Zambullirse en la crisis vital de Bárbara, una guionista treintañera que se atiborra de benzodiacepinas y gasta un carácter tan honesto como cínico en la serie Se tiene que morir mucha gente, es la última hazaña de la actriz Anna Castillo (Barcelona, 1993).
La serie original Movistar Plus+ ha sido creada por Victoria Martín a partir de su novela homónima, quien firma también los guiones y dirige junto a Sandra Romero y Nacho Pardo, para narrar con humor, desvergüenza e ironía aspectos generacionales como la precariedad laboral, la salud mental y las falsas expectativas. Maca (Laura Weissmahr) y Elena (Macarena García) completan el triángulo de amigas del colegio protagonistas, junto a una especie de Pepito Grillo en la piel de la joven Sofía Otero. Tras su paso por la Sección Oficial de Canneseries, la serie llega a la plataforma el próximo 21 de mayo.
El título de la serie es todo un desahogo. ¿Alguna vez se le ha pasado por la cabeza?
¡Por supuesto! Supongo que esa frase también se corresponde con la idea de que hay sistemas y personas a cargo de sistemas importantes que, de alguna manera, están un poco obsoletos o no concuerdan con las ideas que nos gustaría defender ahora mismo. Es una manera de decir que necesitamos aire fresco.
¿Cuál es para usted el colmo de la estupidez humana? Foto: IG/nanitita
¿Cuál es para usted el colmo de la estupidez humana?
Hay algo de aferrarse al individualismo que me sorprende y aterra. Que no seamos capaces de pensar en lo colectivo me desconcierta y da mucho miedo. Me parece horrible y estúpido, porque formamos parte de un todo. Siento que lo más inteligente es pensar en lo común.
¿La frustración define a los treintañeros de hoy?
Hay algo bastante esperanzador y positivo en esta generación: hubo un momento en que nos podíamos aferrar a soñar y proyectar. La frustración es algo que forma parte, porque se nos ha vendido un poco la moto y el mundo ha evolucionado hacia un lugar donde nuestras expectativas, como generación, se han visto frustradas. También creo que somos una generación que nos reímos mucho de nosotros mismos, que disfruta y que vive, que lucha. No me parece que sea pasiva.
¿Qué expectativa suya ha resultado ser un fraude?
Llevo trabajando desde que tengo 15 años en una industria que es bastante peculiar y me siento muy privilegiada, pero, desde muy pequeños, se nos ha dicho que podemos hacer lo que queramos y no es del todo cierto. Yo pensaba que, a los 30, habría viajado, vivido en otros lugares, pero al final entras en una rueda del trabajo, del capitalismo, de cumplir metas mientras el tiempo pasa y no te das cuenta.
Su personaje recurre a las pastillas para gestionar la ansiedad. Foto: IG/nanitita
Su personaje recurre a las pastillas para gestionar la ansiedad. ¿Hemos normalizado el hecho de vivir dopados?
Creo que un poco sí… Por una parte, pienso ¡benditas pastillas!, porque antes a los problemas de salud mental no se les ponía nombre o había mucho más estigma. Era más difícil ir a hablar con alguien y que te dijera: tienes depresión o ansiedad, pero podemos tratarlo, llegar a un equilibrio químico que te va a ayudar. Todo ese silencio ya no existe y se puede remediar. Yo [toco madera], de momento, no he tenido que recurrir a ellas. Creo que cada uno hace lo que puede y que bastante difícil es gestionar la vida, en general, y las emociones.
¿Qué parte de Bárbara ha conectado más con usted?
Aunque al principio es muy desagradable, a mí es que Bárbara me cae muy bien, porque, en realidad, aunque seamos políticamente correctos, empáticos y tengamos cierta consideración por la gente que nos rodea, pienso bastante parecido a ella en muchas cosas. Comparto con ella que me da miedo y me molesta mucho la falsa honestidad con uno mismo y con los demás.
Dicen que trabajar con amigos es un arma de doble filo. ¿Lo mejor y lo peor de haberlo hecho con Macarena García?
No ha habido nada malo, a excepción de reírnos un poco más de la cuenta. Ha sido una suerte que hayamos vuelto a currar juntas con unos personajes como estos. Somos amigas íntimas y la considero como mi hermana. Lo que te produce actuar con alguien tan cercano y a quien quieres tanto no se puede fingir, y eso ha hecho que las escenas que tenemos juntas crezcan muchísimo.
No despega los pies de la tierra, a pesar del éxito. ¿Cuál es su antídoto?
Creo que tiene que ver con una manera de ser. En esta profesión en la que nos exponemos constantemente, todos tenemos momentos en los que nos sentimos un poco más vulnerables o nos hacemos un poco más de lío con la validación, pero relativizar ha sido la clave para mí. Nada es superimportante, nada es cuestión de vida o muerte. La vida son muchas otras cosas y, para mí, mi vida personal es más importante que la profesional. Eso creo que me hace estar muy en contacto con quién soy, al margen de esta profesión.
¿Qué lectura hace de la presión estética que sufren las mujeres? Foto: IG/nanitita
¿Qué lectura hace de la presión estética que sufren las mujeres?
Es un momento bastante incoherente, porque tenemos más información que nunca. Sabemos lo que es la presión estética, por qué la ejercen sobre nosotras, sabemos que es una trampa y el mecanismo que se emplea… y, aun así, con las redes y con la comparación constante, es inevitable. Es terrible, sobre todo, lo que tiene que ver con la delgadez; me preocupa mucho. Siento que las mujeres nos pasamos la vida luchando contra nosotras mismas y es una pena, pero yo no tengo la clave de nada y que cada una lidie con esto con el mayor cariño hacia una misma y como pueda.
En un mundo hiperconectado, ¿qué cosas consiguen que apague el móvil?
¡Las personas! Necesitamos estar en contacto físico con ellas. Cuando me quedo un rato sola, tengo la suerte de que me gusta leer, disfruto viendo películas, también realities… Consumo pantalla de otras maneras, pero lo que más me hace olvidarme del móvil es estar con mi chico, con mis amigas, con mi hermana… Estar en el mundo y convivir con la gente, si no es la perdición.
Si mañana decidiera mandar a paseo la interpretación, ¿en qué profesión cree que sería buena?
Me gusta muchísimo la gastronomía, comer y saber, así que supongo que en algo que tuviera que ver con eso. También podría quedarme en la industria y formar parte del equipo de dirección. Al final, llevo tantos años rodando y conociendo a directores que creo que se me podría dar bien.
¿Ha fabulado con la idea de dirigir?
Sí, de hecho, estoy en ello. Tengo un proyecto y creo que va a ocurrir, pero estas cosas van despacito y con poquita presión. Creo que las historias se tienen que contar desde muchos lugares y, cuando surge la posibilidad de poder aportar desde otro lugar, me apetece.
¿Qué le diría hoy, con todo lo aprendido, a su versión más joven?
Estoy bastante contenta con cómo han ido las cosas. Mis expectativas se han ido cumpliendo con creces. Le diría que disfrute del proceso, que viaje más [risas], que va a ir todo bien. Sería un mensaje tranquilizador.
¿Un sueño a futuro?
Levantar un proyecto mío, que confío en que suceda. Un sueño personal, en algún momento, sería ser madre. Es algo que sí que, en los últimos años, me planteo como con más fuerza. No sé cuándo será, porque al final estas cosas son muy complicadas.
Diana Arrastia
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