Insólita protesta: un hombre de 72 años, en colaless por el centro de San Juan

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Alberto Mattar es un ingeniero sanjuanino y, cansado de no recibir respuestas a sus reclamos, protestó caminando con apenas una bombacha roja y un portafolios en la mano.

La escena sorprendió a las cientos de personas que transitaban, en auto o a pie, por la Plaza 25 de Mayo, la principal de la ciudad de San Juan. Con una colaless roja, un portafolios en la mano y zapatos y medias negras, Alberto Mattar se paseaba muy tranquilo.

Esa fue la insólita manera que encontró este ingeniero de 72 años para reclamar que la policía desaloje a un grupo de travestis que, según él, se prostituye frente a su casa.

Muy poco pasó hasta que loa policía lo detuvo. “Me puse la tanga porque pensé que debe haber una ley que los ampara y me vestí de la misma forma, pero parece que la ley a mí no me ampara. Es la única forma en la que logré llamar la atención, la única manera de que la sociedad se entere de que lo está pasando”, sostuvo Mattar en declaraciones a la prensa.

 

“Tengo decidido seguir haciéndolo. Es la única forma en que veo que la población se entera. Estoy dispuesto a seguirlo hasta la muerte. Sé que estoy arriesgando la vida. Sepan que si me pasa algo no fue por suicidio sino porque me limpiaron”, disparó Mattar.

Mattar, según señaló, pidió en reiteradas oportunidades que se impida a los travestis ejercer la protistución frente a su casa, en la zona de Avenida Córdoba y Güemes, pero sus reclamos no fueron escuchados. “Estoy dispuesto a volver a hacerlo, aunque es muy incómodo caminar con tanga. No se cómo hacen las mujeres para andar así”, dijo con ironía y una sonrisa Mattar.

La respuesta de las travestis no tardó en llegar. “Los vecinos protestan pero es la única fuente de trabajo que tenemos, no lo hacemos por placer, lo hacemos por necesidad. Por eso luchamos por el cupo trans en otro tipo de trabajos. Vamos a las entrevistas laborales y nos corren”, dijo Micaela, que trabaja en la zona.

En declaraciones a Radio Sarmiento, agregó que trabajar en la zona de Córdoba y Güemes “no es tan inseguro como ir a la ruta porque la gente no lo sabe pero nos están matando. Sin ir más lejos, una compañera fue atacada por un cliente en la otra esquina y se salvó de milagro, la podrían haber matado; imaginate si nos vamos a un lugar más despoblado”, concluyó.

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