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DEPORTES

La nueva vida del exRacing que se instaló en el Mediterráneo, es dueño de uno de los restaurantes preferidos de Scaloni y cambió el fútbol por un deporte de alta resistencia

La nueva vida del exRacing que se instaló en el Mediterráneo, es dueño de uno de los restaurantes preferidos de Scaloni y cambió el fútbol por un deporte de alta resistencia

Tras retirarse en 2024, el exdefensor se reinventó en Malloca, volcando su competitividad hacia la disciplina del Hyrox. Mientras se prepara para su primera maratón, lidera grupos

El sol de agosto en Mallorca no da tregua. La humedad se pega a la piel y el aire se vuelve espeso. "Estamos sufriendo con el calor, te juro que no dan ni ganas de ir a la playa", sostiene Lucas Aveldaño desde el sillón de su casa, bajo el fresco del aire acondicionado. Es uno de los pocos momentos de sedentarismo en la rutina del exdefensor de 41 años que supo salvar a Racing del descenso, cuya cabeza funciona a otras revoluciones.

Hoy, reconvertido en preparador físico y atleta de Hyrox -una disciplina que combina fuerza funcional y alta intensidad-, divide sus días entre las clases en un gimnasio, entrenamientos a distancia y un emprendimiento gastronómico que tiene entre sus clientes al argentino más famoso de la isla mediterránea: Lionel Scaloni.

Lucas Aveldaño dejó el fútbol pero encontró una nueva pasión deportiva en el Hyrox. Foto: @pela.aveldano

Atrás quedaron sus 550 partidos oficiales y dos décadas de carrera, con pasos por Belgrano de Córdoba, Nueva Chicago y la Academia, donde integró el equipo que evitó la pérdida de categoría en 2009. "Todos los días me levanto temprano porque me estoy preparando para correr mi primera maratón en diciembre", cuenta "El Pela".

Alejado de la pelota desde hace más de un año, luego de su último paso por el ascenso español, reconstruyó su vida en Mallorca, a donde llegó como futbolista en 2015 y luego de la pandemia decidió radicarse definitivamente.

"Por la tarde doy clases en un gimnasio. También llevo adelante un grupo llamado 'En Movimiento Social Run', donde somos 480 personas y los jueves juntamos hasta 80 corredores para entrenar", agrega, con la tonada santafesina de su Rafaela natal, sin olvidarse que siempre intenta encontrar algún hueco para disfrutar del Mediterráneo. Una vida opuesta a la que conoció como zaguero, aunque atravesada por una tendencia: nunca quedarse quieto.

Una vez por semana, Aveldaño lidera un grupo de running compuesto por casi 500 personas. Foto: @pela.aveldano.

El quiebre hacia este nuevo estilo de vida comenzó en 2022, dos años antes de colgar los botines vistiendo la camiseta del Andratx, de la cuarta división española. "A mí el gimnasio convencional me aburre. Conocí el Hyrox por Instagram, empecé a tomar clases y a los tres meses ya estaba compitiendo en Barcelona. Ahí encontré esa competitividad que me daba el fútbol, solo que acá competís contra vos mismo. Terminás una carrera y ya querés hacer la siguiente para bajar la marca. Es lo que sentía cuando entraba a una cancha", confesó.

Encontrar una nueva forma de competir también le abrió la puerta a otros proyectos. Aunque la transformación de Aveldaño había comenzado a gestarse durante el confinamiento por COVID-19. Ante su deseo de mantenerse activo, completó el curso de director deportivo y el de técnico de fútbol.

Poco tiempo fue el que necesitó para darse cuenta que no se veía oficiando aquellos roles, y terminó dando en la tecla al certificarse como Coach de Hyrox. ¿La mejor demostración? El año pasado trajo la disciplina a Argentina al crear Athlon Hybrid Race, su propia competencia, la cual celebró su primera edición en el Mario Alberto Kempes de Córdoba.

Aveldaño tuvo dos ciclos en Belgrano, el primero entre 2012 y 2015, y el segundo en la temporada 2016/17. Foto: Archivo.

Fue en esa búsqueda constante de nuevos desafíos donde también decidió probar suerte en el universo de la hostelería. Con la cocina como hobby desde pequeño y habiendo sido el asador de cada plantel que integró, se dio el gusto de tener tres restaurantes en Mallorca. Pero la profesionalización de su pasión le hizo darse cuenta que el rubro "tiene poco margen, es muy sacrificado y demanda muchísimo tiempo". Por eso decidió concentrarse en uno solo, Maleva, que se caracteriza por su propuesta de carnes maduradas.

-En tus redes subís pocas cosas relacionadas a tu época de futbolista, ¿la extrañás?

-Para nada. De hecho, hace un año y medio que no pateo una pelota de fútbol. La última vez fue cuando vino Ronaldinho a Mallorca con sus amigos y ex jugadores de la selección de Brasil. Me invitaron a mí y a (Leonardo) Pisculichi, que también vive acá, y jugamos contra ellos. Después, nada más. Si juego, me lo tomo muy en serio, no sé ir a jugar relajado y hoy mi cabeza está puesta en otras cosas. Tampoco veo muchos partidos, al punto de que en mi casa no tengo televisión.

Andratx fue el último club que defendió Aveldaño en su carrera. Foto: @pela.aveldano

-¿Y cómo hiciste para combinar el Hyrox con tus últimos años en el fútbol?

-El entrenamiento híbrido está bueno porque estás preparado para jugar otro deporte. Justamente, yo me retiré en el Tudelano, de la Tercera de España, y estuve seis o siete meses sin jugar, aunque sin dejar de hacer ejercicio. Después me llamaron de Andratx, que es amateur en la Cuarta, y me pidieron si podía darles una mano. Entrenábamos tres veces por semana; salimos campeones y ascendimos. Ahí nos volvimos semi-profesionales y terminé jugando dos años más, en los cuales me sentí nuevamente futbolista. Después prioricé otros objetivos y dejé en 2024 por decisión propia. Me siguen llamando de algunos clubes, pero me dedico a otros proyectos.

El barro de Avellaneda y los televisores de Néstor

Para entender la templanza actual de Aveldaño hay que viajar a sus años de trinchera. En 2009, vestir la camiseta de Racing era una profesión de alto riesgo. El promedio asfixiaba y el fantasma del descenso sobrevolaba Avellaneda. Tras la salida de Juan Manuel Llop en la cuarta fecha, Ricardo Caruso Lombardi se hizo cargo de un plantel golpeado y le devolvió la sonrisa.

Aveldaño jugó en Racing de 2008 a 2012. Foto: Archivo.

-¿Qué es lo primero que se te viene a la cabeza cuando te acordás de ese vestuario de Racing que peleaba el descenso?

-A ese Racing nadie quería ir porque era un candidato al descenso. Teníamos que hacer números de campeón; de hecho salimos segundos con 31 puntos. Vivimos una temporada de campeón pero no la podíamos disfrutar, porque siempre seguíamos en la zona roja. Fue una locura. Recién en la anteúltima fecha (0-2 vs. Gimnasia de Jujuy) nos salvamos y lo festejamos como un campeonato. Caruso, que es un personaje, nos hizo llevar el día a día de la mejor manera para no bajar los brazos en ningún momento.

-¿En ese día a día cómo apareció la idea de sortear electrodomésticos en los entrenamientos?

-Fue una de las locuras de Caruso. Se hacía el clásico picado de un día antes de cada partido y siempre había premios buenos, cosas por las que valía la pena dejarse la vida para ganar en la práctica. Eso hizo que estemos siempre al límite de todo, porque al final uno se calentaba, el otro iba un poquito más fuerte... Cuando no hay premio no pasa nada porque uno se cuida. Creo que eso también hizo que el equipo después compitiera en la cancha de esa forma.

-¿Hubo alguna situación límite?

-Un montón. Me acuerdo de que, a mitad de temporada, Caruso había traído refuerzos. Entre ellos había un chico de la C -cuyo nombre no recuerdo- que tuvo la mala suerte de que (Matías) Piñal, que era el arquero suplente, le fuera tan fuerte que casi lo quiebra. Hubo varios sustos con entradas durísimas y muy al límite.

-¿Y cómo fue el día que bajó Néstor Kirchner en helicóptero en la cancha auxiliar?

-Otra cosa increíble, ja. Jugábamos en la Bombonera ese fin de semana y Caruso lo apretó y le dijo que dé un regalo para el plantel si le ganábamos a Boca. Néstor le dijo: "Bueno, un televisor LCD". Quería sortear un solo televisor para un plantel de 30 jugadores. Caruso le saltó al cuello y le dijo: "Pero pará, somos 30 jugadores... ¡cuatro por lo menos!". Claro, no le podía decir que no en la cara frente a todo el equipo, entonces Néstor cedió. Ese fin de semana le ganamos a Boca 3 a 0 en el Cilindro, así que en la semana vinieron los cuatro televisores.

Palermo y Aveldaño, un cruce que se repitió en varios clásicos entre Boca y Racing. Foto: @pela.aveldano

-¿Y es verdad que te ganaste uno?

-Sí, porque en ese partido a mí me había tocado marcar a (Martín) Palermo y lo hice bien. Entonces lo agarré a Caruso y le dije: "Gordo, un televisor es mío, no sé cómo vas a hacer pero uno es mío". Después estuvo su mano mágica. No sé cómo hizo pero sacó mi nombre, así que me llevé uno de los televisores para casa. Años después se lo regalé a un amigo kirchnerista, que para él eso era oro en polvo. Le mandé un mensaje diciendo que tenía la tele que me había ganado, y en menos de 10 minutos estaba en mi casa. Debe estar dando vueltas por algún lado.

La excepción de los colores y el lazo con Scaloni

A pesar de insistir en que su desconexión con el fútbol es casi total, Aveldaño admite que existen dos excepciones capaces de transformarlo nuevamente en un hincha genuino: la Selección Argentina y Belgrano, club con el que construyó un fuerte sentido de pertenencia a lo largo de 100 partidos, después de su ascenso a Primera.

En ese sentido, reconoce que vivir el recorrido mundialista de la Albiceleste desde España tuvo sus particularidades. "A los españoles que me querían picantear, les bajaba los humos. Yo estoy viviendo acá y tengo que ser agradecido, no me sumo a eso. Sobre la final siempre les digo que nos ganaron bien y ya está. Yo quería ganarle a Inglaterra, eso fue lo máximo", resume.

La Selección Argentina saca a la luz toda la pasión de Aveldaño por el fútbol. Foto: @pela.aveldano

Pero hay otro motivo de peso que une al Pela profundamente a la Selección; un lazo de muchísimos años con el líder de la Scaloneta.

-Tenés a alguien bastante conocido en Mallorca como Scaloni. ¿Cómo nació esa relación?

-No somos de hablar siempre, pero cuando nos cruzamos somos amigos prácticamente. Cuando vine a jugar a Mallorca en 2015, él se había quedado a vivir después de retirarse el año anterior. Cuando llegué era el único argentino en el equipo y Scaloni se presentó en la Ciudad Deportiva al tercer día de entrenamiento. Me esperó a que saliera y me vino a saludar. "Hola, soy Lionel Scaloni. Estoy viviendo acá con mi familia, si necesitás algo, un colegio para los chicos, vivienda o lo que sea, te dejo mi contacto", me dijo. Él pensaba que no lo iba a conocer. Me dejó el número y ahí quedó la relación. Cuando salió campeón de la Copa América le mandé un mensajito. Siempre está ahí. A veces le escribo para ver si me puede firmar una camiseta, porque hay gente que sabe que lo conozco y me pide ese favor. Es un tipo espectacular.

-¿Fue a comer a tus restaurantes?

-Vino dos veces a La Milanesería, un local que tenía sobre milanesas. Después, cuando teníamos los tres restaurantes, vino dos veces a uno que era de fusión asiático-mediterránea. En Maleva vino una o dos veces. La primera vez obviamente lo invité, vino, le gustó y volvió a repetir por su cuenta junto a su familia. Ya después, me dice: "Che, Pela, estoy yendo con la familia". Un fenómeno. A veces nos cruzamos en la isla, pero acá es uno más, está súper tranquilo.

Scaloni en La Milanesería. Foto: @pela.aveldano

Sin embargo, la buena sintonía entre ambos queda de lado cuando se mencionan los hábitos deportivos de cada uno. “Tengo pendiente hacer deporte con él. Lo que pasa es que en la bicicleta está en otro nivel. Le gusta la bici de ruta y yo soy más del mountain bike. La última vez que estuvimos hablando le conté que hacía Hyrox y me dijo: ‘Vos estás re loco, yo no podría hacer eso’", confiesa con una sonrisa un tanto tímida.

Scaloni es uno de los clientes más recurrentes en las propuestas gastronómicas de Aveldaño. Foto: @pela.aveldano

Al mirarse al espejo, despojado de las canilleras, los botines y el barro de una cancha, Aveldaño se reconoce en una silueta completamente nueva. "Soy alguien que disfruta el día a día y que no entendería la vida sin hacer deporte. Entreno casi todos los días y mantengo una alimentación con un permitido por día. Me hace bien a la parte mental", concluye. Por unos minutos más, seguirá refugiado del calor bajo el aire acondicionado, mientras activa la cuenta regresiva para volver a ponerse en movimiento.

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