A veces los mejores ejemplos los dan las personas simples, esos que aún conservan su alma en estado puro. Así parece corroborar un caso ocurrido días atrás en Maquinchao, un pueblo rionegrino de la Línea Sur.El peón rural Atilio Lepiante pidió ayuda para poder viajar a atender a su madre que estaba internada en General Roca y los vecinos hicieron una colecta. Cuando volvió al pueblo devolvió prácticamente todo. “Cuidé la plata porque no era mía, la que falta no se si la voy a poder devolver”, dijo.
A principios de la semanas pasada, Atilio “Perico” Lepiante, un humilde peón rural de 48 años, se acercó a una emisora para pedir ayuda porque necesitaba con suma urgencia viajar a General Roca, distante a 320 kilómetros, donde su madre estaba internada a la espera de una prótesis por una fractura de cadera.
El hombre, le contó sus preocupaciones. “Tengo a la vieja allá y vio don Sebastián que se hace difícil andar en la ciudad cuando uno no sabe ni leer ni escribir, voy a tener que andar en taxi para no perderme y una pensión para quedarme porque ahí no tengo parientes y ando medio corto de plata”, dijo Perico.
Elías reveló que los pobladores reaccionaron rápidamente a la situación de Atilio. “Mi pueblo demostró ser solidario y en una campaña juntamos 13.576 pesos”, relató. También desde la emisora ser contactaron con Acción Social del municipio donde consiguieron los pasajes. Y esa noche partió.

Sin embargo lo más trascendente pasó el lunes 27 de noviembre cuando Atilio, ya de regreso a Maquinchao con su mamá, se presentó en la FM. El paisano dijo que quería agradecer a toda la comunidad en general por su aporte.
Pero lo que siguió completó una lección de valores, humildad y sobre todo un ejemplo que nos conmueve a todos. “Atilio me dijo: mire don Sebastián, gracias a Dios en Roca salió todo bien, a mi mamá ya la operaron y ahora está en Maquinchao para recuperarse. Salió bien todo me dijo el doctor”, le expresó al locutor.
Atilio continuó diciendo: “usted sabe que en esta semana que estuve en Roca yo cuide mucho la plata que me dio la gente, pero se gasta mucho ahí. Quiero agradecer y usted sabe que me sobró plata, justamente porque la cuidé y yo quisiera devolverla porque no es plata mía. Y algún otro puede necesitar”.
Ante semejante gesto el locutor contó “quedé callado un rato, solo asimilando lo que pasaba. Estaba en eso cuando Perico sacó de su campera de cuero color negra el toco de plata. Resumiendo este hombre vino y devolvió 10.510 pesos que le sobraron de estos días en Roca, había gastado solo 3.063 pesos y pidió plazo porque no sabe si los podrá devolver por ahora”.
Y agregó “me contó que su madre deberá viajar a Roca a hacerse controles y curaciones periódicas y por eso yo le insistí en que se quedara con el dinero. Pero me dijo que se iban a arreglar con su sueldito y la pensión de su madre”.
“Creo que sirve para reflexionar y tomar como ejemplos estas situaciones que la vida regala. Solo quería compartir este hermoso gesto de humildad y de honestidad con ustedes”, concluyó Sebastián Elías.
Todo un compendio de honestidad y nobleza en una sola actitud. Sin dudas Lepiante, hasta hoy un ilustre desconocido, nos dio a todos los argentinos un maravilloso ejemplo sobre esos valores, que hoy configuran unos de los débitos sociales más grandes que padecemos.

Hace 48 años que nació en Maquinchao, un pueblito de la sufrida Línea Sur rionegrina, en el seno de una familia muy humilde. No fue a la escuela porque desde chico tuvo que salir al campo para ganarse el pan. Su profesión es la de peón rural o puestero.
Es un hombre honesto y noble, ¿qué duda cabe? Pero vale la pena conocerlo mejor. Ayer el diario Río Negro esbozó una semblanza de este humilde hombre que sorprendió con su gesto.
“Perico” Lepiante trabaja en el campo lanero “Don Horacio”, llamado así en honor al padre de los hermanos Martín e Ignacio Apestegui, los actuales dueños. El predio rural está ubicado a unos 60 kilómetros al sur de Maquinchao que el trabajador recorre en su ciclomotor 110 cc. por un camino de ripio cada vez que quiere ver a su madre.
“Menudo, de piel oscura y es muy difícil entenderle lo que habla, pese a que es bien locuaz cuando se suelta. Don Rubio, el encargado del campo, es su compañero y con quien comparte sus historias. Los dos llevan el manejo de las 5.000 ovejas y 500 vacas, moviéndolas de un cuadro a otro para que no les falte el pasto”, comentó el Río Negro.
El periódico rionegrino ya había tenido un contacto periodístico con él cuando, hace tiempo, realizaron una crónica sobre la vida de los esquiladores de la Línea Sur. Lo recuerdan “allí, por afuera del galpón, bien temprano, arreando las ovejas hasta el corral, tarea para la que, aseguran, es un experto”.
Martín, uno de sus patrones, contó que las veces que “Perico” se queda en Maquinchao y tarda en regresar al campo, le avisa y le pide que le descuente el día del salario.”Es pura honestidad”, concluyó.

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