La Iglesia decidió salir a jugar fuerte contra el aborto, aunque para algunos puede ser tarde

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En el principal escenario religioso del país, esta vez el presidente del Episcopado criticó con dureza la ley que tiene media sanción. Dentro de la Iglesia hay quienes creen que el pronunciamiento debió haberse dado antes.

Desde que el presidente Mauricio Macri habilitó el debate de la legalización del aborto en el Congreso, la Iglesia procuró aclarar que la cuestión no era centralmente religiosa, sino moral: que la ciencia, decía, determina con claridad que hay vida desde el momento de la concepción y, por tanto, la interrupción voluntaria del embarazo implicaba la eliminación de un ser humano. Era una manera de sortear la crítica de quienes la acusan de querer imponer sus posiciones religiosas a toda la sociedad.

Sin embargo, ayer, jugó fuerte a la apelación religiosa, al oficiar el presidente del Episcopado, monseñor Oscar Ojea, junto con medio centenar de obispos, una misa “por la vida” en el principal escenario religioso del país: el santuario de la Virgen de Luján, patrona nacional, visitado por Juan Pablo II, por donde pasan anualmente cientos de miles de personas y destino de la principal manifestación de fe de la Argentina: la peregrinación juvenil, que congrega a más de un millón de fieles.

Contra el aborto legal, una marea de fieles viajó para asistir a la misa en Luján

De hecho, la movida eclesiástica de ayer parece tener menos que ver con la cantidad de fieles que asistieron, y más con hacer valer el peso que significa el principal emblema vernáculo de la religiosidad católica ante los senadores que el 8 de agosto deberán decidir la suerte del proyecto aprobado en la cámara baja. En el Senado pujan tres grupos: los que están por la aprobación, los que quieren hacerle reformas –lo cual implicaría su vuelta a Diputados- y los que lo rechazarán.

Dentro de la comunidad católica no faltan quienes consideran que la movida de los obispos es tardía: que deberían haberlo hecho antes de la votación en Diputados. Hasta ahora –más allá de sus gestos puntuales- la mayor movilización de fuerzas había estado a cargo de los laicos (los fieles católicos que no integran el clero), que convocaron a concentraciones en Buenos Aires y numerosas ciudades del interior. A la vez que fueron muy activos en la redes sociales, sobre todo con videos a favor de “las dos vidas”.

Es que tras la sanción en la cámara baja el proyecto tomó gran impulso de la mano del entusiasmo de los grupos feministas y, en general, de quienes están de acuerdo. Y muchos legisladores, dicen, son sensibles a ese humor. Pero también evidenció, a juicio de la Iglesia, que el Gobierno no fue prescindente como se había comprometido el presidente, sino que presionó a algunos diputados. Lo cual colocó la relación entre el Papa y la Iglesia argentina, por un lado, y el Gobierno, por el otro, en su punto más bajo.

No faltan analistas que creen que Macri, ante la votación en el Senado, se cuidará mucho de no parecer inclinado hacia el proyecto porque ya tiene un panorama político y económico muy complicado como para aumentar la tensión con el Papa y la Iglesia. Otros, en cambio, consideran que para el presidente la cuestión ya está jugada y que no lo desvela un mayor deterioro del vínculo con Francisco y el Episcopado.

Desde que el presidente Mauricio Macri habilitó el debate de la legalización del aborto en el Congreso, la Iglesia procuró aclarar que la cuestión no era centralmente religiosa, sino moral: que la ciencia, decía, determina con claridad que hay vida desde el momento de la concepción y, por tanto, la interrupción voluntaria del embarazo implicaba la eliminación de un ser humano. Era una manera de sortear la crítica de quienes la acusan de querer imponer sus posiciones religiosas a toda la sociedad.

Sin embargo, ayer, jugó fuerte a la apelación religiosa, al oficiar el presidente del Episcopado, monseñor Oscar Ojea, junto con medio centenar de obispos, una misa “por la vida” en el principal escenario religioso del país: el santuario de la Virgen de Luján, patrona nacional, visitado por Juan Pablo II, por donde pasan anualmente cientos de miles de personas y destino de la principal manifestación de fe de la Argentina: la peregrinación juvenil, que congrega a más de un millón de fieles.

Eso si, tras la misa de ayer en Luján, los obispos esperan que los senadores católicos dudosos tengan en cuenta que no podrán reivindicar su fe y al mismo tiempo votar por la legalización del aborto.

FUENTE:CLARIN

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