no es negligencia, pero aun así sintiendo lo diferente que es de cuando yo era

El recuerdo de su propia experiencia como madre le permitió comprender que las prioridades cambian. La protagonista de esta historia entendió que el afecto puede mantenerse incluso

Una madre contó cómo aprendió a aceptar una de las transformaciones más difíciles de la relación con su hija: pasar de ser una presencia imprescindible durante la infancia a ocupar un lugar diferente cuando ella creció, formó su propia familia y comenzó a tener otras responsabilidades.

“Mi hija me llama cuando puede, me manda mensajes cuando se acuerda, me quiere como su vida se lo permite ahora”, escribió. Y agregó una imagen que resume buena parte de su conflicto: “Yo me siento con el teléfono por las noches, entendiendo que no es negligencia, pero aun así sintiendo lo diferente que es de cuando yo era el centro de su día”.

Para ella, cualquier comunicación tiene un valor enorme. Puede tratarse de una conversación sobre el trabajo, una consulta por alguno de sus hijos o simplemente una historia sin sentido. “Lo quiero todo”, explicó. También disfruta de las quejas, las frases incompletas y hasta del ruido de fondo de la cocina. El problema es que esos momentos son cada vez menos frecuentes.

Los días de silencio que comenzaron a preocuparla

Durante un tiempo, la mujer llegó a pensar que la falta de contacto era una forma de abandono. Empezó a contar los días: tres sin noticias, después cinco. También descubrió que casi siempre era ella quien daba el primer paso. En algunas ocasiones decidió no escribirle para comprobar cuánto tardaba su hija en hacerlo. Sin embargo, por la noche terminaba enviándole algún mensaje.

La mujer llegó a pensar que la falta de contacto era una forma de abandono. (Foto: Pexels)

“Construía historias enteras a partir del silencio”, contó. Pensaba que su hija se estaba distanciando, que se había aburrido de ella o que se había convertido en una obligación más dentro de una vida demasiado ocupada.

El contraste con el pasado hacía que esa sensación fuera todavía más fuerte. Cuando era chica, su hija la necesitaba para todo: conocía su rutina y recibía inmediatamente las noticias sobre una caída, una pesadilla o cualquier otro problema. “Mi error era pensar que el número de llamadas era la medida del amor”, reconoció.

La explicación que encontró para ese cambio

La mujer comprendió que había estado utilizando la frecuencia de las conversaciones como una forma de medir el vínculo: “Tantas llamadas a la semana equivalen a tanto amor”. Pero la realidad era otra. Su hija tiene ahora un trabajo, un matrimonio, dos hijos pequeños y una casa. “Ella puede amarme incondicionalmente y aun así pasar nueve días sin contestar el teléfono”, explicó.

En ese proceso también encontró una explicación en las investigaciones sobre las relaciones familiares. Allí aparece el concepto de “vínculo generacional”, que describe la tendencia de los padres a sentirse más cercanos a sus hijos adultos y más involucrados en la relación que ellos hacia sus padres.

En algunas ocasiones decidió no escribirle para comprobar cuánto tardaba su hija en hacerlo. (Foto: Pexels)

La idea primero le pareció incómoda y después le produjo alivio. No necesariamente había un problema entre ambas: simplemente estaban viviendo la relación desde lugares diferentes. La clave, finalmente, apareció al pensar en su propia historia.

“Yo estaba exactamente donde está mi hija, y mi madre estaba exactamente donde estoy yo”, escribió. Recién ahora pudo mirar aquella etapa desde el otro lado y entender que su madre probablemente también había aprendido a convivir con la espera.

Para ella, esa comparación terminó de cambiar la manera de interpretar el silencio: no como una ausencia de cariño, sino como una consecuencia de que la vida de su hija ya no gira alrededor de las mismas prioridades de antes.

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