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La psicología dice que las personas que miran la hora en el celular en lugar de usar reloj (en el trabajo, mientras esperan o antes de salir) reciben las señales del tiempo de otra manera y la explicación está en la atención

La psicología dice que las personas que miran la hora en el celular en lugar de usar reloj (en el trabajo, mientras esperan o antes de salir) reciben las señales del tiempo de otra manera y la explicación está en la atención

Mirar la muñeca y encender la pantalla del smartphone parecen dos maneras equivalentes de saber qué hora es. Sin embargo, la psicología explica que el contexto en el que recibimos

Saber la hora puede requerir apenas un movimiento de muñeca o llevarnos a sacar el celular del bolsillo, encender la pantalla y mirar sus números. En ambos casos obtenemos exactamente el mismo dato, pero la forma en que nuestro cerebro llega hasta esa información no necesariamente es igual.

La psicología lleva décadas estudiando cómo las personas perciben el paso del tiempo y una de las principales conclusiones es que existe una diferencia entre el tiempo objetivo que marcan los relojes y el tiempo subjetivo que experimentamos.

Veinte minutos siempre son veinte minutos. Sin embargo, pueden sentirse interminables mientras esperamos una llamada importante y pasar casi inadvertidos cuando estamos concentrados en una conversación interesante.

Investigaciones sobre cognición temporal señalan que en esa experiencia intervienen factores como la atención, la percepción, la memoria y las experiencias anteriores. Por eso, incluso algo aparentemente trivial como el dispositivo que utilizamos para consultar la hora puede cambiar el contexto en el que nuestro cerebro recibe las señales temporales.

Por qué mirar el celular no es igual que mirar un reloj

La principal diferencia está en lo que ocurre alrededor de la hora.

Un reloj tradicional tiene una función predominante: mostrarla. Una persona puede mirar su muñeca, obtener el dato en cuestión de segundos y continuar con lo que estaba haciendo.

El smartphone funciona de otra manera.

Al encender su pantalla para consultar la hora pueden aparecer notificaciones, mensajes, correos electrónicos o alertas de aplicaciones. Incluso sin una notificación nueva, los íconos de las redes sociales y otras aplicaciones permanecen disponibles para captar nuestra atención.

Así, una acción cuyo objetivo inicial era simplemente responder “¿qué hora es?” puede transformarse rápidamente en otra actividad.

Una persona mira el celular a las 10.15. Ve un mensaje, lo responde, abre una aplicación y, varios minutos después, vuelve a la tarea que estaba realizando.

Durante años, los psicólogos también estudiaron la existencia de mecanismos internos que permiten al cerebro estimar intervalos temporales. Foto: IA

El teléfono convirtió una consulta temporal en una transición de la atención.

Esto no significa que los smartphones necesariamente distorsionen nuestra percepción del tiempo ni que quienes los utilizan tengan un “reloj interno” diferente. La diferencia está en el entorno cognitivo en el que aparece la información.

La psicología explica por qué la atención puede cambiar cómo sentimos el tiempo

Una de las teorías utilizadas para estudiar este fenómeno es el denominado modelo de puerta atencional.

En términos simplificados, plantea que cuando una persona presta atención conscientemente al paso del tiempo, su sistema cognitivo dispone de más información temporal. Cuando la atención está concentrada en otra actividad, esos recursos se reducen.

Es algo que ocurre habitualmente.

Cinco minutos esperando un colectivo mientras miramos constantemente la hora pueden parecer largos. Esos mismos cinco minutos pueden pasar rápidamente si durante la espera mantenemos una conversación o nos concentramos en otra actividad.

El tiempo objetivo no cambió. Cambió la atención que le dedicamos.

Investigaciones citadas en el material, entre ellas trabajos de los psicólogos Richard A. Block y Ronald P. Gruber, analizaron precisamente la relación entre atención, memoria y juicios sobre la duración del tiempo.

El celular puede convertir la hora en momentos fragmentados

Existe además otra diferencia interesante.

Quien lleva un reloj tiene acceso prácticamente continuo a una señal temporal: basta con girar la muñeca para verla.

Quien depende exclusivamente del teléfono suele encontrarse con la hora en episodios concretos.

Puede mirar el celular a las 9.15, volver a hacerlo a las 10.02 y nuevamente a las 11.37. Esos momentos pueden convertirse en pequeñas referencias temporales.

Por ejemplo: “Cuando empecé eran las 9.30” y, posteriormente, “ya son las 11”.

Esas consultas funcionan como puntos de referencia que pueden integrarse a la memoria de una actividad. Y esto resulta relevante porque nuestra percepción subjetiva del tiempo no depende únicamente de lo que ocurre en el presente, sino también de cómo recordamos los acontecimientos.

Qué ocurre con nuestro “reloj interno”

Durante años, los psicólogos también estudiaron la existencia de mecanismos internos que permiten al cerebro estimar intervalos temporales.

Mirar la muñeca o sacar el teléfono del bolsillo puede conducir al mismo número en la pantalla. Pero el camino cognitivo hasta ese dato es distinto. Foto: IA

Hablar de un “reloj interno” no significa que exista literalmente un reloj dentro del cerebro. Es una manera de describir diferentes modelos psicológicos y neurobiológicos que intentan explicar cómo los seres humanos representan y calculan el tiempo.

Estos modelos incluyen elementos relacionados con la memoria temporal, el ritmo, la integración de diferentes estímulos sensoriales y la distribución de la atención.

Desde esta perspectiva, utilizar un teléfono en lugar de un reloj no cambia automáticamente nuestro mecanismo interno de medición del tiempo. El celular funciona más bien como una referencia externa que interactúa con esos procesos cognitivos.

El hábito también puede influir

Hay otro componente: la costumbre.

Una persona que nunca utiliza reloj puede desarrollar con los años una respuesta prácticamente automática. Cuando siente incertidumbre sobre la hora, busca el teléfono.

La duda funciona como señal y agarrar el celular se convierte en la respuesta habitual.

El problema —o simplemente la particularidad— es que el mismo objeto utilizado para resolver esa duda ofrece inmediatamente decenas de actividades alternativas.

Por eso, mirar el celular para saber la hora puede terminar siendo cognitivamente muy diferente de mirar un reloj.

Lo que este hábito no dice sobre tu personalidad

Los investigadores advierten, sin embargo, que sería incorrecto llevar esta explicación demasiado lejos.

No existe evidencia suficiente para afirmar que quienes consultan la hora en el celular sean más distraídos, menos puntuales o tengan una personalidad determinada.

Algunas personas simplemente consideran innecesario utilizar reloj. Otras prefieren las pantallas digitales o no quieren llevar objetos en la muñeca.

La diferencia que plantea la psicología es mucho más específica: un reloj ofrece una señal temporal dedicada y prácticamente continua, mientras que un teléfono ofrece señales intermitentes dentro de un dispositivo lleno de otros estímulos.

Por eso, la manera en que consultamos la hora puede influir en cuándo el tiempo entra en nuestra conciencia cotidiana.

Mirar la muñeca o sacar el teléfono del bolsillo puede conducir al mismo número en la pantalla. Pero el camino cognitivo hasta ese dato es distinto.

El reloj no cambió y los minutos tampoco. Lo que cambia es la señal que recibe el cerebro, el contexto que la rodea y la atención que estamos dispuestos a dedicarle.

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