Vicky Martín Berrocal puso en palabras una situación que muchas mujeres atraviesan en silencio: la sensación de tener que poder con todo y, al mismo tiempo, no encontrar un espacio propio para descansar, pedir ayuda o simplemente reconocer que algo no está bien.
La diseñadora compartió una reflexión sobre esa realidad y apuntó especialmente a aquellas mujeres que desde afuera parecen tener una vida resuelta, pero que muchas veces enfrentan sus momentos más difíciles cuando están solas.
“Hay una soledad de la que casi nadie habla, la soledad de la mujer que aparentemente puede con todo”, expresó la también empresaria de 53 años.
Su mensaje pone el foco en una contradicción cotidiana: cuanto más capaz parece una persona de sostener las responsabilidades, menos probable parece que los demás se detengan a preguntarle cómo está realmente.
La mujer que siempre dice que está bien. Foto: IG/vickymartinberrocal
La mujer que siempre dice que está bien
En su reflexión, Martín Berrocal describió a una mujer que trabaja, cuida a los demás y continúa con sus obligaciones incluso cuando está cansada. “Es la soledad de la mujer que trabaja, la que cuida, la que sonríe, la que siempre te dice que está bien”, señaló.
La frase apunta a un comportamiento que puede pasar inadvertido. Muchas veces, la persona que se muestra fuerte termina convirtiéndose en aquella a la que nadie considera necesario ayudar.
El problema aparece cuando esa fortaleza deja de ser una elección y se transforma en una obligación. La mujer que siempre resuelve puede terminar sintiendo que no tiene permitido detenerse. Y cuando finalmente lo hace, puede encontrarse con un silencio que durante el día había conseguido evitar manteniéndose ocupada.
Vicky Martín Berrocal y su look a los 53. Foto: Instagram
Cuando termina el día
La imagen que plantea la diseñadora es especialmente concreta: después de trabajar, cuidar, sonreír y ocuparse de los demás, llega el momento de volver a casa.
“Luego llega a casa y se sienta sola en silencio”, explicó. Ese momento representa, según su reflexión, una parte de la soledad que no siempre se reconoce.
No se trata necesariamente de estar físicamente sola. Una persona puede tener hijos, pareja, amigos, compañeros de trabajo y una agenda llena y, aun así, sentir que no tiene con quién compartir aquello que realmente le pasa.
La diferencia está en que durante el día existen obligaciones que mantienen la atención puesta en los demás. Cuando esas tareas terminan, aparecen pensamientos y emociones que habían quedado relegados.
La diferencia está en que durante el día existen obligaciones que mantienen la atención puesta en los demás. Foto: IG/vickymartinberrocal
La presión de sobrevivir
La reflexión de Martín Berrocal también se relaciona con una idea que viene expresando en sus últimos mensajes: la dificultad de distinguir entre sobrevivir y vivir.
“Nos hemos acostumbrado tanto a sobrevivir que se nos ha olvidado vivir tranquilas”, sostuvo en otra de sus intervenciones. La frase resume una sensación cada vez más presente: estar permanentemente ocupados no necesariamente significa estar bien.
Cumplir con el trabajo, atender a la familia, responder mensajes, resolver problemas y mantener una determinada imagen puede convertirse en una rutina agotadora. Y cuando todo eso se vuelve habitual, puede resultar difícil incluso reconocer que existe cansancio.
El costo de aparentar fortaleza
Para Martín Berrocal, una de las cuestiones más importantes es que la capacidad de sostener responsabilidades no debería hacer que una persona quede invisible para quienes la rodean. Mostrar fortaleza no significa no necesitar ayuda.
Tampoco significa que una mujer tenga que estar disponible permanentemente para resolver los problemas de los demás. La idea detrás de su reflexión es que pedir compañía, admitir cansancio o reconocer que algo duele no debería interpretarse como una señal de debilidad.
Por el contrario, puede ser una forma de dejar de cargar en soledad con situaciones que durante demasiado tiempo fueron naturalizadas.
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