22/08/2026 07:58
Eduardo Castex
Impacto Castex
NACIONALES

El poder del barro: por qué la cerámica volvió a estar de moda

El poder del barro: por qué la cerámica volvió a estar de moda

Moldear arcilla influye de manera directa en las ondas delta y theta que predominan en el cerebro durante el sueño profundo. El tacto con el material maleable incide en aspectos fí

No hay mejor remedio que poner las manos en la masa. La cerámica, una de las primeras técnicas utilizadas por la humanidad para construir objetos para la supervivencia y decorativos -vasijas, fuentes, azulejos-, vuelve a estar de moda.

Además de un pasatiempo, es un refugio para mantener la salud: un reciente estudio científico planteó que moldear arcilla -el material con el que se hace la cerámica- influye de manera directa en las ondas delta y theta que predominan en el cerebro durante el sueño profundo y los estados de relajación extrema.

El tacto con el material maleable, indica un grupo de científicos de Países Bajos en un artículo publicado en junio en la revista inglesa The Arts in Psychotherapy, activa una serie de neurotransmisores que se encuentran en las manos e influyen, de manera directa, en aspectos físicos, psicológicos y cognitivos: activan procesos de memoria, estados meditativos y emocionales.

“La cerámica es algo liberador. Tenés que ponerle el cuerpo, la mente, una idea, y todo eso hace que te distraigas de otras cosas preocupantes. Por eso, para mucha gente es como una terapia”, dice, una tarde de julio, Gustavo Spinetta, de 71 años, hermano del músico y compositor Luis Alberto Spinetta.

Está sentado en el living de su casa, un chalet con ventanas a la calle ubicado en el barrio de Belgrano, donde ensayaban, entre fines de los 60 y principios de los 70, algunas de las bandas más legendarias del rock nacional: Almendra, Pescado Rabioso, Invisible.

En esa misma casa, hace unos años, Gustavo Spinetta, que ya tenía su propia reputación en el circuito de la música -había sido baterista de algunos temas de Artaud, considerado el mejor disco de la historia del rock argentino-, fue alcanzado por la onda expansiva de la cerámica.

“Conocí la cerámica por mi cuñada Patricia Salazar, pareja de Luis Alberto Spinetta, que empezó a ir a un taller muy cerca de casa”.

Corrían los años 80. La profesora del taller era una escultora llamada Marta Kerns, “una maestra en todo sentido -recuerda-, una persona increíble”, que lo llevó a entender que esa disciplina era un camino para desarrollarse y lo empujó a dejar la música por la cerámica.

“Me empecé a dar cuenta que me permitía hacer florecer cosas internas que volcaba ahí. Mientras hacía cerámica descubrí que podía conectarme y esclarecerme a mí mismo”.

La experiencia de Gustavo Spinetta es un ejemplo de lo que muchas personas experimentan cuando conocen la técnica.

En los últimos años, sobre todo a partir de la pandemia, los talleres de cerámica tomaron un impulso masivo. Y la oferta de clases se amplificó gracias a las redes sociales. En tiempos de hiperconexión, la cerámica se posicionó como una vía para combatir la alienación.

Gustavo Spinetta. Foto: Francisco Loureiro

Barro tal vez

En la casa de Gustavo Spinetta los objetos de cerámica conviven con los premios Konex, Clarín, Gardel y las decenas de estatuillas que recibió Luis Alberto Spinetta a lo largo de su trayectoria como músico.

Están desperdigados sobre repisas, mesitas ratonas y sobre una chimenea apostada en el living. Algunas de las piezas tienen forma de plato, otras son rostros de personajes con reminiscencias oníricas y hay varias figuras alargadas que parecen jarras y son parte de una serie de cerámicas que Gustavo Spinetta llama “mujeres contenedores” y que le valieron el primer premio en un concurso organizado por el Centro Argentino de Arte Cerámico.

“A Luis le gustaban las cosas que yo hacía. Incluyó trabajos míos en sus videoclips, en el arte de tapa de sus discos -recuerda-. Mi técnica para hacer cerámica es no tener un plan de antemano. Para mí siempre fue como enfrentar una hoja en blanco, ir haciendo lo que me surge en el momento. A partir de un bloque de arcilla, tomar pedazos y armar algo, ir encontrando una forma, desde el inconsciente”.

Algo de eso mencionan los científicos que estudian los efectos de la cerámica en el cerebro: dicen que el tacto "no solo es neurológicamente enriquecedor, sino también emocionalmente evocador".

Un estudio realizado por especialistas de la Universidad Strossmayer, Croacia, descubrió que el efecto terapéutico de la arcilla radica en su utilización desde tiempos inmemoriales, ya que es uno de los primeros materiales expresivos utilizados por los seres humanos, lo que redunda en una influencia subconsciente en quien la utiliza.

“La arcilla es tierra. Simbólicamente, lleva a conectarse con los orígenes del ser humano”, advirtieron. Como medio expresivo, advirtieron que articula energía, procesos de pensamiento interno y emociones.

Por todo eso “los trabajos en arcilla facilitan la regulación emocional y permiten que los individuos liberen emociones excesivas o negativas, además de reducir el estrés y la agresión y desarrollar mayor conciencia de sus estados emocionales y los mecanismos subyacentes”.

Gustavo Spinetta define su experiencia con la cerámica como algo “visceral". “Cuando tocaba la batería, yo buscaba una comunión con el resto de los integrantes de la banda.

En el caso de la cerámica, encontré lo mismo pero de mí con la materia. Al amasar, uno pone mucho el cuerpo. El hecho de tener que amasarla, golpearla para que después no tengas problemas con la cocción, tiene una dimensión física muy importante”.

Después de conocer la técnica en los años 80 y desarrollarla durante muchos años, a fines de los 90, recibió una invitación de su sobrino Dante Spinetta y Emanuel Horvilleur para ser percusionista de Illya Kuryaki and The Valderramas.

Gustavo Spinetta se sumó a la banda, que estaba en pleno ascenso. Pasó 5 años de gira por el mundo, viviendo "una aventura hermosa", como recuerda esa etapa, hasta que se cansó del ambiente "competitivo” de la música y regresó a la cerámica.

“Con la música logré ganar dinero, pero la cerámica fue mi proyecto de vida. Se me creó una necesidad de hacerlo”, dice.

Gustavo junto a su hermano, Luis Alberto Spinetta.

Hace algunos años, Gustavo Spinetta fundó la banda Amel, un conjunto ecléctico de canciones que tienen tintes de rock, funk, blues y hasta jazz.

Retomó la batería y eventualmente volvió a poner en pausa la cerámica, aunque para su último cumpleaños le regalaron un kit de alfarería que incluye arcilla, guvias y espátulas para modelarla.

“Cada tanto riego la arcilla para que no se me seque, como si fuera una planta -dice-. Estoy esperando tener el tiempo y las ideas para volver a usarla”.

Onda expansiva

En mayo, María Eugenia Vidal contó a través de sus redes sociales que comenzó a concurrir todos los sábados a un taller de cerámica.

“Empecé con unas bandejitas, después hice unos posavasos, ahora estoy animándome con una vasija más compleja tallada, ahí voy avanzando”, relató en un video que se viralizó.

Luego, la ex gobernadora de la provincia de Buenos Aires publicó una foto donde se la ve confeccionando piezas en el Espacio Dos Puntos y recibió más de 500 comentarios.

“Me impresiona la cantidad de comentarios que recibí por ir a cerámica los sábados a la mañana, que la paso bomba y me encanta”, dijo días después en otro video.

En el último de los posteos que hizo en relación a la cerámica, confesó: “Las últimas piezas que hice me parecieron horribles, siento que no tengo una habilidad para hacerlo eso, pero me da placer hacerlo. A veces uno tiene que hacer cosas en las que no es bueno, solo porque te hacen bien”.

María Eugenia Vidal. Foto: @mariuvidal

A nivel internacional, uno de los personajes públicos que se hizo aficionado a la cerámica es Brad Pitt.

Gracias a la técnica, hizo “un inventario radical de mí mismo y pensé en el daño que le hice a los demás y en los momentos en los que me equivoqué”, según contó en una entrevista en 2022, al presentar en una galería de arte en Finlandia una serie de piezas de cerámica y esculturas que desarrolló a partir de su experiencia de introspección.

El actor de Hollywood tomó contacto con la cerámica a partir de su separación de la actriz Angelina Jolie, y fue, según contó en entrevistas, gracias a la técnica -montó un estudio de cerámica en su casa de Los Ángeles- que pudo superar el proceso de divorcio.

Otro caso resonante fue el de la tenista Serena Williams, cuando años atrás posteó en su cuenta de Instagram una fotografía suya trabajando con el torno, acompañada por el epígrafe “Me está gustando mucho la cerámica”. Según explicó, moldear arcilla le sirvió para equilibrar la presión que vivía en las canchas.

Volverse mejores

“A medida que uno se hace grande, quiere hacer desaparecer el tiempo. Y eso es algo que la cerámica propicia. En los talleres el tiempo desaparece”.

Roxana Cohen Falah brinda talleres de cerámica desde hace más de 20 años e insiste en que “trabajar con barro produce un ensimismamiento, te obliga a irte hacia adentro, y eso inevitablemente da más calma, el tiempo pierde sentido”.

Esos efectos los pudo ver directamente a lo largo de los años en sus alumnos, por ejemplo, en un hombre de más de 70 años que concurrió a su taller y tenía la enfermedad de Parkinson.

“La cerámica le permitía bajar los decibeles. Lo sacaba del nerviosismo que a veces imprime esa enfermedad en las personas que la padecen. Era maravilloso, parecía que se olvidaba de que le temblaban las manos. Él trabajaba con la arcilla y no perdía la compostura, no se frustraba. La arcilla tiene eso de que te doma los niveles de frustración, porque una pieza de cerámica siempre se puede reparar. Solo depende de tu deseo”, dice.

Para Cohen Falah, “a partir de la pandemia, la demanda de talleres de cerámica se disparó porque la gente se dio cuenta de que hace muy bien al pensamiento, a la cabeza. El torno, directamente, te lleva como a un estado de meditación. El contacto con el barro es algo medio sanador. La gente se empieza a abrir, empiezan a contar sus cosas y se arma hasta una especie de espacio de reflexión”.

Su lema principal como ceramista, que plasmó incluso en un cartel que colgó en la pared de su taller, es una frase que tomó de un alfarero del siglo XII: “Nunca jamás voy a sacar del horno lo que esperaba ver”.

Hace alusión a que “una vez que uno pone la arcilla en el horno, pasan un montón de cosas. Pintás algo de gris, y quizás sale azul, turquesa. Entonces hay un factor sorpresa, y un trabajo de amigarse con lo que te devolvió el horno, que por ahí no es lo que vos esperabas. Es un trabajo de aceptación que te hace muy bien a la personalidad. Sinceramente, yo creo -concluye- que hacer cerámica nos hace mejores personas”.

*El 13 de agosto próximo, Roxana Cohen Falah iniciará un Taller de arte cerámico y alfarería ancestral y contemporánea en el Centro Cultural Rojas. Serán ocho clases teórico prácticas, dirigidas específicamente a mayores de 60. Según indica la propuesta, en el transcurso del taller, los participantes adquirirán las bases del conocimiento de todo el proceso, desde la obtención de las pastas hasta su horneado final, y la historia de cómo evolucionó la cerámica.

Más información en: www.rojas.uba.ar/cursos/taller-de-arte-ceramico-y-alfareria-ancestral-y-contemporaneo/2225

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