Mari Paz Bulnes vive en Collado Villalba, Madrid, y desde hace seis años comparte con otras vecinas la responsabilidad de cuidar una colonia felina formada por unos veinticinco gatos, repartidos en varios bloques de viviendas.
Su relación con estos animales, sin embargo, comenzó mucho antes, durante una infancia en la que ya sentía una atracción especial por su elegancia, su independencia y su manera silenciosa de relacionarse con el mundo.
Actualmente, es pensionista a causa de una esclerosis múltiple, convive en casa con Max y Sabrina y dedica una parte de su tiempo a alimentar, observar, controlar y proteger a unos gatos que viven en la calle, que no siempre se dejan tocar y que obligan a comprender una forma de confianza construida lentamente, sin imposiciones y respetando siempre su naturaleza.
"Me gustan porque son animales muy bonitos, agradables, elegantes, dulces y, al mismo tiempo, independientes"
-¿Cuándo comenzó tu relación con los gatos?
-Cuando era pequeña, porque siempre me han gustado y recuerdo incluso tener alguna fotografía de aquella época en la que ya aparecía con ellos. No sabría señalar un momento exacto en el que surgió ese interés, porque tengo la sensación de que siempre ha estado ahí, como algo muy natural en mí.
Me gustan porque son animales muy bonitos, agradables, elegantes, dulces y, al mismo tiempo, independientes. Esa mezcla resulta muy especial, porque un gato puede mantener su carácter y su autonomía, pero también establecer contigo una relación muy cercana cuando se siente seguro y confía en ti.
A Mari Paz Bulnes siempre le gustaron los gatos. Foto: Cedida/La Vanguardia
-¿Cuál fue el primer gato que recuerdas en tu vida?
-El primero se llamaba Mimo y nos lo trajimos del pueblo de mis padres, en Extremadura. Vivió con nosotros bastante tiempo, hasta que un día desapareció. Era otra época y también era distinta la manera en la que las familias se relacionaban con los animales.
Los queríamos, naturalmente, pero existía una mayor distancia y no se tenía el mismo conocimiento que tenemos ahora sobre sus necesidades, su comportamiento o la importancia de determinados cuidados. Con el paso de los años nuestra mirada ha cambiado y el vínculo con los animales se ha vuelto mucho más personal y más consciente.
-¿En qué cambió nuestra relación con los gatos?
-Creo que antes existían más miedos y muchos tópicos que se transmitían de unas personas a otras, especialmente en los pueblos. A mí, por ejemplo, me decían que tuviera muchísimo cuidado con los gatos porque podían arañarme los ojos.
Eran ideas que se repetían, aunque en realidad no respondían a una experiencia verdadera ni a un conocimiento profundo del animal. Ahora sabemos que un gato no te ataca porque sí. Si se siente asustado, acorralado o amenazado, puede darte un aviso, como haría cualquier otro animal e incluso cualquier persona cuando siente que se están traspasando sus límites.
-¿La convivencia con ellos consiste en aprender a interpretarlos?
-Exacto. Hay que conocerlos y entender qué puedes hacer y qué no debes hacer. No puedes acercarte a un animal pensando únicamente en lo que tú deseas, porque también tienes que respetar su carácter, su espacio y su estado de ánimo.
Cuando aprendes a observarlos, comprendes sus señales y sabes cuándo quieren acercarse, cuándo necesitan tranquilidad o cuándo algo les molesta. Vivir con un gato no significa obligarlo a comportarse como tú quieres, sino aprender a convivir con él y aceptar que también tiene una personalidad propia.
"Poco a poco fueron llegando más y empezamos a fijarnos en ellos"
-¿Cuándo pasaste de convivir con gatos en casa a implicarte en el cuidado de una colonia?
-Cuando empezaron a aparecer varios gatos en la zona situada detrás de mi bloque, en Collado Villalba. Había una gata a la que llamábamos Clac, Clac, Clac, que probablemente sea la bisabuela o incluso la tatarabuela de muchos de los gatos que hay ahora. Poco a poco fueron llegando más y empezamos a fijarnos en ellos.
Después conocimos a una gestora de colonias felinas de Villalba y descubrí que existían programas para esterilizarlos y controlar los nacimientos. En aquel momento comprendí que no bastaba con ponerles comida, sino que también era necesario evitar que nacieran continuamente nuevas camadas destinadas a vivir en la calle.
-¿Cuánto tiempo llevas realizando esta labor?
-Debo llevar aproximadamente seis o siete años, aunque no recuerdo la fecha exacta. Empezamos de una manera muy sencilla, casi espontánea, porque los gatos estaban allí y necesitaban ayuda. Con el tiempo nos fuimos organizando mejor, aprendimos cómo funcionaban las colonias y entendimos la importancia de mantenerlos controlados, esterilizados y atendidos.
Al principio intentamos incluso constituir una asociación, pero éramos pocas personas y el proceso resultaba demasiado complicado, así que finalmente seguimos trabajando como un pequeño grupo de vecinas.
-¿Cuántas personas cuidan actualmente de la colonia?
-Somos cuatro personas y nos repartimos las tareas. Una de ellas vive en una vivienda cuya ventana da directamente a la zona en la que suelen estar los gatos, de modo que puede observarlos con mayor frecuencia y avisarnos cuando detecta algo extraño.
Esa vigilancia resulta muy importante, porque los gatos de la calle no pueden explicarte que se encuentran mal y, además, suelen ocultar los síntomas de enfermedad hasta que el problema está bastante avanzado.
Los gatos siempre tienen alimento y agua. Foto ilustrativa: Pixabay
-¿Cuántos gatos forman parte de su colonia?
-En la zona situada junto a mi bloque suele haber ocho o nueve gatos, pero se desplazan entre varios edificios cercanos y se mezclan con los que viven en otra parte. En total calculamos que la colonia está formada por aproximadamente veinticinco gatos.
No permanecen siempre en el mismo lugar, porque recorren los espacios entre cuatro o cinco bloques y tienen sus propios itinerarios. Algunos aparecen cada día y otros pueden pasar un tiempo sin dejarse ver, lo cual nos obliga a estar pendientes y a conocer bastante bien sus costumbres.
-¿Cómo es su trabajo cotidiano?
-Nos turnamos para alimentarlos y cada dos o tres días una de nosotras se ocupa de revisar la zona y atenderlos. Siempre tienen alimento seco y agua, y aproximadamente cada tres días les damos también comida húmeda.
Además de alimentarlos, observamos su estado general e intentamos detectar cualquier comportamiento extraño. Hace poco, por ejemplo, tuvimos que ocuparnos de un gato que tenía un problema en la boca. Cuando sucede algo así, intentamos capturarlo y llevarlo al veterinario para que pueda recibir tratamiento.
-¿Están esterilizados todos los gatos?
-Sí, actualmente están esterilizados. Ese fue precisamente uno de los principales motivos por los que decidí implicarme, porque antes aparecían continuamente cachorros y aquello no podía seguir creciendo sin control. La esterilización es fundamental para evitar nuevas camadas, reducir el sufrimiento y mantener una colonia estable.
No se trata de hacer desaparecer a los gatos, sino de conseguir que los que ya viven en la zona puedan hacerlo en mejores condiciones y que no nazcan muchos más condenados a una vida difícil.
"No puedes tener prisa ni exigir que un animal se acerque cuando todavía no se siente preparado"
-Cada gato debe tener un carácter diferente.
-Completamente. Cada gato es un mundo y no puedes tratarlos a todos de la misma manera. Los que viven en nuestra zona son bastante desconfiados y la mayoría no se deja tocar, aunque permiten que nos acerquemos a una cierta distancia.
Hay uno, Suri, que sí acepta las caricias y es mucho más cercano, pero lo habitual es que permanezcan a medio metro o a un metro y se aparten en cuanto intentas tocarlos. Eso no significa que no nos conozcan o que rechacen nuestra ayuda, sino que su forma de relacionarse con nosotros es distinta.
-¿Son gatos ferales, o sea, que no han sido domesticados?
-Algunos pueden considerarse ferales, aunque yo diría que muchos son, sobre todo, gatos muy desconfiados. Un gato verdaderamente feral tiene una relación muy limitada con las personas y conserva un comportamiento más salvaje, mientras que estos gatos nos conocen, esperan la comida y saben que no queremos hacerles daño.
Sin embargo, no han desarrollado el mismo vínculo que un gato criado dentro de una casa. La confianza existe, pero tiene unos límites y debemos respetarlos.
-¿Cómo se ayuda a un gato que no permite que lo toquen?
-Es complicado, especialmente cuando enferma o necesita ir al veterinario. Con los gatos de casa puedes observarlos durante todo el día, tocarlos, tomarlos y descubrir con rapidez si les ocurre algo. Con un gato de colonia, en cambio, debes pedir ayuda para capturarlo y utilizar métodos que no le hagan daño ni le provoquen más miedo.
Primero tienes que ganarte su confianza y conseguir que se acerque a una jaula o a un transportín. Es un proceso que requiere tiempo, paciencia y, muchas veces, la colaboración de personas con más experiencia.
-¿Un gato desconfiado puede llegar a confiar plenamente en una persona?
-Creo que sí, aunque alcanzar el mismo vínculo que puedes tener con un gato doméstico resulta más difícil. También depende del tiempo que pases con él. Hay cuidadores que acuden todos los días, incluso dos veces al día, y establecen una relación mucho más estrecha.
Yo no estoy permanentemente junto a ellos, aunque me conocen perfectamente. La confianza se construye a través de la constancia, la tranquilidad y el respeto. No puedes tener prisa ni exigir que un animal se acerque cuando todavía no se siente preparado.
-¿Cuántos gatos tienes actualmente en casa?
-Tengo dos, Max y Sabrina, y conviven perfectamente. La relación con ellos es distinta porque están conmigo, puedo observarlos cada día y existe una intimidad que no puedes construir del mismo modo con los gatos de la calle.
Ellos forman parte de mi vida cotidiana, mientras que la colonia representa una responsabilidad compartida y una relación basada principalmente en la protección, la alimentación y el respeto a su independencia.
Mari Paz Bulnes tiene dos gatos, Max y Sabrina. Foto: Cedida/La Vanguardia
-¿Cuál es el principal reto cuando cuidas una colonia felina?
-El reto fundamental es conseguir que los gatos vivan lo mejor posible, teniendo en cuenta que no disponen de una casa. Queremos que tengan comida, agua, un lugar relativamente seguro y que sus necesidades básicas estén cubiertas. También intentamos actuar cuando enferman o sufren alguna herida.
La zona en la que se encuentran está bastante bien acondicionada y procuramos que puedan estar cómodos, pero la vida en la calle siempre es difícil. Nuestro objetivo es hacerles esa vida un poco más fácil.
-¿Recibís alguna ayuda pública?
-Contamos con la ayuda relacionada con las esterilizaciones y podemos recurrir a un veterinario municipal para determinadas cuestiones, aunque la comunicación no siempre resulta sencilla ni tan fluida como debería.
La posibilidad existe y es importante, pero muchas veces la responsabilidad cotidiana continúa recayendo sobre las personas que cuidamos directamente de la colonia. Somos quienes los alimentamos, los observamos y detectamos si uno de ellos ha desaparecido, está herido o necesita atención.
"Muchas veces el problema nace de la falta de información"
-¿Esta labor te ocupa mucho tiempo?
-No es tanto el tiempo material como la preocupación. Alimentarlos y revisar la zona puede organizarse mediante turnos, pero el verdadero desgaste aparece cuando les ocurre algo.
A veces un gato desaparece, enferma o deja de acudir a comer, y como llevas años conociéndolo, no puedes evitar sentir tristeza y preguntarte qué le habrá sucedido. Aunque no vivan dentro de tu casa, formas un vínculo con ellos, reconoces sus caracteres y sabes perfectamente quién falta cuando llegas a la colonia.
-¿Han tenido problemas con algunos vecinos?
-En la zona de mi bloque, afortunadamente, la reacción ha sido positiva. Antes había ratas y desde que están los gatos ya no aparecen, de modo que muchos vecinos prefieren claramente su presencia. En otras partes vinculadas a la misma colonia sí hemos encontrado personas desagradables que no facilitan las cosas, aunque no hemos sufrido episodios de violencia directa.
Muchas veces el problema nace de la falta de información, porque algunas personas creen que alimentar a los gatos significa atraerlos o provocar suciedad, cuando una colonia bien gestionada está controlada, esterilizada y atendida.
-¿Los gatos ayudan a evitar la presencia de ratas?
-No diría exactamente que acaben con ellas, pero su presencia hace que las ratas no se acerquen. Allí donde hay gatos, las ratas tienden a buscar otros espacios. En nuestro bloque la diferencia ha sido evidente y los propios vecinos lo han comprobado.
Naturalmente, una colonia debe mantenerse limpia y organizada, porque no basta con dejar comida de cualquier manera. Cuando se gestiona correctamente, puede integrarse perfectamente en el entorno.
-¿Cuántos años puede vivir un gato en la calle?
En nuestra colonia tenemos una gata que puede tener nueve, diez, once o incluso doce años, pero no es lo habitual. Los gatos de la calle suelen morir antes porque están expuestos a atropellos, enfermedades y muchos otros peligros.
Además, detectar que están enfermos es especialmente difícil. Un gato tiende a disimular su debilidad y, cuando los síntomas son evidentes, puede encontrarse ya muy mal. Si solo lo ves durante unos minutos al día, resulta todavía más complicado advertir los cambios.
-¿Las colonias están actualmente más controladas?
-En Villalba existen muchas colonias, aunque creo que actualmente los nacimientos están bastante más controlados gracias a las esterilizaciones. El gran problema que continúa existiendo es el abandono.
Hace poco llegó a nuestra colonia un gato claramente doméstico, porque era muy manso, permitía que lo tocáramos y se notaba que había vivido en una casa. No era un gato nacido en la calle, sino un animal -abandonado por una familia. Nos ha sucedido al menos dos veces: a uno conseguimos encontrarle un hogar, pero con el otro no fue posible.
Mari Paz Bulnes colabora con la colonia desde hace 6 o 7 años. Foto: Cedida/La Vanguardia
"Cuanto más joven es el animal, generalmente más fácil resulta su socialización y su adopción"
-¿Intentan buscar adopción para los gatos?
-Sí, siempre que el carácter del animal lo permite. No solamente buscamos hogar para gatos que han sido abandonados, sino también para los cachorros que nacen en la calle. Durante los primeros años conseguimos que adoptaran a varios pequeños. También hemos encontrado familia para algún gato de seis o siete meses.
Cuanto más joven es el animal, generalmente más fácil resulta su socialización y su adopción, aunque también hay gatos adultos muy cercanos que pueden adaptarse perfectamente a una casa.
-¿Cómo difunden los casos de adopción?
-Lo hacemos de una manera muy sencilla, principalmente a través de nuestros contactos, grupos de WhatsApp, amigos y conocidos. Cuando sabemos que alguien quiere adoptar o que puede ofrecer un buen hogar, intentamos ponerlo en contacto con la persona que se está ocupando del gato.
Nuestro alcance es pequeño y no siempre resulta fácil, porque dependemos de las redes personales de cada una. Hay compañeras que conocen a más gente y tienen mayores posibilidades de encontrar una familia adecuada, pero todas hacemos lo que podemos.
-¿Qué te aporta personalmente esta labor?
-Me hace sentir bien porque estoy ayudando a un animal que lo necesita. En este caso son gatos, porque me gustan especialmente, pero creo que cualquier forma de ayuda, dirigida a animales o a personas, es necesaria.
Intento ser solidaria, aunque no sé si siempre lo hago bien. Lo importante es estar dispuesta a implicarte y no mirar hacia otro lado. Ayudar también es bueno para el alma, porque te conecta con una parte de ti misma que no está centrada únicamente en tus propios problemas.
-Existe una paradoja: queréis ayudar a unos animales que parecen no dejarse ayudar.
-En realidad, no es que no se dejen ayudar, sino que son precavidos. Cuando les pones comida, les proporcionas agua y creas un entorno tranquilo, aceptan perfectamente esa ayuda. Lo que ocurre es que necesitan sentirse seguros antes de acercarse, algo que también nos sucede a las personas.
Cualquier animal mantiene una cierta distancia hasta comprobar que no existe peligro. Nuestro trabajo consiste precisamente en darles esa seguridad y permitir que confíen en nosotros sin forzarlos.
-¿Cuál es la principal lección que has aprendido de ellos?
-Aprendí que la confianza no se puede imponer y que debes ganártela poco a poco. Los gatos observan, esperan y deciden cuándo pueden acercarse. No sirve de nada tener prisa. Lo importante es que estén tranquilos y comprendan que no vas a hacerles daño.
Cuando conseguimos eso, podemos trabajar con ellos, cuidarlos y actuar si tienen algún problema. Sigue siendo complicado, pero también es muy gratificante, porque sabes que, aunque no puedas cambiar completamente su vida, sí puedes hacer que sea más digna, más segura y menos difícil.
David Escamilla, La Vanguardia
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