20/08/2026 04:56
Eduardo Castex
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Esta especie llegó a tener tan solo 100 sobrevivientes en un único refugio, y hoy cuenta con 50.000 animales repartidos por seis países, pero los científicos advierten que la recuperación ha enmascarado un grave problema

Esta especie llegó a tener tan solo 100 sobrevivientes en un único refugio, y hoy cuenta con 50.000 animales repartidos por seis países, pero los científicos advierten que la recuperación ha enmascarado un grave problema

El íbice de los Alpes estuvo al borde de la extinción y sobrevivió gracias a una población ubicada en el norte de Italia. El exitoso programa de reintroducción permitió recuperar u

Durante siglos, la caza redujo de manera drástica al íbice de los Alpes, una especie de cabra salvaje que habitaba las montañas europeas. A comienzos del siglo XX, la situación era crítica: quedaban alrededor de 100 ejemplares concentrados en una única población del Gran Paradiso, en el norte de Italia.

Lo que ocurrió después fue considerado uno de los mayores éxitos de conservación de un gran mamífero europeo. A través de programas de protección, cría y reintroducción, la especie volvió a ocupar buena parte de su antiguo territorio en los Alpes.

Hoy se estima que existen unos 50.000 ejemplares, distribuidos por distintos sectores de la cordillera en países como Italia, Suiza, Francia, Austria, Alemania y Eslovenia. Pero el aumento de la cantidad de animales escondió durante años un problema mucho más difícil de observar: el estado de su diversidad genética.

De casi desaparecer a volver a las montañas

El Gran Paradiso fue el último refugio de la especie. La creación de una reserva real en la zona y las medidas contra la caza permitieron que aquella pequeña población comenzara a recuperarse.

Cuando el número de animales aumentó, los especialistas encontraron una oportunidad para devolver el íbice a otros sectores de los Alpes.

Durante siglos, la caza redujo de manera drástica al íbice de los Alpes. (Foto: Click Petróleo E Gas)

El proceso comenzó con ejemplares trasladados desde la población original hacia zoológicos suizos. Allí se desarrolló un programa de reproducción en cautiverio que permitió obtener nuevos animales para las posteriores reintroducciones.

El sistema funcionó. Con el tiempo, los ejemplares fueron liberados en diferentes zonas de los Alpes y comenzaron a formar nuevas poblaciones. La estrategia se repitió durante décadas y permitió que el íbice regresara a regiones donde había desaparecido.

El éxito que se mide en 50.000 animales

La recuperación demográfica fue extraordinaria. En menos de un siglo, una especie que había quedado reducida a alrededor de 100 individuos alcanzó una población cercana a los 50.000 ejemplares.

Los programas de conservación lograron además que el íbice volviera a ocupar gran parte de su área histórica. Para la conservación de especies amenazadas, el caso se convirtió en un ejemplo de que una población muy pequeña puede recuperarse cuando existe protección y un programa de reintroducción sostenido.

Sin embargo, los científicos comenzaron a hacerse otra pregunta: ¿qué había ocurrido con los genes de una especie que estuvo a punto de desaparecer?

El problema que no se ve a simple vista

Un estudio publicado en Evolutionary Applications analizó más de 100.000 marcadores genéticos en ejemplares de íbice de los Alpes y otras especies relacionadas. Los resultados mostraron que las poblaciones reintroducidas tenían niveles de diversidad genética inferiores a los de la población original del Gran Paradiso.

Además, los investigadores encontraron señales de endogamia, es decir, reproducción entre individuos con un parentesco relativamente cercano. El problema surgió en buena medida por la propia estrategia que había permitido salvar a la especie. Cada vez que se creaba una nueva población se utilizaba un número limitado de animales.

Esos ejemplares se convertían en los fundadores de un nuevo grupo y, posteriormente, algunos de sus descendientes eran utilizados para crear otras poblaciones. De esta manera, el proceso se repitió varias veces y cada nueva reintroducción podía comenzar con una diversidad genética más reducida.

Una población enorme no significa una genética saludable

El caso del íbice demuestra que contar animales no siempre alcanza para determinar si una especie está realmente fuera de peligro.

Desde el punto de vista demográfico, la recuperación es evidente: pasó de unos 100 ejemplares a alrededor de 50.000. Pero una población puede crecer rápidamente sin recuperar toda la diversidad genética que perdió durante un cuello de botella poblacional.

El caso del íbice demuestra que contar animales no siempre alcanza para determinar si una especie está realmente fuera de peligro. (Foto: Click Petróleo E Gas)

Los estudios encontraron precisamente esa huella en el íbice de los Alpes. La especie conserva una diversidad genética excepcionalmente baja en comparación con otras especies de cabras salvajes relacionadas.

Esto puede ser importante a largo plazo porque una menor diversidad genética reduce la capacidad de una población para adaptarse a nuevas enfermedades, cambios ambientales u otras amenazas.

El riesgo de la endogamia

Los investigadores también detectaron niveles elevados de endogamia en algunas de las poblaciones que surgieron a partir de las reintroducciones.

El problema no significa que la especie esté nuevamente al borde de la extinción. De hecho, los riesgos demográficos actuales son considerados bajos debido al tamaño de la población. La preocupación es diferente: mantener durante generaciones una diversidad genética limitada podría afectar la capacidad de adaptación de los animales.

Algunos estudios incluso encontraron que determinadas poblaciones presentaban señales especialmente marcadas después de haber atravesado varias etapas de reintroducción.

Una nueva tarea para los conservacionistas

El caso cambió la forma en que los científicos observan el éxito de los programas de recuperación. Ya no alcanza con comprobar que una especie volvió a reproducirse y que su número aumentó. También es necesario analizar qué ocurrió dentro de su material genético.

Los investigadores plantean que las futuras reintroducciones deberían evitar depender exclusivamente de poblaciones que ya fueron creadas a partir de pocos fundadores. En cambio, recomiendan utilizar animales de diferentes orígenes para aumentar la diversidad y reducir los riesgos de endogamia.

El monitoreo genético también puede servir para detectar problemas antes de que tengan consecuencias visibles sobre la población.

Una recuperación histórica con una advertencia

El regreso del íbice de los Alpes sigue siendo una historia de éxito. Una especie que llegó a concentrar apenas unos 100 animales en un único refugio consiguió volver a las montañas y alcanzar una población de alrededor de 50.000 ejemplares.

Los científicos descubrieron que la recuperación numérica no borró las consecuencias del cuello de botella que sufrió la especie. La pérdida de diversidad genética y las señales de endogamia permanecen en distintas poblaciones.

Ahora, el desafío es conservar lo que se consiguió durante el último siglo y evitar que el éxito de la recuperación termine ocultando un problema que no se puede ver a simple vista. El íbice volvió a conquistar los Alpes. La tarea pendiente es asegurarse de que también conserve la diversidad genética necesaria para permanecer allí durante las próximas generaciones.

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