Cristina Pérez habló del poliamor en medio de rumores con Barilli: “Es el cuerno blanqueado”

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La periodista plantea que se trata “de un formato decoroso de la infidelidad”. El Poliamor es el formato decoroso de la infidelidad. En tiempos de blanqueo de capitales, el blanqueo de los cuernos. En tiempos de lavado de dinero, el lavado de las culpas. El reconocimiento cool de que el amor fracasa pero que es mejor enmascararlo porque conviene conservar los beneficios de la pareja. Gastos compartidos, seguridad habitacional y un gentil ropaje discursivo que convierta todo en una tendencia de vanguardia. Si el otro ya no despierta deseo para qué aventurarse a desarmar la sociedad y pagar los costos de la ruptura. Mejor subsidiarlo con terceros: meterle un pulmotor de carne fresca y salvar a la pareja.

Puede funcionar como un sinceramiento elegante aunque sea en apariencia. Aliviar los puñales de la vergonzante doble vida de otrora. Y hasta permitir las libertades que el obsoleto matrimonio convierte en burocracias que aniquilan l’ amour fou.

Lo que no podrán estas affectio societatis sexuales, es suplantar el deseo de ser elegidos como únicos por alguien. La pulsión por sentirnos especiales, amados y únicos. Acaso el poliamor sublime los celos, o cooperativice los cuerpos en solidario consorcio, al rescate del deseo.

El deseo, ese animal insatisfecho que agotará en la abundancia la sed que le aviva la escasez. En el fondo, el poliamor es el vehículo reaccionario para que nada cambie. Para mantener parejas extinguidas que ya no se bastan a sí mismas pero que conviene no romper. Total, si todo se devalúa, devaluemos el amor. Si se emiten pesos, se pueden emitir amantes.Que haya inflación en la cama y que más billetes parezcan más plata. Como si en el fondo no supiéramos que vamos a salir corriendo buscando un dólar de amor que no sea “poli” aunque cueste cuarenta veces más.

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